Dicho en Criollo

Archivo
Etiqueta "literatura"

¿Qué se sentirá ser padre de siete locos?

El nombre de su padre polaco puede parecer un trabalenguas, de esos de difícil lectura a pesar de su poca cantidad de letras (no como el mío que la dificultad para la lectura pasa por otro lado). Sin embargo, el suyo, el artístico y reducido, era más simple, como lo que escribía, como para que lo leyeran todos y disfrutaran de la literatura sin la obligación de ser de la clase alta y paqueta de la época. Se lo recuerda fundamentalmente por su pluma, ya sea como escritor, dramaturgo o como periodista, pero pasó por varias profesiones desde muy pequeño, entre ellas inventor y hojalatero, que lo formaron desde las calles. Roberto Arlt, el cronista del mundo, es sin dudas uno de mis escritores favoritos, y aquí lo retomo con algunos de sus trabajos.

Como todos los seres. humanos he localizado muchas mezquindades en mí y más me agradaría no tener ninguna, mas al final me he convencido que un hombre sin defectos sería inaguantable, porque jamás le daría motivo a sus prójimos para hablar mal de él, y lo único que nunca se le perdona a un hombre, es su perfección“, decía Arlt en una de sus aguafuertes porteñas, esas que publicaba en el diario “El Mundo“. Seguía en ese artículo titulado “Soliloquio del solterón”: “Hay días que me despierto con un sentimiento de dulzura floreciendo en mi corazón. Entonces me hago escrupulosamente el nudo de la corbata y salgo a la calle, y miro amorosamente las curvas de las mujeres. Y doy las gracias a Dios por haber fabricado un bicho tan lindo, que con su sola presencia nos enternece los sentidos y nos hace olvidar todo lo que hemos aprendido a costa del dolor“. Elegí ésta como podría haberlo hecho con cualquiera de sus columnas que comenzaron a publicarse desde 1928, reflejando una realidad muy dura de los marginados, de la gente de mala vida, de personajes oscuros que llegó a frecuentar y que al día de hoy se mantienen tan vigentes.

A sus aguafuertes se suman las que escribió en Europa, en su viaje por España, y por aquellos años dio forma a sus dos novelas más recordada: “Los siete locos”, y “Los lanzallamas”. En aquellos libros, Arlt contaba la historia de un grupo de personas, pertenecientes a este mundo de las sombras que tanto le gustaba, que buscaban realizar una insólita revolución. Era una crítica durísima de la sociedad de la época, pero como digo, que se podría aplicar al día de hoy. “Llegará un momento en que la humanidad escéptica, enloquecida por los placeres, blasfema de impotencia, se pondrá tan furiosa que será necesario matarla como a un perro rabioso“, decía el Astrólogo, uno de los principales personajes de la historia, en uno de los tantos discursos que dan forma a ese maravilloso texto.

“El juguete rabioso”, “El amor brujo”, “El jorobadito”, “Saverio el cruel”, “Las fieras”, son algunas de las otras producciones de nuestro genio porteño que falleció a los 41 años. Un tipo que en su momento fue criticado por su modo de escribir, alejado del estilo europeo en el que se manejaban muchos de los literatos de la época, y que supo marcar un modo propio de escribir en medio de las disputas entre los miembros de Boedo o Florida. Seguramente retomaré a mi amigo Arlt en otras oportunidades, quizás deteniéndome más en algunos de sus textos. Por ahora los dejo con un parrafito que me encanta de “El juguete rabioso”, que dice: “Todo me sorprende. A veces tengo la sensación de que hace una hora que he venido a la tierra y de que todo es nuevo, flamante, hermoso. Entonces abrazaría a la gente por la calle, me pararía en el medio de la vereda para decirles: ‘¿Pero ustedes por qué andan con esas caras tan tristes? Si la vida es linda, linda… ¿no le parece a usted?’“. Hasta la próxima.

Leer más

Un escritor de antología.

¿Qué es lo que más les gusta de Bustos Domecq?“, les preguntó en el ’77 el periodista de la revista Gente a Borges y Bioy Casares. “Su fondo claramente argentino. Es, digamos, un buen ejemplo del porteño: tiene todos los prejuicios, la picardía, las deslealtades, las pobrezas y también las ternuras del porteño“, respondían, en tanto que aclaraban que en realidad el personaje era santafesino. Hace ya un tiempo había hablado del gran Jorge Luis, de su amistad con Adolfito y cómo les gustaba bromear en el mundo de la literatura, con el armado de un conflicto entre Boedo y Florida, por ejemplo. Aquí, pues, otro caso en el que los muchachos demostraban su grandeza, en un trabajo a dos plumas, con la creación de un Sherlock Holmes autóctono y la invención de un escritor que firmara sus obras.

