Dicho en Criollo

Juanito y Ramona

Una de sus obras, con Juanito dormido.

Al tipo lo conocí cuando yo tenía entre 13 y 14 años. Una profesora que teníamos en el colegio, y que me enseñó mucho del arte argentino y universal, nos llevó con el curso a Buenos Aires para hacer una serie de recorridos por museos y demás. Así me crucé también con Xul Solar y Lola Mora, entre otros, a quienes les dedicaré pronto algunas líneas. Pero ahora quiero hablar de este rosarino que me cautivó con su trabajo por el altísimo contenido social que tiene su obra. A través de personajes como Juanito Laguna o Ramona Montiel te provoca un nudo en la garganta como los que obligan a girar la cabeza al cruzarte con la cruda realidad. La particularidad de sus trabajos es que no podés girar la cabeza, y te quedás mirando su pintura o collage, observando cada detalle, cada rincón, cada sentimiento.

Antonio Berni nació en 1905 en Rosario, y antes de cumplir los 20 años ya había realizado varias exposiciones en su ciudad y en Buenos Aires. Se ganó una beca para ir a estudiar a Europa, y tras un paso por Madrid y París regresó a suelo argentino. De hecho, fue y volvió en varias oportunidades por aquellos años, compartiendo con los artistas del momento, aprendiendo técnicas y desarrollando su arte. En su larga trayectoria también influyeron paisajes de países distantes como Rusia, y los colores de América que recorrió durante varios años.

Por su obra, Berni es considerado uno de los más importantes artistas plásticos de Argentina en el siglo XX, fundamentalmente por cómo aplicó diversos recursos y técnicas para ilustrar la realidad social y política de la que era testigo. Su cuadro “Manifestación”, del ’34, como para poner un ejemplo, es durísimo, esas caras preocupadas, molestas, los colores, las arrugas de la piel, son únicos. Y eso que todavía no habían nacido Juanito ni Ramona.

Al igual que “Manifestación”, obras como “Desocupados” dan cuenta del realismo que encaró Berni. Él lo llamaba “nuevo realismo”, y en cuadros como ésos, con témperas y en tela de arpillera, tomó posición en lo que era el debate del momento, respecto del rol que debía asumir el arte en relación a la sociedad. Esta postura se vio intensificada cuando nacieron, en los años ’60, Juanito Laguna, aquel pequeño que vivía en la villa, y la prostituta Ramona Montiel. El artista cuenta la historia de estos personajes con pedazos de basura que de esa misma sociedad que los excluye.

Obras como la de Juanito durmiendo sobre un cajón de madera, entre la basura, no hacen más que conmover y obligan a pensar en el mundo en el que vivimos, para hacer algo por cambiarlo y que no haya más Juanitos. Tras muchísimos reconocimientos por todos lados, y después de haber llevado su obra a todos los puntos cardinales, Berni falleció en octubre de 1981. Sin embargo, lo que tienen artistas como él es que en realidad siguen viviendo, en sus cuadros, en el espíritu del arte y en el pensamiento de aquellos que se paran frente a una de sus pinturas, de sus grabados o collages y pese al nudo en la garganta, no giran la cabeza para otro lado.


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