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Etiqueta "televisión"

Carlín y Pablito, una dupla histórica de nuestra TV.

Yo tenía apenas 10 años cuando terminaron de pasar la serie, pero me acuerdo con lujo de detalles del último capítulo, con todos los protagonistas juntos y despidiéndose de sus espectadores. Me puse a repasar un poco los blogs y portales en los que se habla de la dupla que lideraba éste programa en los años ’90s, y hasta me encontré con que superaban ampliamente a toda la competencia en las tablas del rating. Si bien no es una de las frases más recordadas de la serie, al día de hoy me acuerdo fielmente el “Carolina… chupate esta mandarina”, que Carlín decía en la última temporada de “Amigos son los amigos”, esa que puso en boca de todos la letra de la canción de Queen, aunque sin que se supiera de qué hablaba bien el tema.

Carlos Calvo, o Carlín Cantoni, el fletero que interpretaba en la tira, inmortalizó frases como “vos, fumá” o “es una lucha”, que después eran repetidas por todos sus seguidores. O la que solía decirle a su compañero, el personaje que interpretaba Pablo Rago: “Qué hacés pendex?”. Se trataba de una dupla muy particular, compuesta por un muchacho algo mujeriego y un pibe que no se quedaba atrás, y juntos vivían esos típicos enredos de las tiras de la época. De todas formas, la propuesta generó buen impacto desde el arranque en Telefé, donde estuvo por dos años entre los más vistos, junto a “Socorro 5º año” o “La banda del Golden Rocket”.

Carlín y Pablo compartían un departamento, donde se desarrollaban varias de sus historias. Era un espacio que el personaje de Calvo había alquilado a la madre del de Rago y se llevó como promoción el tener que aguantarse al “pendex”. A ellos se sumaban otras celebridades de la época, que invitaban a que cada martes se sumaran más televidentes. Cris Morena era la pretendida por Carlín, pero a ella la acompañaban Enzo Viena, Mabel Landó, y los amigos de Calvo Gabriel Laborde (el Manija), y Jorge Paccini (Paco).

Los guiones de Gustavo Barrios y Ricardo Rodríguez fue un éxito en sus primeras dos temporadas y un poco menos en la tercera, cuando se pasaron a Canal 9, en 1993. Allí, por ejemplo, ya no estaba Morena, y el papel de la mujer que enamoraba a Carlín estaba a cargo de Katja Alemann, como Carolina Fernández Balbis, la de la “mandarina”. Por esta época, Telefé empezó a transmitir los capítulos anteriores y hasta le ganaron a los nuevos, lo que dio cuenta del mal momento por el que pasaba la tira. 

Uno tenía varios años más que el otro. Incluso uno era de Boca y el otro de River. Aún así, compartían esa picardía y complicidad propia de los amigos, esos que se acompañan en todo momento, en las buenas y en las malas, y que se entienden aunque sea con una mirada. Me quedo con una de las imágenes de la apertura del programa en las primeras temporadas, con los dos personajes caminando junto a la playa. Carlín lo abrazaba a Pablito, casi como un padre, y charlaban al ritmo de “friends will be friends”: “Es sencillo ahora, porque tienes amigos en quien confiar”, decía más o menos la canción.

En el último programa, en la despedida de Carlín y su elenco, tras las palabras de agradecimiento todos brindaron, y de a poco se fueron abrazando. No se podía guionar el cariño que se tenían entre ellos, o la mirada de unión entre él y el pendex. Ese día, me acuerdo y lo confieso sin vergüenza, se me piantó un lagrimón. Era chiquito, pero me había enganchado con la serie como varios televidentes. Reviendo ese cierre me volvió el nudo en la garganta, y pensé: “Es una lucha”. Hasta la próxima.

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Francella y Disi, el humor de los '90.

Hace un par de años había un programa de televisión por cable que conducía el fenómeno Jorge Guinzburg, “Capocómicos”, donde entrevistaba a los más reconocidos humoristas argentinos. Cuando se les preguntaba qué era hacer humor coincidían en que consistía en poner algo en un lugar donde no correspondía. Lo que a mí me llama la atención, y que es motivo de este post, es la gran variedad de formas de hacer humor en nuestro país, y el reconocimiento que han recibido estos humoristas, no sólo en Argentina, sino también en el extranjero. Desde el físico al absurdo, desde el inteligente juego de palabras a lo escatológico, hay para todos los gustos, y nos traen sonrisas día a día para enfrentar con un poco de aire la rutina.

