Archivo para Octubre, 2011

Palabras cercanas

Cada cierto tiempo es normal que reciba un mail de alguna mujer, desde niñas hasta mujeres grandes, pidiendo ayuda. Básicamente el grito desesperado es que no se encuentran en sus cuerpos y preguntan qué hacer, algunas otras piden dietas para bajar de peso mágicamente y otras tantas hablan de posturas extremistas, que sinceramente me entristecen muchísimo.

Yo la Más Gorda de Todas es un espacio que relata mi visión sobre la obesidad, sobre todo desde mis experiencias y la construcción de lo que he aprendido a lo largo de los años. Este blog busca acercarse a las personas con problemas de obesidad y de autoestima sobre todo porque muchas veces la problemática de una persona gorda es exactamente igual a la de una flaca extrema o de otras personas con diferentes particularidades.

Entre mis posts de hace varios años no van a encontrar fórmulas secretas, ni dietas mágicas, ni recomendaciones para bajar de peso, entre mis palabras que buscan acercarse a ustedes hay una mirada a veces crítica sobre la realidad de las personas gordas, graciosa, busca elevar el amor propio de los seres humanos y ante todo pretende acercar a cada persona con su propio cuerpo para que lo ame y lo acepte tal cual es. Soy una convencida que quien se asume como tal es capaz de cambiar lo que le molesta y en última si no desea hacerlo puede enfrentar la vida sin vergüenza, ni dando explicaciones de las razones por las cuales se es gordo.

No me molestan los comentarios de quienes piden ayuda, ojalá mis palabras puedan ser una pequeña semilla que los ayude a estar mejores, pero tengan claro que aquí no van a encontrar propuestas que pueden hacer peligrar su salud. Siempre digo lo mismo si quieren bajar de peso busquen a un profesional de la salud, que por algo estudió tantos años, para que les haga un plan nutricional acorde a sus necesidades, a su vida, a su peso, altura y a todos los factores sociales y ambientales que los influyen. Si sienten que el problema con sus cuerpos es más hondo busquen a un psicólogo que se especialice en la problemática, la realidad de quienes somos gordos es muy compleja y hay personas capaces que pueden dar las herramientas para que uno vuelva a reencontrarse como un todo.

Por último recurran a quienes los aman, hablen con ellos, con esas personas que más los conocen y si estas personas no actúan como esperan y en vez de apoyarlos toman actitudes que ustedes sienten agresivas tengan el valor para manifestarles el daño que les hacen a sus almas. A los dramas y dolores hay que expresarlos como tales, no hay que guardarlos, es lo peor que podemos hacer. Quizás mostrando todo lo que sentimos pueden entendernos más y siempre hay una persona cerca de nosotros que nos dará el apoyo y la contención necesarios para enfrentar los problemas…

Como siempre saben que me encuentran aquí, entre palabras, experiencias, relatos y la vida misma… Los quiero…

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Adorando a Adele

Adele fue tapa de Vogue en el mes de octubre y será próximamente en diciembre la tapa de Cosmopolitan. Si bien es claro que la fama de Adele la ha posicionado como un referente, en lo que respecta a ser una cantante consagrada, que tiene estilo y marca tendencias en el mundo de la moda, condimentos necesarios para llegar a estas portadas, es importante decir que Adele también rompe con el molde y bienvenido sea que estas grandes revistas son capaces de ponerla en tapa.

Repito, tengo claro que Adele vende revistas, es la sensación del mundo de la música, pero no podemos dejar de negar que estos medios de comunicación siempre han sido bastante reacios a mostrar mujeres con curvas, menos aún a mujeres gordas y Adele está en esta categoría, mal que le pese a algunos, gracias a Dios ella se siente orgullosa de su cuerpo y lo transmite con absoluta franqueza. Tristemente podemos recordar que la misma revista Vogue con Anna Wintour a la cabeza, hace unos años le pidió a Oprah Winfrey que adelgazara para ser tapa de su medio gráfico.

El hecho de comenzar a ver en las portadas de las revistas más importantes del planeta, en lo que respecta al mundo fashion, que mujeres que rompen con los estereotipos, que se reconocen bien con sus cuerpos, como Adele que no tiene interés de cambiar, es un aire fresco para millones de mujeres parecidas o no tanto, a este ícono de la música, que posiciona a la mujer XL desde un lugar diferente.