Recomiendo fundamentalmente que lean alguno de los libros de Honorio Bustos Domecq, en especial “Seis casos para don Isidro Parodi”, espacio ficcional en el que dan origen a este ser tan particular, entre genio y basura. Desde las líneas que escribieron encubiertos Bioy y Borges, es que podemos conocer más al personaje. Sin embargo, rescato aquí algunos fragmentos de esa entrevista del ’77, escrita por Renee Sallas que me causan mucha gracia y que presentan a una parte importante de la literatura argentina. Pues los mismos creadores confiesan que eligieron esa personalidad para don Parodi que, aún cuando tiene la capacidad para resolver complicados casos, es “ventajero, egoísta, tránsfuga, mentiroso, fanfarrón, casanova barato. Cuando un amigo cae en desgracia, lo desprecia. Cuando le va bien, se acerca. Es exitista. Habla mal de los otros; no es un ejemplo de lealtad, precisamente“.

Pero todas estas características poco agraciadas tienen un porqué, considerando que ese pseudo detective petiso y panzón, funcionaba como una catarsis para los escritores de los aspectos que detestaban de la sociedad de la época, con sus supersticiones e ideologías un tanto quedadas en el tiempo. Los padres de Bustos Domecq (bautizado así por el apellido de un bisabuelo materno de Borges y el de la abuela paterna de Bioy), aprovechaban también para tirar algún que otro palito, diciendo, por ejemplo, que “lee muy poco. Pero siempre dice que ha leído algún libro, para quedar bien. Para ‘palpar la realidad argentina’, como diría él. A menudo comenta, por ejemplo, que su libro de cabecera es La cabeza de Goliat de Martínez Estrada“.

Como habrán notado, tengo un gusto fuerte por las letras, en especial de aquellas que nacen en nuestra América Latina, y fundamentalmente en las de tinta argentina. Entre ellas, la de Borges es una de mis preferidas, y esos mundos que creaba dan cuenta de que se trataba de alguien de otro mundo. No me importa saber si las innumerables citas que incluía entre sus textos eran verdaderas o un invento. Si lo eran me asombra por cuánto sabía, si no lo eran me fascina por cómo inventaba. La cosa es que aquí de nuevo, y acompañado por el creador de espectacular “La invención de Morel”, se las ingeniaba para traer a la vida a alguien que hablara por él, que dijera en su lugar críticas de lo que andaba mal en estos pagos. Una vez más, si nunca me hubiera enterado de la verdad detrás de Bustos Domecq todo perfecto, y al saber sobre su ficcionalidad, mejor aún.

¿Va a vivir muchos años H. Bustos Domecq?“, preguntó Sallas. “Para mí, no. Para mí ya es un extinto“, dijo Borges; “A mí me gustaría que viviera mucho tiempo“, completó Bioy Casares. “¿Y Bustos Domecq qué opina sobre este particular?“, cerró la entrevista. “Nunca hablamos con él de este tema. Él jamás piensa en la muerte“, concluyeron nuestros próceres.

Leer más

Saltando hasta el "cielo".

Pienso en lo que se debe sentir encabezar una revolución, sea en el ámbito que sea. Pero más me asombra lo que será liderar esos cambios en espacios en los que no es frecuente una revolución. Uno puede verlo desde lo político o social, pero ¿qué será plantear un cambio total en algo como el arte? y más aún ser reconocido por ello. Algunos hablan de los artistas plásticos que con sus obras experimentales rompen las barreras de la pintura, por ejemplo, quizás hasta no es difícil escuchar de alguno que lo haga. Pero no es frecuente escuchar de alguno que lo haga en la literatura, como lo hizo mi amigo Julito Cortázar con “Rayuela”. Como decía él mismo del “Che” en uno de sus escritos (“Yo tuve un hermano, no nos vimos nunca pero no importaba”), yo lo copio pero en la amistad: “Yo tuve un amigo, él no me conoció, pero no importa”…

