Archivo para Julio, 2009

Tentación

Hacer dieta no es fácil, podrán decir que es una cuestión de convicción y perseverancia, absolutamente de acuerdo, pero de todos modos la tentación siempre nos está rondando y a veces es una tortura decir “no quiero”, en este mundo que te muestra todo, pero donde no podés comer nada.

Nos ponemos el lunes con todas nuestras fuerzas y somos absolutamente metódicos en cada porción y en cada producto o alimento Light, hacemos nuestras caminatas, vamos al gimnasio y tomamos toda el agua que jamás ingerimos en nuestra vida, ponemos actitud positiva y es maravilloso sentirse un poco más livianos…

Sin embargo llega el aterrador fin de semana y como si fuera sinónimo de orgía y de descontrol nos metemos en él con el concepto, en nuestras cabezas, de pase libre con las comidas y allí, precisamente en dos días, comemos y sumamos todas las calorías que logramos controlar durante cinco días.

A quien le gusta comer vivir a dieta no suele ser una opción del todo feliz, por eso está bueno plantearse, comprometidos realmente, cuáles son las cosas que nos hacen bien, cuáles son aquellos gustitos que deseamos disfrutar de vez en cuando, pero que no son del todo buenos (por lo general lo que nos gusta siempre nos suma exceso de calorías) y buscar un equilibrio serio en post de cuidar nuestra salud.

Hay una realidad que no podemos negar, ni tampoco obviar, a cada paso que damos nos enfrentamos con gran cantidad de propuestas gastronómicas, con variedades de golosinas apetitosas, y a diario podemos llegar a consumir todo eso pues es relativamente accesible y nuestra debilidad muchas veces sucumbe sólo ante el color de los envoltorios.

Sin embargo nuestra vida se puede ir en esos “gustitos” que terminamos dándonos a diario y que están lejos de un buen concepto de salud…

Nos gusta comer, no dudemos de hacerlo, pero pensando seriamente en lo que ingerimos, en lo que masticamos y en lo que incorporamos a nuestro precioso cuerpo… Si nos amamos debemos ser honestos con nosotros mismos y ante todo cuidarnos…

Yo la Más Gorda de Todas

yolamasgordadetodas@hotmail.com

Somos Redondos

No me gusta dar relevancia a personas que no lo merecen, sin embargo este espacio busca alzar la voz ante las injusticias y la discriminación y hay hechos que son absolutamente insoportables por el nivel de intolerancia social respecto a las personas que padecen obesidad.

Días atrás autoricé un comentario de un individuo que haciendo uso de la libre expresión, que todos merecemos tener, hizo un descargo sobre las personas gordas, sobre todo dirigido a las mujeres, donde se demostraba el grado inferior de evolución de su ser como para llegar a ser llamado hombre.

Escudado tras sus palabras insolentes, cobardes, absurdas, encapsuladas en un concepto de belleza que encaja sólo en una talla, se dedicó a degradar e insultar con comparaciones muy poco felices a todas las personas que sufrimos la obesidad, pero que también nos amamos como somos.

Este infradotado mental es un claro expositor de muchas otras voces que piensan de ese modo, las que durante años impusieron un modelo de belleza y relegaron a un último plano a las personas como nosotros, gordas, rellenitas, obesos, gorditos, seres humanos que construimos el mundo, que no nos bajamos de él, que seguimos dándole batalla a la discriminación de todo tipo…

Esta persona que hizo su descargo de agresión hacia las personas gordas nos demuestra sus miedos más profundos, su imposibilidad ante la convivencia con el que piensa o es diferente a él y muchos más son así, el tema es que frente a este nivel de locura social, nosotros, los gordos, debemos analizar con frialdad quiénes son los verdaderos enfermos, nosotros o los otros, esos que dicen ser perfectos, pero son incapaces de convivir en un mundo que paradójicamente es redondo…

Yo la Más Gorda de Todas

yolamasgordadetodas@hotmail.com

Socorro, Ascensor

Hay momentos tan únicos y de mal gusto que los gordos desearíamos no tener que pasar y la verdad es que tratamos de evitarlos para no amargarnos, sin embargo hay cuestiones que son inevitables y allí estamos tratando de pasar los malos momentos con nuestra mejor sonrisa…

No hay como esperar un ascensor, porque hay que subir a un piso alto, y descubrir tres cosas: una que es terriblemente pequeño, la otra que dice que está habilitado para tres personas y tiene un medidor de peso y la tercera que siempre aparece alguien súper flaco para subirse con vos…, si es que no grita un tercero para que lo esperemos que también sube con nosotros, obviamente flaco, también.

Y allí está uno, mirando con terror y angustia cómo el medidor de peso, apenas uno sube al ascensor, marca más de la mitad de los puntitos que determinan para cuántas personas está habilitado.

Yo entiendo que esos medidores se utilizan como medidas de seguridad y son necesarios, pero las personas que somos gordas sentimos que son aparatitos discriminatorios, como si ya no fuera evidente nuestro volumen y el espacio que ocupamos en el ínfimo espacio, encima tenemos que aguantar que la tecnología nos grite “sos gorda, ocupás mucho espacio”.

En esos momentos uno siempre siente culpa, si bien uno pone su mejor cara de soy invisible, la verdad es que uno desearía que el ascensor tuviera un hueco y uno cayera al mismo.