Por años se ha bastardeado tanto el concepto de gorda, relacionado con aspectos negativos que de algún modo las mismas mujeres gordas los han asumido y se han creído que no pueden ser bellas, atractivas, sexys, eróticas, deseadas, miradas y estar a la moda. La realidad es que el mercado de ropa aún nos excluye en muchos países, aún seguimos exigiendo por vestimenta adecuada y de moda para nosotras, pero de a poco los cambios se están gestando y es importante que tengamos perseverancia y actitud para acompañar estas transformaciones.

Mientras que artistas como Adele rompan con el mito de que las mujeres gordas no son tapa porque no proyectan belleza, seguimos avanzando hacia la apertura mental de muchos que frente a la realidad de los hechos sólo les queda aceptarlos o volverse necios. Por supuesto que hay miles que siguen considerando que una “gorda” no debería ser tapa, pero ante la incomprensión más debemos abrir la mente para demostrar con el diario acontecer que de a poco el mundo cambia.

Lo maravilloso de Adele es que más allá de la superproducción que ofrecen en cuanto a imágenes este tipo de revistas, esta mujer tiene claro quién es y en función de ello se cuida, “He visto gente que se guía por las pautas, que quieren estar más delgados o tener más pecho y cómo eso los acaba llevando a lo más bajo, yo no quiero eso en mi vida… Tengo mis inseguridades, por supuesto, pero no me junto con quienes se dedican a señalármelas”.

Adele es un ejemplo de mujer, básicamente porque se muestra íntegra y da un paso más en la lucha por mostrar que todo tipo de mujeres pueden ser tapa de estas revistas.

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Ser uno mismo

En muchas ocasiones nuestro cuerpo es de los otros, nos construyen desde la palabra, quizás desde chicos nos llaman “la gordita”, “el morrudito”, “el gordo”, por lo general son palabras dichas cariñosamente que nos hacen, nos forman, somos lo que los otros dicen de nosotros.

Cuantas veces dejamos de creer en nosotros mismos porque los demás ya estipularon cómo éramos, somos y seremos, desde nuestros padres, vecinos, amigos, familiares, compañeros de trabajo y la gente común y corriente, que suponen que por tener determinadas características ya pueden catalogarnos de un modo.

A la gente le encanta opinar sobre las personas, sólo basta que tengan alguna particularidad que llame la atención para enfocarse en la misma y agrandarla a extremos tan grandes que uno siente que es una bola de grasa, en el caso de quien es gorda, o una jirafa si se es alta o una cicatriz con patas quien tiene alguna herida evidente.

Se apropian de nuestras vidas, suponen lo que no es, muchas veces me ha sucedido escuchar recomendaciones que comiera menos, mientras impunemente me frotaban la panza, cuando ese no era el problema de mi exceso de peso y en el caso que lo fuera tampoco había derecho a que se metieran en mi vida. Muchos te hablan como dueños de la verdad y presuponiendo que te conocen te juzgan sin ningún pudor, te describen y encasillan, creo que eso es lo que más les gusta, y uno se queda al borde de la ira, intentando ser prudente para no ponerse en el mismo lugar que ellos.

Hay seres humanos que tienen tan poca vida propia que necesitan de encargarse de la ajena para sentir que pueden llenar su vacío existencial, lamentablemente optan por el camino más insalubre de centrarse en otras personas y en muchas ocasiones las afectan negativamente, porque sus palabras hablan de uno, se reproducen y de alguno modo también somos lo que los demás dicen de nosotros.

Obviamente que es importante el trabajo de la autoestima, del amor propio, de la claridad para saber quién es uno, pero la verdad es que no todos los seres humanos a lo largo de sus vidas tienen esa mirada tan consciente, menos cuando se es pequeño que el entorno te afecta en la construcción de la personalidad. En cierta edad o en ciertos estados del hombre escuchar que la construcción del afuera se basa en palabras negativas, en incapacidades, en la diferenciación como si fuéramos bichos extraños que no encajamos es dura y muchos terminan creyendo que no son parte, que no son bellos, que no tienen un lugar, que son incapaces, que están equivocados, que viven mal, que no son queridos y el resentimiento suma tanto dolor que en muchas ocasiones las consecuencias son graves e irremediables.