Qué pedazo de libro aquél de los integrantes del “Club de la Serpiente”! Si no fuera porque es bastante gordito, es uno de esos textos para leer y leer y volver a leer. No obstante, por estar escrita de ese nuevo modo que concibió Cortázar para la literatura, uno puede regresar las veces que desee a alguno de sus fragmentos para disfrutar de las letras del eterno escritor argentino. Algunos capítulos como el 68, ese que parece haber sido escrito en arameo, o el 7, que tira romance al ventilador como para que lo desparrame para todos lados y uno no pueda evitar enamorarse, o el capítulo 34, que te vuelve loco con el salto de renglón a renglón, pueden ser de consulta frecuente para quienes quieran encontrar un ejemplo de lo que es un genio de las letras.

Me acuerdo que cuando era más chico estaban de moda los libros en los que uno podía “elegir su propia aventura”. Si uno leía el libro de manera lineal no iba a entender un pomo, por eso debía seguir las indicaciones que podían llevarlo desde el capítulo 1 al 18 y luego de regreso al 7, para continuar después con el 13. Se salteaban capítulos y el final de la historia llegaría quizás en el 16. Éso ya me había parecido toda una revolución en la infancia, y cuando llegué al libro con el juego infantil en la tapa el mundo quedó patas para arriba. El texto de Julito se puede leer de corrido o siguiendo un orden que el autor planteó como alternativo, saltando capítulos como en mi libro de chiquito. No obstante, asegura que se puede empezar su obra en cualquiera de los 155 capítulos que contiene y aún así mantendría una coherencia. 

El libro se divide en tres partes: Del lado de allá, Del lado de acá, y los capítulos prescindibles. En su desarrollo uno se encanta con la historia de la Maga y Horacio, de Rocamadour y los amigos del “Club de la Serpiente”, de la vida de los argentinos en el exterior y la nostalgia por nuestro suelo, de lo que significa el regreso, la pérdida de un amor, la música, la literatura, la reflexión de lo que es el vivir. Entre medio, el escritor coloca fragmento de análisis de lo que es la nueva novela, dando cuenta del trabajo de un tal Morelli, personaje que elije Cortázar para iniciar esta revolución a la que referimos, en la literatura.

Es imposible no enamorarse de esta novela, ya sea con el corazón o con la mente, y junto a ella del genio de Cortázar. Quizás no es recomendable empezar con este libro para conocerlo a Julito, pero tarde o temprano se llega a ese juego de la infancia y el escritor argentino te hace sentir que tocás el cielo con las manos, saltando en una pata. Hasta la próxima.

Leer más

"Cuento imposible: Soy tan feliz".

“Sólo los chicos creen, pero los chicos crecen”, decía el cuentista entrerriano Isidoro Blaisten en su libro “El Mago”. Me acuerdo que el día que leí esa frase fui hasta una juguetería y me compré un pizarrón, de esos chiquitos como para los niños, lo colgué en mi pieza y con tiza escribí esas líneas. Más tarde llegaron otras frases, pero esa me causó mucha gracia y a la vez me había dejado pensando. Con el tiempo, y al conocer más a Blaisten, me di cuenta de que su literatura era así, para reirse y a la vez con ese espacio para la reflexión que le da otra dimensión a la lectura.

De todas formas, no fue por esa reflexión que conocí al escritor. Fue por otro texto, una suerte de poesía que me llamó mucho la atención desde su título, porque utilizaba una palabra muy nuestra y a la vez poco frecuente en la literatura, y luego, en su interior, había una mezcla de pensamientos dulces, ocurrencias y un delirio como en “Balada para un Loco”. Era otra balada, la “Balada del Boludo“. “Por mirar el otoño perdía el tren del verano. Usaba el corazón en la corbata. Se subía a una nube, cuando todos bajaban“, comenzaba el relato, la historia de este “boludo” medio volado que aceptaba todo lo que decía el resto, en especial su madre, y que con su primer sueldo “se compró cinco minutos de boludo“.

Isidoro nació en Concordia, en 1933, y falleció en 2004 tras sufrir una afección pulmonar. Entre sus libros la crítica da un lugar privilegiado a algunos como “Dublín al Sur“, o “Al Acecho”. El tipo se destacaba fundamentalmente en los cuentos. Decía en uno de sus prólogos, líneas que recuperaron muchos que escribieron sobre él, que su vida estaría justificada si escribía al menos cinco cuentos perfectos, es decir, esos cuentos que permanecen en el tiempo, que dejan una huella en los lectores y toca sus corazones.

