La belleza que habita en tí…
Escrita el 29/06/2011 10:51 pmNací en la época equivocada, al igual que mi amiga Obdulia, que siempre lo repite en nuestras charlas, cuando hablamos de nuestros cuerpos. 
Podría decir que soy una mujer maciza, no termino de entender el concepto, pero me suena a mujer fuerte y grandota, aunque esta última palabra me hace sentir una gigante y tampoco soy eso. Nací con caderas importantes y la curva de mis pechos hacia ellas se pierde en la duna de mi cintura, me sobra carne, podríamos decirlo, pero el hombre que está a mi lado también sabe que tiene donde agarrarse en sus noches en pena o de pasión.
Mi panza, mi adorada y vapuleada panza, es el centro de mi universo, donde muchas miradas se enfocan. Criticada y amada, la misma tiene su personalidad, sus esperanzas y desesperanzas, sus marcas registradas de excesos, amores, comidas, insultos, caricias, negaciones y hoy por hoy mucha aceptación.
Si hubiera nacido 50 años atrás, o tal vez más, no hubiera sido cuestionada por tener este cuerpo exacerbado, demasiado vistoso, que siempre salió de la media de las otras mujeres de mí alrededor, por el contrario hubiera llamado la atención positivamente por ser pulposa y por ser una mujer con carne para agarrar, apretar, abrazar, besar…
El deseo, por ende, es una cosa rara, porque mientras en un tiempo un cuerpo como el mío y el de muchas amigas hubiera sido un polo de atracción, hoy se prefieren perchas caminando, que tengan tetas y culo, toda la carne concentrada allí y que el resto sea absolutamente tabla porque es moda, porque son los nuevos tiempos y básicamente porque las leyes del mercado (vaya a saber en qué lugar del universo confluyen para mirarlas a la cara) determinan que hoy ser flaca es ser bella y ser gorda no está avalado socialmente.
Deberíamos preguntarnos por qué nosotros, que estamos del lado del frente de la vereda seguimos creyendo que “los señores estereotipos” y “las leyes del mercado” pueden determinar quiénes están adentro o fuera de sus medidas y lo más triste es que interiormente nunca avalemos nuestra belleza que es tal y que la sentimos. Nos hemos creído tanto el mensaje ajeno que tenemos una actitud pecaminosa frente a nuestros cuerpos y al vivir en la época equivocada somos cómplices de estos parámetros que nos han impuesto…
Hoy mirate en el espejo, desnudate frente a él, recorré tu cuerpo tramo a tramo y disfrutá de la belleza que habita en vos, externa e internamente…
Amate mucho y sé feliz con quien sos…
Yo la Más Gorda de Todas
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