Dicho en Criollo

Con Sui en el fogón

 

Mi último fogón. Mi silueta y la de mi hija frente al fuego.

¿Quién nunca estuvo en un fogón? Compartiendo de una de las noches primaverales o de verano de nuestra Argentina, disfrutando del cielo oscuro, las caras iluminadas por las llamas y las miradas absortas concentradas en las brasas. Debe ser algo natural del hombre, pero además de ser argentinos, también somos hombres, y los espacios y condimentos que tenemos para que esos fogones queden guardados para siempre en la memoria, son únicos.

La música no puede faltar. Referentes del rock nacional están en todas las fogatas que se hacen a lo largo y ancho del país. Siempre hay uno en el grupo que sabe tocar la guitarra y empieza a rasgar las primeras estrofas de “La Balsa“. “Tengo que conseguir, mucha madera… Tengo que conseguir, de donde pueda…Y cuando mi balsa esté lista, partiré hacia la locura…”. Los presentes sentados cada vez más cerca, para no pasar frío. Algunos cubiertos con mantas o tirando aliento a las manos congeladas. Otro hace percusión con un par de palitos que recoge del suelo o simplemente con las palmas, e inmediatamente empieza otro de los clásicos: “Poco a poco fui creciendo, y mis fábulas de amor, se fueron desvaneciendo, como pompas de jabón”. Hay bandas que no pueden ausentarse: dijimos de Sui Géneris, Los Gatos, Vox Dei, Serú Girán, algo de Sweater, a éso se suma algo de Charly, de Fito, del flaco Spinetta, o quizás cambiando de género, más para el lado de lo melódico, o el cuarteto, algo de tango y por supuesto que alguito de folklore.

Ésto me lleva a pensar en otra cosa que no puede dejar de tener uno de nuestros encuentros cielo abierto. Junto con el guitarrista, en ocasiones se trata de la misma persona, está aquél que sabe los recitados propios de los fogones: “Yo siempre quise tener, un perro como la gente”. Así dice “El Malevo“, uno de los tantos relatos que siempre quise saber de memoria, pero nunca me pude acordar. “Por eso es que desde entonces, no me gusta tener perro, y cuando voy de a caballo, me parece que lo veo, seguir abajo el estribo, trote y trote por el tiempo”, dice en sus últimas estrofas el recitado.

No hay muchas comidas propias de los fogones, pero sí bebidas. Infusiones o alguna con un toque de alcohol, dependiendo del grado de confianza entre los presentes y de las condiciones en las que se desarrolle. Prefiero referirme aquí de una más sano, pensemos en el mate. Una ronda detrás de otra, charlando de pavadas, contando anécdotas y, de nuevo, con la mirada perdida en el brillo de las brasas. Pasan las horas y uno se da cuenta de que no ha despegado la mirada del fuego. Es tarde a la noche y no se ha alejado del calor de esa fogata.

En zonas turísticas es frecuente que se realicen fogones comunitarios. Uno llega caminando por la playa al borde del mar, o en las sierras, cerca del río, y se encuentra con un grupo de desconocidos que están de lo más cantar: “Te ví, llegar, del brazo de un amigo, cuando entrás, te al bar…”. Se sienta en algún espacio que se abre entre la multitud y se une al grupo como si conociera a sus integrantes de toda la vida. Alguno, de esos de los más osados, desprende por un segundo la mirada del fuego para mirarte, cabecear en forma de aceptación, y sigue con las estrofas de: “Sólo le pido a Dios, que el dolor no me sea indiferente…”. En esos fogones comunitarios, todos están en libertad de aportar maderitas para mantener la llama encendida. Y así, quizás durante toda la noche, uno baila con el fuego.


2 comentarios
  1. Cirilo Balmaceda dice: 4 agosto, 20121:57

    Qué lindos son los fogones!! además de las canciones, no tenemos que olvidarnos de los más grandes que cuentan anécdotas terroríficas (la luz mala, el chupa cabra, etc, etc etc) para inquietar a los niños y adolescentes y luego la ronda de chistes para no irse a la cama con la mala idea de los fantasmas… Qué lindos los fogones!!!

    • Luis Schlossberg dice: 4 agosto, 201211:57

      Uh! Si, buen punto, cómo me lo voy a olvidar! Je. No pueden faltar esos relatos, sobre todo cuando uno es más joven. Con el paso del tiempo, esas historias de terror van quedando atrás y uno pasa a ser el propio protagonista de los cuentos de miedo, je! Un abrazo y gracias por escribir!

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