Cuenta la historia que Blaisten tenía una librería, pero era más literato que empresario, por lo que el negocio se fue lentamente a la ruina y se vio obligado a cerrar el local. Dicen que días después, en la puerta de donde funcionaba la librería se leyó un cartel en el que decía: “Cerrado por Melancolía”. Ése fue justamente el título de otro de sus libros, en el que daba lugar a algunos cuentos bárbaros como “Última empresa”. Decía ese texto en uno de sus párrafos: “Esta penúltima empresa tenía un nombre pomposo, lo reconozco. Se llamaba: “Primera organización argentina de búsquedas y seguimientos de flores secas, tréboles secos y hojas varias guardadas en los interiores de los libros olvidados”, y su sigla era: POADBYSDFSTSYHVGELIDLLO. Esta sigla a mí nunca me gustó. Era bastante difícil de entender y más difícil todavía de pronunciar“.

En una entrevista que leí de él por allí recuerdo que decía necesitar escribir en un café, volver a escuchar el murmullo para inspirarse y no sentirse en soledad en su escritorio. Tenía un poco de eso su literatura, de rasgos de la vida cotidiana, de lo que le pasa al tipo que conocemos del barri0 y no a un catedrático o escritor que toma distancia de la gente.

Cierro con otro relato de los breves que contiene “El mago”, titulado “El equilibrista”. Dice: “Lo que nunca alcanzó a oír el equilibrista, antes de ponerse a caminar sobre la cuerda floja, fue que en el poste de la otra punta un peón del circo le dijo al payaso: -Pa mí que esta soga ya no da más“. Hasta la próxima.

Leer más

Las calles por las que se pasea el Ángel.

Es como si el mundo estuviera dividido entre quienes se constituyen como hombres sensibles y aquellos que se presentan como refutadores de leyendas. Esos enamorados de la vida, soñadores y algo volados, enfrentados con quienes niegan aquellos hechos fantásticos que suelen ocurrir en el barrio de Flores. Al menos así lo vio “el Negro” Dolina, ésa es la interpretación con la que juega en “Crónicas del Ángel Gris”, aquél libro publicado por primera vez en 1988. Por sus locuras, su magia e iniciativa para soñar, es uno de esos libros como para tener siempre en la mesa de luz, y volver a leerlo de vez en cuando.

“Los mercaderes, los Refutadores de Leyendas y los aplicadores de inyecciones parecen opinar en forma diferente y resaltan en sus discursos la importancia del automóvil, la higiene, las tarjetas de crédito y las comunicaciones instantáneas. El pensamiento de estas gentes no debe preocuparnos. Después de todo han venido al mundo con propósitos tan diferentes de los nuestros, que casi es imposible que nos molesten”, decía el narrador en uno de los pasajes (Balada de la primera novia). Los hombres sensibles, en cambio, se enamoraban a muerte, con toda el alma, y se disponían, por ejemplo como sucede en el capítulo mencionado, a emprender la búsqueda de quien fue el primer amor.

Es inevitable, leer las hojas de este libro sin pensar en que es Dolina quien está narrando la historia. Inmediatamente se vienen abajo todos los análisis estructurales literarios que separan al escritor del narrador, y esa voz que escuchamos todas las noches en “La venganza será terrible” pasa a ser quien nos cuenta las historias. Así, lo imaginamos en un ambiente medio lúgubre, quizás con un sombrero, hablando con sus pausas, como si lo hiciera mientras filosofa, y haciendo referencias al fútbol, las mujeres y el tango. “En los años dorados del barrio de Flores, las almas sencillas disfrutaban los tangos sin análisis, sin doctrina y sin militancia. Un joven escuchaba Sueño Querido  y se quedaba tan fresco, sin otras cavilaciones que las que podía sugerirle la modesta letra. Después, los Refutadores de Leyendas hallaron que los viejos tangos perjudicaban la pavimentación general y el funcionamiento de los motores eléctricos. – La velocidad de los modernos medios de transporte exige la creación de tangos adecuados – señalaban”, dice el Ángel en “Gómez Ré, el transformador del tango”.

