A los 75 años, en una entrevista de la revista “Humor” fue consultado por si habría un sucesor de su carrera. A ésto respondió: “Yo se lo voy a explicar a mi manera, aunque me demore un poco. El tango tiene dos facetas que son definidas, una la melódica, y otra la rítmica, o como solemos decir nosotros, la milonguera. La expresión del tango melódico, en la época culminante del ’26, la dieron Francisco de Caro, Carlos Flores, y en cierta manera Cobián; ellos fueron frutos de esa época. Francisco de Caro se caracterizó por hacer tango melódico, como “Flores Negras”, “Mi Diosa”, que muchos intérpretes han puesto en su repertorio. Hay otra tendencia, mucho más popular, que fue aceptada por la mayoría del público, la del cine mudo, bailes, y cafés, porque se podía escuchar, gozar y bailar, y es el tango “milonga” de Bardi, Arolas, Pedro Maffia, Julio de Caro, Laurenz… Entonces, si hoy yo me pongo a trabajar en la profesión, estudio un poco, ¿cuál es la línea que elijo? Yo elijo esto último. Y en la época actual permanezco fiel a esa tendencia; si lo hago bien o mal, mala suerte, pero en mis sentimientos y en mi concepto permanezco fiel a esa tendencia. Ahora, hay otros profesionales que, dado que cambiaron las fuentes de trabajo y las características, adocenaron la música popular con la técnica y un poco con fuentes extranjeras como el jazz, dándole un camino totalmente diferente y extraño a nuestros sentimientos…”.
En alguna oportunidad lo he mencionado, refiriéndome a su carácter de santo, brindando buena suerte a quien lo tenga presente. Osvaldo Pugliese, este fenómeno del tango argentino que se autoproclamaba “la medallita del pueblo”, es considerado antimufa, y hasta más de uno le ha dedicado una estampita. La que fuera difundida el en 3er Festival de Tango Porteño rezaba al “Maestro”: “Protégenos de todo aquel que no escucha. Ampáranos de la mufa de los que insisten con la patita de pollo nacional. Ayúdanos a entrar en la armonía e ilumínanos para que no sea la desgracia la única acción cooperativa. Llévanos con tu misterio hacia una pasión que no parta los huesos y no nos deje en silencio mirando un bandoneón sobre una silla”.
Muchos aseguran que les ha traído buena suerte, otros le adjudican milagros. Todos coincidimos que fue un grande de nuestra música arrabalera, y de la cultura argentina en general. Nació el 2 de diciembre de 1905 en Villa Crespo, Buenos Aires. Si bien pertenecía a una familia de músicos, se opuso desde chico a seguir la tradición y se negaba a practicar con el piano que le habían regalado sus padres.
Recién a los 13, cuando apenas jugaba con la guitarra y el bandoneón, lo convencieron a que comenzara a tomar clases con Antonio D’Agostino.De a poco fue dándole forma a una tremenda carrera, que tuvo sus primeros pasos con tangos como “Retoños” o “Recuerdo”, complicaciones con la aparición del cine sonoro, y los comienzos para la formación de su orquesta, que quedó definitivamente conformada en 1939.
Pero aparte de músico, era un hombre comprometido con su profesión y con la sociedad en general. Estuvo afiliado al Partido Comunista y por sus declaraciones en muchas oportunidades tuvo censuras y hasta fue detenido. Rescato otro fragmento de la entrevista que mencioné al comienzo, publicada durante la última dictadura militar, y donde se le preguntaba si medidas políticas apuntaban a que una música como el tango quedara alejada de una “auténtica política cultural”. Pugliese decía: “El país, desde el punto de vista de una política cultural, ha sufrido muchos tropiezos, porque hay una política destinada a aplastar todos los rasgos nacionales de nuestra cultura popular. Se debe, en mayor parte, a la puesta en marcha de un plan económico. No lo podemos negar, porque no nos podemos poner un chupete en la boca, cerrar los ojos, y decir que Martínez de Hoz es un hombre buenito, que quiere a los argentinos, o que le abrió la puerta a los argentinos para que trabajen y se puedan ganar la vida. No, no es así, al contrario; vino la invasión de la música envasada, la invasión del ruido y no del sonido“.
El 25 de julio de 1995, a los 89 años, falleció el maestro, el santo. Es creer o reventar, pero 30 segundos antes de terminar esta crónica, se me dió por poner la batería de la netbook. Mientras escuchaba a Pugliese en el Winco se cortó la luz y habría perdido todo lo escrito si me mantenía trabajando con el cable. ¿Habrá sido una casualidad o un “milagro” de nuestro querido santo? Un abrazo, hasta la próxima.
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