Aquellos que siguen el blog, si es que alguien realmente se animó a leer más de un post, habrán notado que en más de una oportunidad me he referido a referentes argentinos de las artes que se destacaron por su sentido del humor. La generación de Cha Cha Cha, Alejandro Dolina, “Minguito” Altavista, Les Luthiers, incluso Blaisten semanas atrás, todos se destacan en sus disciplinas, pero siempre con un toque especial de ese humor argentino. Es un tema recurrente en las líneas de este espacio, pero no sólo porque hayan sido reconocidos y premiados en otras tierras, sino que provocan sonrisas y traen la alegría a estos suelos.

Sumo aquí a otros referentes, pues desde hace años tenemos actores y actrices, cantantes y bailarinas que logran efectivamente este resultado esperado. Niní Marshall, los 5 grandes del buen humor, José Marrone, Pepe Biondi, Carlitos Balá, Juan Carlos Calabró, Alberto Olmedo, Antonio Gasalla, desde el blanco y negro al color, y desde la pantalla grande hasta la caja boba, incluso algunos pasando por las tablas o los escenarios de grandes festivales, como Luis Landriscina o Hugo Varela. Ni que hablar de la camada de los humoristas cordobeses que encabezan “el Negro” Álvarez, “Chichilo” Viale y “Cacho” Buenaventura, esos muchachos que te hacen reír de punta a punta en sus monólogos.

Creo que hay que disfrutar de todos ellos, leerlos, escucharlos, cantarlos. Aislarse del mundo para poder seguir sin perderse en la catarata de palabras de uno de los monólogos de Enrique Pinti, o intrigarse sobre qué rumbo tendrá alguna de las historias ocurrentes de Dolina en su programa radial “La venganza será terrible”. Alegrarse con la dulzura de Altavista jugando a los penales con Maradona o sentarse a ver los tremendos enredos en los que se meten Guillermo Francella y Emilio Disi en la saga de películas “Los Extermineitors”. Romper en una carcajada con la formación de uno de los equipos de Alumni del ’25 según el sketch de Video Match “Deportes en el recuerdo”, o seguir religiosamente a Pedro Saborido en su sociedad con Capusotto con Violencia Rivas, Bombita Rodríguez, Micky Vainilla y tantos más. Almorzar los domingos con los personajes de “Hablemos sin saber”, segmento de “Sin Codificar” o levantarse el lunes con las ocurrencias de Roberto Pettinato en ”El show de la noticia” la radio.

La lista puede seguir largo rato, podría mencionar a decenas de personas que tienen esa habilidad de hacernos reír, algo que no es para nada sencillo pues no a todos nos causa gracia lo mismo. Todos capaz que coincidamos en que una persona que se tropieza con una baldosa y se cae al piso, además de doloroso, resulta muy gracioso. A partir de eso, el cuento cambia de acuerdo a cómo se le da forma a la historia, cómo llegó allí esa persona, cómo se tropezó y qué fue lo primero que dijo cuando se levantó. Dicho en criollo, la chispa que enciende la sonrisa. Hasta la próxima.

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Los dos titanes históricos.

En realidad no fue la de Firpo contra Dempsey, o la de Bonavena con Alí, se trata de una más de entrecasa, pero no por eso con menor producción. Hablo de “la pelea del siglo”, aunque se repitió en varias oportunidades el mismo enfrentamiento. Hablo de esa eterna rivalidad entre el “paladín de la justicia”, ese que era “más fuerte que el acero”, y el ídolo de todos los chicos, el “titán de Titanes en el ring”, tal como decían sus respectivas presentaciones. La Momia y Martín Karadagian.

Este año se cumplen 50 años de la aparición de este programa argentino que marcó a tantos niños de nuestra tierra, y en todos lados han hecho homenajes y demás. A raíz de eso me puse a navegar un poco la web y ver algunos de los videos de las históricas peleas, algunas en blanco y negro, y la mayoría anteriores a mi nacimiento. Descubrí un mundo muy particular, con bizarros personajes y utilería que se asemejaba a la de algún programa de Capusotto. Pero a la par, los seguían miles de gurrumines (para los que no manejan el término, me refiero a los más pequeñitos), que con miradas de asombro e idolatría seguían de cerca cada uno de los movimientos de los titanes.