Cada una de las historias del Ángel Gris tiene sus condimentos, esa cosa irreal, el espíritu arrabalero, el tango y las milongas, los carnavales, los paseos, las costumbres viejas, el carnaval, la nostalgia de lo que se perdió, la intervención de Mandinga, la desdicha de haber sido abandonado por un gran amor, esas cositas que te hacen sonreir aunque estés triste. ¿Qué pasaría si fuéramos todos hombres sensibles? ¿Cómo se movería el mundo? ¿Se seguiría moviendo o se detendría a esperar que lo alcance el pasado?

A veces dicen que no pueden existir los héroes sin los villanos, el bien sin el mal, ni la luz sin la sombra. Por eso capaz que sea necesaria la presencia de los refutadores de leyendas, por más ortibas que sean, por más que vengan con su pesimismo a tirarnos abajo las ilusiones que nos podemos hacer en la vida. Un mundo en el que todos fuéramos hombres sensibles podría terminar descomponiéndose, sin nadie que active la maquinaria que lo haga andar. Pero, por otra parte, habría canciones sonando en las calles, los cuentos escritos en páginas con olor a libro se harían realidad, se creería en el amor, y uno podría pararse en cada esquina para hablar con tipos como Manuel Mandeb, Jorge Allen, o Ives Castagnino.

Leer más

El hombre que no pude conocer.

Dicen que cuando visitó mi ciudad, para dar una conferencia de prensa y recibir el título de doctor honoris causa de la universidad local, le ofrecieron un vaso de agua para que no se le secara la garganta, pero el caballero, con esa cara de hombre bueno, sabio y poderoso desde lo intelectual, dijo: “No, prefiero un vaso de vino tinto”. A veces sucede que a una persona se la idolatra tanto, se la sube arriba de un ideario que nos hace olvidar que se trata justamente de una persona. Creo que eso provocaba en cierta medida Ernesto Sábato, ese nacido en Rojas, y que hizo tantas cosas en su vida que no le costaba despertar admiración por todos lados.

Dicen que cuando habló en esta conferencia no volaba ni una mosca, todos atentos a lo que decía, encantados por su palabra y su mente. Pero lamentablemente, ese no fue el día que conocí a Sábato. No, por entonces era chico, sino hubiera ido a verlo. Era chico y todavía no me había picado el bichito de la lectura. Porque así fue que muchos lo conocieron, primero que nada por lo que escribió, y después por lo que pensó. Todos tuvimos que caminar por ese “túnel” que nos llevó a la iluminación para fascinarnos con el muchacho. Después seguramente “los héroes y las tumbas”, o una “resistencia”, o quizás “el exterminador”.

De joven viajó por todo el mundo, ya hecho hombre se doctoró en Física y gracias al premio Nobel Bernardo Houssey consiguió una beca de investigación en París. Regresó a Argentina antes de que empezara la Segunda Guerra Mundial, pensando en alejarse de una ciencia que consideraba amoral, y se abocó a las artes. En 1945 salió su primer libro, “Uno y el universo”, y tres años más tarde vio la luz su novela “El Túnel”, libro que luego llegaría a todo el mundo, siendo traducida en varios idiomas. Recibió varios premios y distinciones en todo el mundo, tanto por su acción social como por su obra literaria, entre ellos quizás el más importante fue el Cervantes en el ’84.

Decía hace un par de líneas que primero solía aparecer su escritura y después su pensamiento. En esto creo que se diferenciaba de los otros grandes escritores argentinos, como Borges o Cortázar, que también han tenido su lugar en este blog. No porque ellos no hayan pensado, je, sino que me parece que se lo reconocía a Sábato por todas las actividades que encaró, ya sea desde las ciencias, la literatura o desde la lucha por la defensa de los derechos humanos. Decía Sábato en el preámbulo del informe de la Conadep “Nunca Más”: “Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin dudas el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el período que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana“.

El año pasado estaba viajando y medio de rebote me enteré de su fallecimiento. Lo sentí como si hubiera sido alguien a quien conocía de toda la vida, como si se trataba de un abuelo, un consejero o algo por el estilo, pero lamentablemente, al final nunca pude conocerlo.

Leer más

"Yo, Rodolfo"

“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”, dice en su primer párrafo la Carta Abierta a la Junta Militar que Rodolfo Walsh escribió en marzo de 1977.