Y encima de todo uno, el primero que subió, debe aguantar que los flacos que lo acompañan se hagan los distraídos y con tal de que el ascensor los lleve no se bajen, hecho que no sucede si el aparato es de última tecnología porque no se cierra.

En esos instantes uno se bate en la lucha de qué hacer si bajarse y que los otros suban o quedarse a esperar que los pocos dotados de percepción se bajen y esperen el próximo ascensor…

Para cualquiera subir a un ascensor puede ser un hecho simple, para un gordo puede volverse una tortura…

Yo la Más Gorda de Todas

yolamasgordadetodas@hotmail.com

Conciencia y Aceptación

Hay algo que siempre remarco y a veces es necesario refrescarlo nuevamente en palabras, básicamente porque uno lee los comentarios y a veces ciertos aspectos preocupan.

Uno puede jugar con ciertas ironías, puede exigir aceptación, puede plantear la necesidad de igualdad de los gordos, como de todos los seres humanos, muy distinto es que desde este espacio hagamos apología a la obesidad.

Tengo absolutamente claro que una cosa puede ser unos kilos de más y otra muy distinta sufrir y padecer los efectos de la obesidad, que a diario nos cachetea en los aspectos de la salud física y psíquica.

Es importante que todos los que a diario convivimos con nuestro sobrepeso nos preocupemos por tener conductas saludables, darnos nuestros gustos, pero intentar tener una vida activa, cuidándonos y poniéndonos ante todo como una prioridad.

Tratar de adoptar conductas saludables nos dará mayor calidad de vida, una mejor salud y eso nos ayudará a estar más plenos.

Sin embargo como siempre digo, nuestra realidad es la de personas con exceso de kilos y eso no debe implicar que por carácter transitivo nos olvidemos de nuestra propia belleza, de nuestras virtudes y de lo que proyectamos…

Ser obeso no significa ser feo, no debe generar asco, ni rechazo, la belleza se encuentra en todas partes y es necesario que nosotros, los gordos, seamos los primeros en vernos al espejo con amor y con una mirada positiva.

Yo la Más Gorda de Todas

yolamasgordadetodas@hotmail.com

Sillas Rotas…

Sólo se necesita saber que uno es gordo para entender que todo acto cotidiano a la luz de nuestra mirada se transforma…

Se preguntarán muchos el por qué y otros tantos ya tendrán la respuesta… La cotidianeidad a la luz de nuestros ojos siempre es un tanto diferente, actos sencillos, comúnes que uno realiza inconscientemente o de forma automática para nosotros pueden llegar a ser una tortura de cómo y cuánto los analizamos…

Un ejemplo sencillo, tonto y que muchos dirán “no lo creo” es el sentarse, un gordo siempre investiga a dónde apoyará todo su escultural trasero.

Ante todo chequeamos de qué está hecha la silla, si es de plástico por lo general nos quedamos parados, a todos alguna vez nos sucedió sentarnos en esas sillas y que las mismas se deformaran de un modo que terminábamos en el suelo, a cualquiera le sucede esto, pero cuando le pasa a un gordo todos hacen la relación directamente proporcional de su peso y ahí está uno sintiéndose más gordo que de costumbre, mirando al mundo desde el hueco en el que quedó y nuevamente analizando cómo levantarse y recoger la dignidad que uno siente quedó hecha pedazos.

Si la silla es de madera disimuladamente la movemos un poco para ver si no está astillada y es firme, porque una cosa es romper una silla de plástico, pero muy distinto es destruir un asiento de un juego antiguo que no se consigue y lamentablemente uno piensa en esas cosas porque detesta que su obesidad sea tan evidente que hasta sea capaz de destruir aquello que de algún modo a uno lo debe contener.

No nos sentamos en sillas pequeñas, porque queda más de la mitad de nuestro ser afuera y parece que estuviéramos haciendo equilibrio, más que disfrutando de la comodidad de un buen asiento.

Le tememos a los cines, siempre pensamos si entraremos en la butaca y una vez sentados miramos toda la película cuestionándonos si seremos capaces de salir de allí mismo sin llevar acoplado en nuestro trasero toda la fila entera de butacas.

A veces los hechos más sencillos se nos vuelven tragedias, debemos pensar si viajamos o no en avión y una vez que nos aceptan está la posibilidad de que nos cobren asiento doble y sino es así puede ser que pretendan que seamos magos para entrar en un asiento en donde iría cómodamente nuestro brazo.

Por eso muchas veces nos quedamos parados, torturando a nuestras piernas que nos aguantan completamente, chequeando una buena pared para apoyarnos y tratar de descansar de algún modo, y así dejamos de lado múltiples actividades por el miedo a romper, a quebrar, por vergüenza a que se note demasiado cuán gordos somos, como si un dedo pudiera ocultar el sol…

Y el mundo sigue y una vez más nos damos cuenta que hay muchos aspectos de nuestra sociedad que sólo están adaptados para modelos estandarizados y precisamente nosotros no somos de esa talla.

Sin embargo creo que la opción está en buscar una alternativa, encerrarnos no es la opción y a veces hay que aprender a reírse de las sillas rotas y quebrar los prejuicios que nos siguen ocultando…

Yo la Más Gorda de Todas

yolasmasgordadetodas@hotmail.com