Uno de los videos a los que me remito, daba cuenta de una final en el mismísimo Luna Park, entre estos dos titanes. Ese espacio que había sido punto de encuentro de tantas peleas por títulos del mundo, con los más grandes púgiles de la historia argentina y de otros países, daba lugar para que las tribunas se llenaran de niños hinchando por sus luchadores favoritos. Era un encuentro especial, porque ambos contaban con el cariño de la gente. Karadagian llevaba un poco de ventaja, no sólo por ser el creador del certamen, sino que además era el campeón del momento. Pero la pelea fue muy reñida y el resultado fue un empate.

Los físicos de esos luchadores eran los de los fisicudos de la época, no los terriblemente moldeados que existen ahora (no lo digo de envidioso). No tenían los pectorales marcados y los cuadraditos de los abdominales, no tenían esas grandes espaldas y algunos, como Karadagian, tenían algunas canitas. Tal vez éso era lo que los hacía reales en medio de tanta cosa rara. Ya de entrada, no es frecuente ver una momia caminando entre nosotros, y si realmente existiese, probablemente andaría por las calles sembrando el pánico, no luchando con el armenio por el título mundial de catch. Encima llevaba puesto un traje demasiado blanco como para haber estado muerto por años.

Hablo de estos dos, pero el análisis podría extenderse a todos los personajes. No podemos olvidarnos de Rubén “El Ancho” Peucelle o el odiable árbitro William Boo. En su primera temporada coordinaba el desorden Alejandro Romay, el zar de la televisión, y el proyecto duró 26 años, hasta 1988. En el medio pasaron algunas experiencias en la pantalla grande, y después hubo algún que otro regreso fallido a la TV. Incluso el género se repitió con otros nombres y ahora sí con esos grandotes musculosos como Terminator. Pero nada igualó a esas peleas de Martín con el luchador sordomudo al que le temblaban las manos, al menos para quienes crecieron viéndolos en el cuadrilátero.

 Vuelvo por un segundo, antes de terminar, a esa mirada de los chicos en las tribunas. Algunos boquiabiertos, otros con los brazos en alto y gritando como locos, y unos más chiquitos chupándose los dedos, asombrados por lo que estaba pasando al frente de sus ojos. Después vinieron muñequitos de plástico y todo el merchandising, pero por un tiempo tuvieron con ellos héroes de carne y hueso. Un saludo! Hasta la próxima!

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"Y ahora, les privatizo el aire"

Ya se habrán dado cuenta que me gusta todo lo que tiene que ver con el humor y que creo que hay muy buenos artistas argentinos en el género. Ya pasaron por estas columnas algunos referentes como Juan Carlos Altavista o Les Luthiers, y seguramente esperan muchos más en próximos posts. Lo que sucede es que el humor es clave en la vida de todos, para poder seguir en el día a día con una sonrisa, a pesar de aquellas cosas que puedan tirarnos abajo. Por eso, entonces, resulta más importante el aporte del arte.

Uno de los grupos que más me gustan, dentro de lo que es el humor, es aquel que nació con el under, con el humor absurdo, esa camada de “Cha Cha Cha” que al día de hoy nos hace sonreir a todos con sus ocurrencias. La verdad que he sido seguidor de todos en sus emprendimientos de manera individual, siempre después de aquel gran programa de humor. Encabezados por Alfredo Casero, y seguido Fabio Alberti, Diego Capusotto, Mex Urtizberea, todos unos grandes que no me dejan de hacer reír.

Todos tuvieron sus producciones de manera individual, como Capusotto y Alberti haciendo de Mario y Marcelo en el histórico “Todo por 2 pesos”, que marcó a una generación. O Caspusotto solitario en “Peter Capusotto y sus videos”, que fue reconocido por todos lados. La “Boluda total” de Alberti desfiló por varios programas, y los personajes de Mex dieron la nota en programas como “Magazine For Fai”, “Laboratorios Dormevú”, o “Mañana vemos”, entre otros.

Casero hizo lo suyo en muchas películas y unitarios de la TV, donde demostró también su lado de actor dramático. Pensando en rápido, recuerdo participaciones como la de “El día que me amen”, donde hace de un tierno colifa con más de una ocurrencia. También tuvo apariciones en la música (recomiendo que escuchen la canción “Piel de cereza”, del grupo El Kuelgue, con una participación del querido Casero) y hasta en las letras, con su cómico “Un tranvía llamado Vaporeso”.

