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Etiqueta "Inodoro Pereyra"
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"El que nada desea, es sospechoso".

- ¿Cobró penal? – abrió los ojos el viejo, incrédulo. Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha-. ¿Qué cobrás? -gritó después, desaforado-. ¿Qué cobrás, referí y la reputísima madre que te parió?
El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
- …¿Y eso? -se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.
- Y eso… -vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra-…Eso es el fútbol“. Fragmento de “Viejo con árbol“.

Hoy se cumplen 5 años desde su muerte. Recuerdo una campaña, días después de ese triste hecho, por la que querían cambiar el día del Amigo (otro de los inventos argentinos) del 20 al 19 de junio. Dejar de lado esa fecha medio “yankee”, por la llegada del hombre a la luna, por una más argentina, de alguien que había dejado una huella, no en la superficie lunar sino que en la terrestre, a través de sus cuentos, de sus dibujos, sus historias. Roberto Fontanarrosa, “el Negro”, fue uno de esos tipos que caían bien a todos, y que desde sus letras, tal como él quería, nos hacía “cagar de risa” a todos.

Nació en Rosario, y su obra es un sello rosarino, pero que ha llegado a los corazones de todos los argentinos. Su humor, su picardía, el amor por el fútbol, por lo cotidiano, daban una pizca especial a sus textos. Podría hacer una de esas cargas en las que se recolectan citas de los personajes a los que se refiere, y seguramente sería igual de entretenido que cualquier anécdota o historia de vida próxima al “Negro“. Dichos de sus hijos, de Inodoro Pereyra o de Boogie “el Aceitoso”, muestran en el papel ese ingenio que él nos daba igualmente en el día a día.

Siempre se hace referencia, sin poder evitar la sonrisa, a su participación en el Congreso de la Lengua, donde reflexionó sobre “las malas palabras”. Entre otros fragmentos de su discurso, señalaba: “Ahora, yo digo, a veces nos preocupamos porque los jóvenes usan malas palabras. A mí eso no me preocupa, que mi hijo las diga. Lo que me preocuparía es que no tengan una capacidad de transmisión y de expresión, de grafismo al hablar. Como esos chicos que dicen: ‘Había un coso, que tenía un coso y acá le salía un coso más largo’. Y uno dice: ‘¡Qué cosa!‘”.

Decía en otro fragmento: “Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar“. Esa sonrisa, con la que acompañaba sus dulces palabras, estaban siempre con él. Desde que bromeaba en “la mesa de los galanes”, cuando se reunía con sus amigos a hablar de fútbol y mujeres en el bar “El Cairo”, o cuando mencionaba, con los ojos iluminados, a su adorado “Rosario Central”.

Tal es el cariño que se le tiene al Negro en su ciudad, que las calles de Rosario tienen pintadas por todas las esquinas con sus personajes o su retrato. Es más, la misma camiseta de los del Gigante de Arroyito tienen el pequeño dibujo del hincha gritando con la azul y amarillo.

“Qué lo parió!”, decía Mendieta, ese perrito atorrante que acompañaba al gaucho Pereyra. Así es, así leía lo que nos pasaba, ese suspiro del Negro que se fue y que aún anda dando vueltas por ahí. Un saludo y hasta la próxima.

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El hombre en su tinta.

Sin dudas su personaje más reconocido es Clemente, pero toda su obra es histórica. Ayer falleció Carlos Loiseau, más conocido como Caloi, uno de los humoristas gráficos más importantes de nuestro país, reconocido en todos lados y querido por muchísima gente. Quienes lo conocieron de cerca destacaron ayer, durante todo el día, su vocación, su calidad como artista plástico y su profundidad como humorista. Quienes no tuvimos esa dicha, de poder compartir con el maestro, nos quedamos con la dulzura, picardía e ingenio del personaje que sólo con sus piecitos se abrió paso al corazón de todos los argentinos.

Si se hace un repaso de su carrera en los medios gráficos obtenemos una muy larga lista. Desde sus orígenes en “Tía Vicenta”,  a su participación en revistas como “María Belen”, “Adan”, “La Hipotenusa”, “Panorama”, “Tío Landrú”, “Primera plana”, “Siete Días”, “La bella gente”, “Cronopios”, “Atlántida” y “Análisis”, “Atlántida”, “Satiricón”, “Mengano”, entre tantas otras que nos sacaron una sonrisa durante décadas.

El artista nacido en Salta falleció a los 63 años. Desde chico comenzó a publicar sus trabajos, cuando apenas tenía 18 y nunca paró. Incluso estuvo presente en la revista Viva, de Clarín, con una página completa de su humor y su arte. En muchos lugares vi alusiones al rencuentro entre Inodoro Pereyra y Clemente en el cielo, en referencia a la unión entre Fontanarrosa y Caloi, años después del fallecimiento del rosarino. Siempre las muertes duelen, y más cuando el legado de quien se fue es tan grande.

Decía, párrafos atrás, que Clemente fue su máxima creación. Todos los personajes, desde la Mulatona hasta Jacinto, desde el fútbol a las aceitunas, todos tuvieron una llegada especial a los lectores de sus tiras. Para siempre quedará grabado en la historia lo ocurrido durante el mundial Argentina ’78, cuando incitó a la popular a arrojar papelitos en la cancha, en contra de lo que el proponía José María Muñoz.

En el fútbol y con Clemente, recordamos la amistad que compartió con el escritor Alejandro Dolina. Juntos hicieron varias animaciones con el personaje de Caloi, como aquellos con los cánticos tribuneros para Argentina y Camerún. También de su relación surgió la histórica frase del creador del Ángel Gris, esa que habla de que todo lo que hace un hombre tiene como fin conquistar el corazón de una mujer. Salió en el comienzo de “Lo que me costó el amor de Laura”, pero antes ya había salido en una tira de Clemente. Según Caloi, se la escuchó decir a Dolina. Según Dolina, él no la había inventado.

Durante años Caloi también llegó a todos a través de la pantalla de televisión. Con su programa “Caloi en su tinta”, nos acercó producciones audiovisuales de todas partes del mundo, incluso en épocas en las que no era sencillo tener acceso a estos trabajos como lo es ahora con Internet. En una entrevista sobre el programa, el artista plástico indicaba: “Además de producir el programa hemos sido productores de contenidos. Hemos colaborado en la producción de algunas películas, no muchas, en la manera en que podíamos. A jóvenes realizadores les comprábamos la peliculita, los derechos. No los ayudábamos sólo a mostrarla, sino también económicamente”.

Recordaba Caloi en esa oportunidad los finales especiales para las producciones que transmitían en el programa, donde él interactuaba con los personajes en un pequeño sketch. Y cerraba la entrevista con una frase que claramente exponía su forma de pensar y su vida: “Es importante apoyar económicamente la producción cultural”.

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