Hace tiempo se instituyó el 7 de junio como día del Periodista Argentino, a partir del primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba en 1938. Aquél encuentro  se realizó en recuerdo de la “Gazeta de Buenos Aires”, el periódico fundado por Mariano Moreno en 1810. Hoy, por lo tanto, se festeja el día de mis colegas, a quienes saludo con un gran abrazo, y aprovecho para recordar a un grande del periodismo nacional. Muchos lo recuerdan más por su actividad literaria, otros por su militancia social o política, pero yo lo presento aquí por su labor periodística: Rodolfo Walsh.

“Cuando chico, ese nombre no terminaba de convencerme: pensaba que no me serviría, por ejemplo, para ser presidente de la República”, decía el mismo Walsh en un escrito titulado: “Yo, Rodolfo”. Nacido en Choele-Choel, Río Negro, el muchacho estuvo siempre próximo a las letras. Como decíamos, se destacó no sólo en el periodismo, sino también en la literatura, y fue creador del género conocido como “no ficción”, con su más reconocida obra: “Operación masacre”.

“Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos, cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto grado. Cuando a los diecisiete años dejé el Nacional y entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero había perfeccionado el método: ahora armaba sigilosos acrósticos”, decía en el texto citado, mientras confesaba: “La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir”.

Me pasa cuando escribo de alguna persona que me resulta fascinante por su pensamiento, que no puedo evitar poner varias citas de lo que dijeron, ya sea en escritos o declaraciones de entrevistas. Me imagino, en tanto, que personajes como Walsh pueden despertar diferencias entre los lectores, en relación a su pensamiento político y su vinculación a agrupaciones como Montoneros en los ’70. No obstante, no se puede dejar de reconocer su labor. Cualquiera que ha leído sus artículos o sus libros, entre los que recordamos también a “El caso Satanovsky” y “¿Quién mató a Rosendo?”, puede dar cuenta de su talento. Y, sea como sea, se debe reconocer el coraje con el que enfrentó desde su máquina de escribir a un terrible gobierno de facto como el que estuvo en Argentina por aquella época.

Ya en sus novelas incluyó sus dotes de periodista, aplicó las investigaciones que normalmente se realizan para un artículo en un diario o revista para dar forma a los textos que llenaban las páginas de sus libros. Más tarde, dirigió el semanario de la CGT , desde mayo del ’68, participó como fundador y redactor del diario montonero “Noticias”, en 1973, y ya en la dictadura militar, organizó la “Agencia Clandestina de Noticias” y la “Cadena Informativa”.

El 25 de marzo de 1977, un día después de que saliera a la calle su “Carta Abierta” a la Junta Militar (en la que hacía públicos los crímenes ocurridos en el marco del terrorismo de Estado), Walsh fue gravemente herido en un enfrentamiento con un grupo de hombres armados que lo buscaba. Su cuerpo nunca apareció, pero su espíritu sigue vivo, investigando y denunciando lo que ve. Su carta terminaba: “Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”.

Leer más

La magnífica ironía de Dios.

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden“.

Fragmento de “El poema de los dones”.

Era una persona medio conflictiva, pero bueno, todos los genios lo son. Entiendo que tuvo posturas, fundamentalmente vinculadas a lo político, que pueden resultar algo reprochables, pero en su campo sin dudas fue uno de los mejores de nuestro país. Es una de esas personas por las que deberíamos enorgullecernos, porque incluso fue reconocido en todo el mundo. No le dieron la máxima distinción en la literatura (si es que todavía se cree en los premios Nobel), justamente por esas polémicas posturas, pero de igual modo se codea con los más grandes de las letras de la historia universal.

Qué pedazo de introducción… La verdad que hasta a mi me asustó. Pero es lo que realmente siento. Sé que muchos lo criticaron por su tipo de escritura, que llegaron a calificar como elitista, pero para mi era un genio. Desde sus laberintos, la biblioteca de Babel, el humor de Bustos Domeneq, la metafísica, las locuras de Funes el memorioso, el arrabal de Jacinto Chiclana, el Sur y los sonetos, todo daba forma a un mundo increíble que me encantó, en el sentido mágico de la palabra, desde el primer día en el que lo conocí. Me acuerdo que fue con “Ficciones”, en un largo viaje en el que me lo devoré.