No dejes que el entorno diga quién sos, sé vos mismo y mostrale al mundo tu valor y poder en esta tierra…

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Ley de Autoestima


En los últimos días se ha hablado en algunos medios, bastante tímidamente en Argentina, acerca de la ley de autoestima, esta campaña ha sido iniciada por una pareja estadounidense, Seth y Eva Matlins, quienes pretenden que sus hijos crezcan en una cultura no tan frívola y en donde no todo pase por la superficialidad de creer que la perfección es el común denominador de las personas, imagen que las grandes empresas pretenden vendernos desde sus mega publicidades.

Según lo manifestado por Seth y Eva Matlins que estudiaron el tema de la imagen y por ende impulsan esta ley contra el photoshop, que busca fortalecer la autoestima de las mujeres y adolescentes, los datos son impactantes. El 80% de las mujeres se sienten inseguras con su imagen al compararlas con la de personajes famosos y modelos de su edad o mayores. Mientras que el 71% de las adolescentes sienten que no están a la altura de las jóvenes estrellas de su edad, lo que les produce baja autoestima y hasta en algunos casos depresión.

“Estas cifras muestran que tenemos un problema social cuyas consecuencias tienen graves efectos sobre la felicidad individual, el bienestar, la productividad económica e incluso un asombroso número de muertes por trastornos alimentarios cada año“, menciona Eva Matlins. “Queremos que nuestros hijos contextualicen lo que ven, un cambio de moralidad es preciso”

La Ley de Autoestima promueve adoptar un proyecto de ley que regule el retoque fotográfico en revistas y anuncios, y aquellas fotografías que son modificadas tengan un anuncio que manifiesta que han sido transformadas por el photoshop. “No podemos ignorar que nuestra cultura de belleza está teniendo salvajes efectos negativos en niñas y mujeres”, afirma Eva Matlins, creadora del proyecto junto a su marido, Seth.

Por un lado me parece patético que haya que impulsar una ley que exija honestidad a las empresas, es muy triste, como sociedad, tener que pedir verdad en los responsables de vender productos.

Qué nos ha pasado como comunidad que teniendo claro que la perfección no existe y menos en los seres humanos, continuamente se busca vender y comprar ese modelo sin arrugas, sin kilos de más, con caras estiradas y sonrisas vacías. ¿Creemos todo lo que nos venden o simplemente compramos el sueño de la perfección con la clara consciencia de que nunca seremos lo que nos ofrecen?

Muchos pueden pensar que lo que hacen estos padres es una campaña para llamar la atención, yo creo que estas miradas diferentes que buscan interpelar a la sociedad en su conjunto, no sólo a las grandes empresas, sinceramente suman y son una posibilidad de pensar más allá.

Son tan fuertes las campañas en relación a la belleza estética de los cuerpos y rostros que para muchos adolescentes y personas vulnerables, me atrevería a decir en general, es muy difícil no sentirse interpelado por este exceso de imágenes que terminan metiéndose en el inconsciente y se terminan asumiendo realidades que no lo son tanto.

Julia Roberts sale hermosa en la campaña de Lâncome, pero no es real y por más que las cremas o las ropas sean excelentes, no tenemos por qué borrar la realidad, como si el bendito photoshop devolviera años o sacara kilos. ¿Realmente necesitamos ser lo que no somos, hasta qué punto seguiremos sosteniendo el mensaje irreal de las grandes empresas del mundo formadoras de tendencias y de imponer estereotipos sociales.

La ley de la autoestima básicamente habla de volver a mirarnos, de que si alguien quiere publicitar un producto no le mienta a la gente, porque lamentablemente hay muchos que creen que para obtener ciertos resultados hay que contar con ciertos rasgos o parámetros físicos, y como dije anteriormente la perfección no existe y borrar los rastros del tiempo y de todo lo que somos sencillamente habla de que tenemos un profundo problema de conciencia de lo que somos.