Hice todo un viaje en el tiempo desde aquellos personajes que aparecían en el programa que producía Nicolás Repetto, y no hice un freno para recordarlos a ellos. Esos guiones distintos a todo lo que se venía escuchando hasta el momento, esos que te hacen reír por lo absurdo, pero que a la vez requieren de un importante bagaje cultural para seguirlos sin perderles pisada. Desde el sacerdote en “Juntos en Capilla”, que hablaba del mártir Peperino Pómoro, hasta el irónico ministro de Ahorro Postal Gilberto Manhattan Ruiz que parodiaba a otro ministro famoso de la época. Desde los cortometrajes en blanco y negro hasta las telenovelas que tenían como actriz principal a Casero disfrazado de mujer. Desde los concursos del “Aceite Gazulo” hasta la Telescuela Técnica que hacía volar las escenografías a las seis de la mañana.

Pensar que no les daban lugar en los canales por aquellos años y con el tiempo, ya en sus producciones individuales, alcanzaron altos picos de rating con un género muy complicado. Tenían que viajan de horario a horario, renegando con los jefes de programación que los ponían en esos huequitos que encontraban libres. Aún en la actualidad vemos repeticiones de sus programas, esos que parecían ser armados con $2, como decía el programa de Mario y Marcelo, pero que claramente llevaba mucho de producción. Esos que parecían ser totalmente improvisados, pero que analizando en detalle daban cuenta de una pluma dotada de los guionistas.

Me pongo a pensar en todos esos programas y los sketchs que les daban forma y se me graba en la cabeza la musiquita francesa que llevaba de cortina. De todas formas, para terminar el recuerdo, prefiero quedarme con el “Bailando en la Sociedad Rural”, esa en la que Casero decía que lo miraba un “chanch”. Un abrazo y hasta la próxima.

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"¿Sociedad Protectora de Animales? Mi mamá me pega"

Siempre se ríen cuando veo una de nuestras publicidades y repito el eterno dato de trivia: “Dicen que los publicistas argentinos son muy reconocidos a nivel mundial”. La verdad que suele haber casos en los que no me dan la razón, y uno termina de ver la publicidad mordiéndose los labios y negando con la cabeza por lo mala que era. De todas formas, muchos creativos de nuestras tierras han recibido premios por todo el globo y se han posicionado entre las grandes agencias a nivel mundial.

Seguro que si uno intenta hacer memoria llegan a la cabeza principalmente publicidades de televisión, pero también hay buenas producciones en medios gráficos y radiales. Del mismo modo, se hacen presente en la mente las que se realizaron más acá en el tiempo. Yo, por lo pronto, no he visto muchas de antes que naciera (que no fueran las gráficas como la del hombrecito de Geniol o los nenitos de Toddy, que he visto en artículos de historia), pero en esos casos ustedes pueden colaborar trayendo del recuerdo estas producciones.

Sea como sea, puedo mencionar algunas ochentonas, como la de Hitachi y su “Qué bien se T.V”, o las de las golosinas Tubby (en todas sus numeraciones), incluso la de una “fogosa” Raquel Mancini, cuando todavía era furor, y se paseaba en una zona volcánica persiguiendo un Renault Fuego. Aquellas parecen fuera de moda, con herramientas que hoy parecen muy “retro” como el uso de la voz en off, pero es inevitable verlas una y otra vez, con la nostalgia propia del recuerdo de los cortes en las series que solíamos ver.

Navegando un poco la web me encuentro con varios sitios en los que se destaca a nuestros creativos y se menciona, entre otros, a Leandro Raposo (el creador de la publicidad de Renault Clio en la que un muchacho negocia su vida con el diablo, quien le propone a cambio de su alma, dinero y mujeres), o la dupla que conforman Agulla y Baccetti (quienes dieron vida a la saga de la cómica llama que llama, para Telecom, y que redactaron algunas líneas que al día de hoy algunos recordamos casi de manera textual) o Martín Mercado (que dio forma a una ingeniosa campaña de la bebida Coca Cola, donde destacaban que era “para todos“, y con el juego con latitas, botellas y tapitas del producto, daban cuenta que cualquiera podía consumirla).

Personalmente, las que más me gustan son las de perfume, siento que siempre transmiten el concepto del producto, algo difícil cuando se trata de algo que entra por el olfato. Dicen que la buena publicidad se mide de acuerdo a si queda grabado o no en el público el producto que se intenta vender. En ese sentido, una de las mejores maneras de lograrlo es a través del humor. Mencionamos a la de la llama que llama, pero también hay algunas más actuales, como la del flaco Schiavi cortando con la dulzura para Paso de los Toros, o las del 2 x1 de Beldent.