O la “guerra” entre Florida y Boedo, esa de la que hablaron por años los libros de Lengua y Literatura en la escuela. Decía el autor en referencia, en uno de sus históricos diálogos con Sábato: “A mí me situaron en Florida, aunque yo habría preferido estar en Boedo. Pero me dijeron que ya estaba hecha la distribución y yo, desde luego, no pude hacer nada, me resigné. Hubo otros, como Roberto Arlt o Nicolás Olivari, que pertenecieron a ambos grupos. Todos sabíamos que era una broma. Ahora hay profesores universitarios que estudian eso en serio“.

Probablemente los estudiosos de la literatura me maten con el comentario que haré a continuación, pero tanto esas citas en idiomas casi desconocidos, como la referencia a libros que serían imposibles de encontrar en una biblioteca común y corriente, me causaba a la vez fascinación y sorpresa. No sé si eran verdaderas, tanto las citas como las referencias (quizás alguno de ustedes me lo puede aclarar), pero igual no me importa, porque si lo eran resulta increíble que alguien las conozca a todas y, si no, admiro su facilidad para inventarlas y que quede un texto tan original.

Esas vueltas de la vida, y esa trágica ironía de Dios a la que él mismo refiere, lo dejaron sin disfrutar de la lectura. La oscuridad se hizo parte de sus días, algo que resulta hasta doloroso desde el momento en que se trata de alguien para quien las letras son el mismo espíritu. Con el entusiasmo de la escritura me doy cuenta de que aún no mencioné su nombre. Me ha pasado en otras oportunidades, siempre cuando el referido es un hombre que simplemente por sus hechos es reconocido. Borges, Jorge Luis, es uno de los grandes de nuestras letras, incluso de la literatura universal, y siempre da gusto leerlo y volver a leerlo, y volver a leerlo una vez más.

Les dejo un link de regalo, con algunas de sus obras, como para que ustedes mismos lo descubran o redescubran, y así lo vuelvan a disfrutar. Hasta la próxima.

Leer más

Fierro en la versión del negro Fontanarrosa.

Atención pido al silencio
y silencio a la atención,
que voy en esta ocasión,
si me ayuda la memoria,
a mostrarles que a mi historia
le faltaba lo mejor“.

Es el texto argentino por excelencia. No sólo describe cómo era la forma de vida del gaucho, del interior del país en los comienzos de Argentina, sino que encierra mucha sabiduría. Sus dichos, que resultan pegadizos por su rima, contienen enseñanzas que al día de hoy tienen vigencia y probablemente la tendrán por siempre. Yo no fui de las generaciones a las que se las obligaban aprendérselo de memoria, pero a muchos se lo hicieron repetir una y otra vez hasta grabarse cada uno de sus cantos.

Se trata, quizás, de uno de esos casos en los que la obra supera a su creador. El Martín Fierro llegó a tener vida propia, y tal vez muchos ni saben que José Hernández fue su creador. Fue traducido a decenas de idiomas, se filmaron películas y hasta dibujos animados, inspiró cientos de análisis y otros textos literarios que lo tomaron como punto de partida para su desarrollo. La cuestión es que desde su aparición en 1872, y más tarde con “La vuelta de Martín Fierro” en 1879, se plasmó en letras el espíritu del argentino.

Hay muchas historias alrededor de este texto, y seguro que cada uno tendrá alguna anécdota que lo involucra, porque ha formado parte de todos nosotros en algún momento de su vida. Tal es su importancia que cuando se publicó muchos quisieron aprender a leer para poder conocer su historia, y durante años se fue reproduciendo de boca en boca, de padres a hijos, en los fogones, como parte de las cosas que se deben saber en la vida.

¿A qué hermanos no les han dicho sus padres los fragmentos sobre la unidad fraternal? O, aunque sea en broma, ¿quién no ha recibido nunca la recomendación de hacerse amigo del juez? ¿Quién nunca dijo alguna vez el famoso “vaca-yendo gente al baile”? Seguramente en todo hogar hay alguna copia del libro, ya sea porque se la compró para el colegio de los chicos, o porque llegó en una promoción del diario o lo que fuera. Incluso los listados de los pedidos de los viejos almacenes de ramos generales lo tenían como una de las principales ventas: “5 kgs de harina; 20 paquetes de yerba; 7 kgs de azúcar; 12 Martín Fierro”…

El capítulo 15 de su “vuelta” es increíble, sus enseñanzas, encima en rima, son muy profundas y como he dicho, atemporales. A veces pienso que así me gustaría transmitirle, el día de mañana, las cosas que sé a mis hijos. La barba de Fierro ya la tengo, pero me faltaría tocar la guitarra como él. Hablando en serio, qué mejor que comunicar desde el arte esos pensamientos. Hernández lo hizo a través de su personaje, y aún perteneciendo a una clase letrada, se enfocó en un personaje autóctono para transmitirlos. No como esos gauchos de película de Hollywood, sino aquél que mandaron a la frontera, ese que estaquearon y que vivió entre los indios, el que denunció las injusticias sociales de su época, el amigo de Cruz, el picante con la lengua y más aún con el facón.