Evidentemente vivimos en una sociedad donde el amor propio es escaso y en la medida que nos afecta el “querer ser como…” el ser humano se vacía de todo lo que nos ha afectado para convertirnos en productos cercanos a la perfección irreal, borrando todo lo que alguna vez fuimos. Mientras más intentamos hacer desaparecer rollos, arrugas, años y cualquier detalle que no va con el modelo social simplemente dejamos de ser nosotros, perdemos esencia, historia y un día el que aparece en el espejo es un absoluto desconocido que nada tiene que ver con el que pretendíamos ser…

La ley de autoestima le exige a la sociedad verdad y luego la construcción sobre el cuerpo depende del libre albedrío y el amor que tengamos hacia nosotros mismos…

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Obsesión diet

Tengo en mi memoria el recuerdo de dos adolescentes que compartían idiomas conmigo, fuera del ámbito escolar. Estas jovencitas, una más rellenita que la otra, tenían un solo tema de conversación y el mismo era la dieta en todas sus variantes y ejemplos.

No había poder humano, ni divino que las hiciera cambiar de charla, podía venir un tsunami y ellas seguramente gritarían “¿esto nos va a engordar?” o quizás “y yo con kilos de más no puedo usar biquini”.

Yo me sentada unos bancos detrás y la verdad es que me aburría de escucharlas, me cansaba que quisieran reproducir su charla entre los demás, que saludablemente tenían temas mucho más interesantes que tratar.

Sin embargo sus disquisiciones sobre cuán flacas querían ser, sobre lo que habían comido, o mejor dicho no habían comido, era un rumor constante que por más que uno se negara a escuchar te seguía y penetraba tus oídos.

Su obsesión por hablar de dietas incluía toda la rica variedad de dietas insanas, se jactaban de no comer o se regodeaban como un gran acto de superación el haber incorporado a sus estómagos dos vasos de agua y unas hojas de lechuga.

Recuerdo que medían sus tallas y competían hasta el próximo encuentro por quién bajaba más de peso. Lo más llamativo era que siempre lograban sus objetivos, pero sus rostros se mostraban frustrados, siempre parecían enojadas y no soportaban la presencia del resto de mujeres que, mientras ellas realizaban sus profundas disquisiciones, comían gomitas y se reían de las cosas típicas de adolescentes.

A lo largo de los años me he encontrado con frecuencia con mujeres de esa especie, gritonas por naturaleza y enojadas con sus cuerpos que siempre están gordos, obviamente a la palabra gordo le asignan todos los conceptos negativos que no es necesario mencionar. Nunca se llaman feas, usan el sinónimo más natural que les fluye y es el de “estoy gorda”. Son mujeres que en sus charlas algo te dirán del cuerpo, tienen incontinencia verbal respecto a determinar si la gente está más gorda o flaca que la última vez que la vieron, y en función de ello seguirá el comentario pertinente de si están más lindas o si tienen que cerrar la boca.

Están pendientes de las nuevas dietas que hacen los famosos y de cuanto chanta salga en la televisión ofreciendo una fórmula mágica para ir a probarla. Están tan obsesionadas porque sus cuerpos se vean flacos (léase bellos), ese es el concepto que manejan, que no son capaces de valorar todo lo bueno que tienen.

Son mujeres que exponen a sus cuerpos a torturas cotidianas que a la larga se vuelven enfermedades, es tan grande su incapacidad de vivir con satisfacción que se convierten en seres deprimidos, sin alegría, con poca apertura de ver otra forma de belleza más que la estándar y cargan con la triste sensación de nunca haber obtenido ningún resultado positivo para sí mismas.

Sinceramente creo que si notamos que nuestro costado insatisfecho nos transforma en obsesivas de las dietas y la perspectiva de nuestro horizonte no puede ir más allá de las comidas del día debemos intentar un cambio, trabajar nuestro interior o buscar ayuda realmente con alguien que nos pueda cambiar la perspectiva porque sino la vida pasa sin ser probada con delicia.

Que la dieta no se transforme en tu objetivo, que comer o no comer no sea tu planteo cotidiano, que tu preocupación no se centre en cuántas calorías incorporaste… Que tu cuerpo sea un canto a la alegría de sentir que la vida corre y fluye por tus venas y palpita ante lo verdaderamente importante del existir…

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Amor por el Cuerpo

El 19 de octubre se celebra el día del amor hacia el cuerpo y aunque parezca banal y esté poco difundido en Latinoamérica hay que comenzar a afianzar esta conmemoración, sobre todo como un acto para tomar conciencia sobre lo que somos completamente.

