Hugo Príncipe, criador de cerdos y contratista rural, dijo a TRANQUERA ABIERTA DIGITAL que “cuando la cosecha se complica, se ajusta al contratista, que es el último eslabón de la cadena agrícola”.
Perteneciente a la tercera generación de una familia de productores y contratistas rurales, Hugo Príncipe, quien además es directivo de la Sociedad Rural de Río Cuarto, comentó a TRANQUERA ABIERTA DIGITAL que luego de años de inundaciones y una fuerte sequía en el verano, los contratistas han quedado en una situación “muy complicada”.

“El que no llegó a un acuerdo con el productor o la empresa a la que le cosecha, primero, y con la agencia que le vendió sus máquinas, después, está en serios problemas”, afirmó Príncipe, para explicar que las empresas “cerraron la tabla” de las tarifas en $900/ha, en el mes de marzo, que equivalían a 47 dólares, y ahora representan 32 dólares, o menos, porque aumenta día a día. “Es decir que se perdieron, por lo menos, 15 dólares por hectárea. Esto es terrible y deja al contratista en situación de quebranto para afrontar sus obligaciones de personal, el costo del combustible y los impuestos, que son cada vez más gravosos”, puntualizó.

A su juicio, las agencias de maquinaria deberán contemplar esta situación para no matar a la “gallina de los huevos de oro” que son los contratistas. “Yo siempre digo que somos inversores crónicos, porque siempre vivimos pagando alguna cosechadora u otro equipo de trabajo”. Por eso, explicó, son la variable de ajuste: cuando la cosecha se complica, se ajusta el precio de la labor de cosecha.

Y también, puertas adentro de cada familia de contratistas, sólo queda ser más eficientes en el control de los costos, buscar precios y arreglar las máquinas por su cuenta, porque ya “se acabó la época en que al terminar la cosecha se llevaba la máquina al taller”.

Comentó que en su caso se maneja muy bien con sus dos hijos, con quienes hacen todos los arreglos, tanto sea del motor, la caja o el diferencial. “Hasta fabricamos algunos repuestos para nosotros y le vendemos algo a las agencias”, destacó, para mencionar que en algún momento pensaron en montar una pequeña fábrica de repuestos, apoyado en el hecho de que uno de sus hijos tiene más inquietud por la actividad industrial. “De hecho, hace un tiempo tuvimos una fabriquita de comederos para cerdos y otros elementos”, apuntó.

Otro aspecto en el que se maneja muy bien es con el combustible, ya que utilizan sólo biodiesel provisto por una de las empresas a las que presta servicios. “Y ya estamos avanzando en la construcción de nuestra propia planta de elaboración de biodiesel. Sólo nos falta una resistencia especial que estamos esperando”. Las diferencias, con respecto al gasoil, son impresionantes, de hasta 12 pesos por litro de combustible.

Con respecto a la cría de cerdos, su segunda actividad, advirtió que también se trabaja a pérdida por el alto costo de los alimentos, y que para conservar a su empleado está subsidiando al criadero con las cosechadoras. “Acá también sólo nos queda ser cada vez más eficientes para seguir produciendo y dando trabajo. Y yo creo que la única que queda es llegar directamente al consumidor poniendo una carnicería, para poder tener mejores precios. No puede ser que cobren lo mismo la carne de cerdo que la de vaca”, concluyó.

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