Probablemente, muchos vuelvan a leer el viejo libro guardado en la repisa luego de estas líneas, o al menos hojearlo. A mi me pasó, y cada vez que regreso al Martín Fierro encuentro algo nuevo. Un abrazo y hasta la próxima.

A naides tengás envidia:
es muy triste el envidiar;
cuando veás a otro ganar,
a estorbarlo no te metas:
cada lechón en su teta
es el modo de mamar”.

Leer más

Julito, cuando aún no saltaba la rayuela.

Desde la apertura del blog me ha sido muy difícil elegir a los primeros temas para tratar, porque tienen que ser los más significativos para la cultura del argentino. Al menos eso es lo que me propuse desde el comienzo. El tema del mate para el primer artículo no era ningún problema, era casi cantado, pero después la cosa se puso más complicada. No porque falten ideas sobre temas, al contrario, porque hay muchas y uno quiere optar por la más representativa.

Así me pasó cuando quise hacer referencia a algún escritor argentino. En el primer texto hice referencia a Arlt, pero no hablé puntualmente de él. ¿Cuál sería el escritor argentino por excelencia? Algunos dirán José Hernández, o Sarmiento, o Jorge Luis Borges (de quienes seguramente hablaré más adelante), pero para empezar me incliné por otro. Es mi favorito, y eso influyó mucho en la elección.  Es el padre de los cronopios, de los famas y los esperanzas, el que jugaba a la rayuela y vivía en una casa tomada. El flaco alto con habano en mano y esos ojos saltones: Julio Cortázar.

Lamentablemente, como pasó con Gardel, Cortázar no nació en Argentina. No obstante, eso no lo hace menos argentino ni nos obliga a enorgullecernos menos. Desde chico vino con su familia desde Bélgica, donde su padre (argentino) trabajaba en la embajada, y vivió largos años en Banfield. Aquí fue dando forma a su magia con la pluma y pese a que se fue más tarde a Europa, quedó siempre con el alma de nuestro país.

“Rayuela” es uno de los libros más increíbles que pude leer. Seguramente quienes estudian lingüística o literatura le podrán sacar más el jugo con toda la teoría literaria que Julio presenta en su texto, pero los que somos ignorantes en el tema nos podemos deleitar simplemente con los climas que genera y como con palabras tan simples nos presenta claramente los estados de ánimo de cada personaje.

Además de esa novela que te lleva de un capítulo a otro, saltando de acá para allá, están los cuentos, esos relatos maravillosos de “Todos los fuegos el fuego” o “Las armas secretas”, y la profundidad de sus poesías de “Salvo el crepúsculo”. A mi, en particular, me desarma leer los texto de libros como “Un tal Lucas” o “Historias de cronopios y de famas“. Esa picardía en sus palabras y el humor crítico de lo que nos pasa día a día.

Todo el mundo sabe cómo subir una escalera, pero él da instrucciones específicas de cómo hacerlo, por si las moscas. Todos hablan de encuentros amorosos, últimamente ya ni existe la protección al menor, pero él puede hacer dar cuenta de esa relación sin decir ningún comentario obsceno o sexual, incluso lo hace inventando nuevas palabras.

Esa afición por el boxeo y el jazz, que se tradujeron en las líneas que escribía, con un ritmo que caracterizaban tanto a ese deporte como al estilo musical. La barba despeinada, el acento francés con esa “r” arrastrada, la sonrisa constante y el humo alrededor, todo hacían a un personaje propio de su literatura. Una especie de ternura que obliga a llamarlo “Julito”, como si fuera un amigo, por más que nunca haya tenido la dicha de conocerlo en persona.

Decía Cortázar: “Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta”. Los cronopios siempre me fascinaron, eran mágicos, y el tipo era un genio…

Leer más