Muchas veces las personas gordas o rellenitas, valoran por demás la intelectualidad, la inteligencia, lo espiritual, se enfocan en esos aspectos de su personalidad porque sienten que con sus cuerpos tienen la batalla perdida, como si los mandatos sociales, los estereotipos impuestos se hubieran apoderado de ellas y en función de los mismos lo único que buscan es tapar sus cuerpos.

Valorar el interior de lo que somos y cultivarlo es directamente proporcional a lo que hacemos con nuestro exterior que a diario se expone, es rozado, es mirado, interactúa, ama, sufre, come, se mueve. Nuestro cuerpo y nuestra alma están ligados, debemos romper con esa manía de querer desdoblarnos, de querer poner en primer lugar a nuestro lado espiritual, como si el cuerpo que nos dio la naturaleza fuera algo malo que intentáramos ocultar.

Basta de querer demostrar cuán inteligentes y buenos somos, mientras dejamos de lado nuestra apariencia, nuestro toque personal, parece que renegamos de vernos bonitas, es más creemos tanto que no lo somos, que como nos sentimos un caso perdido no le prestamos ninguna atención a estos cuerpos que necesitan básicamente amor y ser cuidados y consentidos tanto como nuestra inteligencia y nuestro lado zen.

Hay que dejar de desmembrarse y enfocarse en un solo lado de nuestra esencia, perdemos de vista el todo que incluye a nuestros cuerpos. Quizás no son lo que esperábamos, pero si los cuidamos, y los observamos bien descubriremos que estos cuerpos imperfectos están llenos de vida, de historias, de momentos, con estos cuerpos hemos reído, soñado, con estos cuerpos nos enamoramos y hemos dejado que las caricias los arrebaten de alegría, con estos cuerpos hemos compartido maravillosas cenas, y con estos cuerpos afrontamos a diario la vida…

Así que basta de negar lo que somos, basta de relegarnos, hoy es el día para que pongamos amor sobre nuestros cuerpos, para que lo abraces y lo ames con intensidad, ocuparse de él, habla también de tu espiritualidad y de tu inteligencia. Ocuparse del cuerpo, amarlo tal cual es y hacerlo brillar con toda su belleza te transforma en una mejor persona, porque te estás haciendo cargo de vos y le estás demostrando al mundo cuánto te amás…

Hoy el es día por el amor a tu cuerpo… Amate ya y que dure todo el año…

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Basta de miedos

En este mes se resalta el amor por el cuerpo, en todas sus formas, dimensiones, de todos los tamaños, pesos e inspiraciones, por ello mis palabras buscarán acercarlos a estos envases con los que vinieron a esta tierra que no siempre se valoran.

Anoche en mi búsqueda incesante de inspiración, para extender un abrazo de mi cuerpo a sus cuerpos amorosos, encontré una imagen que es la que complementa a este texto, si bien está en inglés se lo traduzco a todos, dice “una mente llena de miedos no tiene espacio para los sueños”.

Me quedé pensando, mientras la observaba, en el tema del miedo, esa sensación tan extraña, que por lo menos a mí me genera parálisis, no me permite moverme, me encierra, me saca energía y hace que cualquiera pueda tomar mi vida y hacer con la misma lo que quiera porque tan esclava me vuelvo del miedo que soy incapaz de ser la dueña del destino que quiero.

Mis primeros miedos no estuvieron asociados a fantasmas, sino a personas, reales, de mi misma edad, cinco años como yo tenían las personas que me ocasionaban miedo y básicamente son las que me llevaron de la mano a enfrentarme con las burlas y los malos tratos por ser una personita gorda.

Siempre me pregunto lo mismo qué fue lo que alimentó el alma de esas niñitas y sus mentes para torturar a otra niña, que nada les hacía. Simplemente ser gorda fue mi pecado y el castigo no sólo fue pasar por circunstancias poco felices, sino incorporar el miedo a mi vida.

