El loco, la caída y los vicios
“- Lo que hay en vos es un exceso de vida, de caridad y de amor al prójimo. Ahora, eso de que Jesús te haya revelado el secreto de la ruleta me parece medio absurdo…
- Cinco mil pesos gané en las dos veces…
- Pongamos que sea cierto. Pero lo que te salva a vos no es el secreto de la ruleta, si no el hecho de tener una hermosa alma. Sos capaz de hacer el bien, de emocionarte ante un hombre que está a las puertas de la cárcel…” Del diálogo entre Erdosain y Ergueta en “Los Siete Locos”, de Roberto Arlt.
Después de releer el título que le puse al post me doy cuenta de que parecería el nombre de alguna película surrealista de Buñuel o alguna de las de Fellini. Pero no, en realidad no voy a hablar en estas líneas de ninguno de ellos dos, tampoco de locos, caídos o viciosos. El motivo de esta carga tiene que ver con una tradición timbera argentina (continuando con los juegos que largamos días atrás con “el truco”), y que está en la quiniela, con los números generados a partir de los sueños.
Confieso que hace un par de días que vengo con la idea de escribir sobre este tema, pero esperaba encontrar en algún lado de dónde viene la definición de que para cada uno de estas representaciones oníricas se el adjudique un número determinado. No he podido dar con una historia que me deje convencido, ¿quién habrá sido el tipo que se puso a decir: “Si soñaste con una niña bonita tenés que jugarle al 15″, o “¿Estaba tu abuelo hablándote en el sueño? Jugale al 48″? Resulta hasta gracioso ponerse a establecer 100 números con sus significados correspondientes. Con el doble cero, es decir “los huevos”, hay hasta una relación por su representación gráfica, pero hasta ahí llegó la originalidad del que lo pensó. Después de eso hay muchos números y sueños que difícilmente se hagan presentes en más de un descanso.
Por ejemplo, no sé de muchos que le hayan jugado al 57 por haber soñado con un jorobado, o quien haya puesto sus esperanzas a primera con el 03 por San Cono, más allá de que sea el santo de los sueños. Capaz que habría que pensar en significados más modernos, como el que sueña con Internet, o algo más popular como el fútbol.
Sea como sea, la jerga quinielera está muy instalada en la sociedad argentina. Por lo que sé, en otros países se han adoptado listados similares, pero los números nuestros está relacionados a cosas nuestras y muy próximas a lo arrabalero, como el caballo o las bochas. Incluso hay personas que llegan a hacer un culto de los números y los sueños, como el farmacéutico Ergueta de “Los Siete Locos”, de Arlt. Pero estas personas no sólo encuentran en cada sueño referencias de lo que sucederá en los resultados de las quinielas, sino que también leen en todos los momentos de sus días indicadores de qué número jugar.
Si cuando está llegando a la agencia amiga ven a un perro cruzar la calle, y después un caballo, más tarde una pareja a los besos y finalmente un edificio en llamas, es probable que apueste al 06, 24, 75 y 76 sin ningún tipo de freno inhibitorio, seguros de lo que hacen y preocupados de no cambiar el destino de las cosas. Están también, por supuesto, quienes no apuestan en los juegos de las loterías, pero del mismo modo leen esos números como clave para el funcionamiento del mundo.
No faltan las gastadas relacionadas a los números de los sueños, como a aquél muchacho que le dicen “14″, porque tiene un gusto especial por la botella, o al que le dicen “Cocinero”, porque está entre “Loco” y “Caballo”, en relación a los tres números: 22, 23 y 24. Los sueños de la quiniela tienen una relación muy próxima a esa cultura de los barrios, de tiempos lejanos y de lo próximo a los juegos.


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