Párrafo aparte le dedico, y sin hacer ningún tipo de apología al consumo de alcohol, a las campañas que realizan los publicistas de Quilmes. Frecuentemente nacen propuestas muy originales, como la de la boda “González-García”, o la de la mujer que reclamaba por el uso de su nombre (Elsa Bor de Lencuentro), o las que presentaron en los mundiales alentando al seleccionado argentino, o las que promocionaban lugares de la costa, o aquella en la que Vilas difundía su original cántico de cancha para Pete Sampras.

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El amigo de la jueza Barú Barú Budía.

Hoy es 29 (cuando ustedes lean lo que escribo, ya será 30). Recién termino de comer la pasta que hace homenaje a la fecha y no pude evitar pensar en él saludando: “Mis queridos chichipíos”. El tipo del peluquín, el habano a lo Groucho, y los lentes de marco grande que hablaba a 200 kilómetros por hora y describía hace 30 años una Argentina que sigue vigente. Casualmente la semana pasada habría cumplido años y fue recordado hasta por buscadores internacionales de la web. Tato Bores, o Mauricio Borensztein, fue un hombre que marcó diferencia en el mundo del espectáculo y con su humor político distinto.

Tuvo una extensa carrera sobre las tablas y en el séptimo arte, pero por lo que más lo recordamos es por sus monólogos en televisión, su lengua filosa y su visión de una Argentina que parece no cambiar. Se metía con todos, incluso con los peso pesado que dan miedo sin necesidad de conocer en detalle. Presidentes, funcionarios, personajes públicos y hasta jueces, como aquél incidente con Servini de Cubría (la respuesta a la censura de uno de sus personajes terminó con un eterno cántico del que participaron celebridades de la televisión y la música, y que quedó para siempre en la historia de los medios, mientras que se trata de un claro ejemplo del reconocimiento a Bores por el apoyo de tantas personas).

Sus fideos con salsa junto a “los poderosos”, forman también parte de nuestra historia. Aunque a veces puedan provocar que nos atragantemos con la comida por los personajes que eran convocados, sus entrevistas en estas circunstancias estaban llenas de una ironía y picardía que no puede dejar de hacernos sonreír. La verdad que podría poner muchos fragmentos de su obra, y ante todos ustedes dirían que todavía pasa lo mismo. Por el momento pongo una de sus reflexiones sobre nuestra moneda, ya habrá oportunidades para recordarlo nuevamente.

Decía Tato en uno de sus tantos monólogos: “Y aquí estamos señor. 30 años. 30 años bancándose 16 presidentes y 37 Ministros de Economía que se la pasaron diciendo: “Ésta es la crisis más grande que está sufriendo el país”, “Hay que reducir el gasto público”, “Hay que laburar más, “Hay que invertir en el ISPA”. Mientras tanto, ¿quiere que le diga una cosa?, mire, a este peso moneda nacional le arrancaron dos ceros por este otro peso ley 18188; a este le arrancaron cuatro ceros por este otro peso argentino, y como si esto fuera poco le sacaron tres ceros mas por este peso, por este Austral. O sea que extirparon, le extirparon nueve ceros a este pesito de acá adelante. Y como este Austral equivale a mil millones de pesos moneda nacional, y como en aquel entonces se compraba con 83 $mn un dólar, este Austral equivale a 12 millones de dólares. Lo cual parece un chiste, si no fuera una joda grande como una casa. Y yo todavía tengo confianza, tengo confianza, por eso le digo a los políticos y a los funcionarios, no a todos los políticos ni a todos los funcionarios porque hay que preservar las instituciones, algunos políticos y algunos funcionarios que están ahí viéndome, si siguen haciendo las cosas que están haciendo yo voy a tratar de estar acá todo el tiempo posible para seguir jodiendo! Y para cuidarlos también. Y para preservarlos de la maquina de cortar boludos; porque si pusiéramos la maquina de cortar boludos dentro de la maquina del túnel del tiempo, y se pusiera a cortar boludos históricos con retroactividad, otra hubiera sido la historieta hoy. Historieta que como país, no creo que nos merezcamos. Ésto lo dice mi libretista Santiago Varela. Yo, no estoy tan seguro. Un cacho de culpa tenemos también“.

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