Largos fueron los años y el tránsito por distintas experiencias para ir desarropándome de todo lo que el miedo generaba en mí, mi cabeza se llenó de miedos y los mismos destruyeron sueños, me impidieron brillar, mostrarme tal cual era. Y el hecho de ser gorda se sobredimensionó, se convirtió en un fantasma, en una mochila, en la puerta de entrada para que quien quisiera continuara con los malos tratos que habían comenzado a los cinco años.

Sinceramente debo agradecer a mucha gente que en el camino me ayudó a volver a mirarme, que me dio herramientas, me enseñó a recomponer la valentía y a desterrar esos malditos miedos que sólo habilitaron que el monstruo que en todos habita creciera de modo exacerbado.

Hoy no tengo miedo a mi cuerpo, ni a decir que soy gorda, no creo que sea ni un orgullo gritarlo a los cuatro vientos, pero tampoco es una vergüenza, como siempre digo es una parte de mí y yo soy mucho más que una gorda. Pero también tengo claro que en los últimos años, después de casi 30 de permitir que el exterior alimentara el concepto de gorda con todo lo negativo que se puedan imaginar, decidí apropiarme de esa palabra y empezar a llenarla de amor y de vida.

Muchos me tildarán de que hago apología a la obesidad y quienes leen este blog saben que mi lucha va por otro camino, precisamente el del amor, el de la transformación, no sé si todos los que a diario luchamos contra los problemas que nos ocasiona la obesidad algún día llegaremos a nuestros objetivos, pero hace años entendí que uno no puede vivir en contra de sí mismo, desdoblando cuerpo y mente porque no somos capaces de sentirnos un ser único, completo.

Comprendí que los miedos me discapacitaron, me impidieron hacer lo que quería, yo temía manifestar a viva voz mis pensamientos, el miedo me calló, me ensombreció y así viví por mucho tiempo.

Tanto alimento de miedo me llevó a vivir avergonzada de mi cuerpo, dando explicaciones a todos por mis enfermedades, por si comía o no, (parecía que comer siempre era pecaminoso), médicos y especialistas, búsqueda de soluciones mágicas, sin embargo las respuestas estaban en mí, sencillamente que los miedos me impedían verlas, afrontarlas y asumirlas.

Creo que el trabajo con mi terapeuta, básicamente, me permitió erradicar estos miedos, que obviamente han dejado su huella de tantos años que habitaron en mí, pero a diario trabajo por mi verdad, por amar este cuerpo que tengo, por alimentarlo bien tanto en lo espiritual, intelectual y a nivel físico.

Este cuerpo es mi orgullo y ustedes dirán de qué se enorgullece y sencillamente puedo decir que con el mismo he dado batalla a todas mis luchas, y con él siento que hemos salido triunfantes, con experiencias, con moretones, con dolores del alma, con recuerdos que aún lastiman, pero seguimos transitando, apostando a los sueños, porque ahora tengo espacio para los mismos y cada vez que aparecen los miedos los miro a los ojos y veo lo cobardes que son, así sigo caminando…

Amen lo que son, amen sus cuerpos, somos un todo…

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Me faltan ganas

Persistir, a veces no es tarea fácil, me sucede básicamente cada vez que empiezo el gimnasio, siento que no me fluye con naturalidad ir al mismo, quizás porque me gusta caminar a solas con mi perro, quizás porque básicamente me cuesta la rutina de tener que ir a un lugar en el horario que me determinan.

Excusas, muchas excusas encuentro a la hora de tener que movilizarme hacia el gym, quisiera que me naciera instintivamente, me encantaría estar esperando la hora para ir a sudar y a esforzarme, pero la verdad es que eso a mí no me sucede.

Si bien lo hago y lucho contra la inercia que me detiene en el sillón de trabajo, siento que es una obligación moral conmigo y con lo que tanto predico, sino caemos en la típica frase “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. Sin embargo como este espacio es de absoluta sinceridad también debo contarles estos grises que me suceden, que hay días que me cuesta arrancar, que preferiría ir a tomar un helado o charlar con una amiga antes que ir a correr en la caminadora o sudar hasta sacar la lengua con la bicicleta.

También debo reconocer que cuando estoy allí me siento bien, sobre todo porque hago algo positivo en post de mi salud y de mi calidad de vida, lo que debe ser nuestra prioridad. Pero qué lindo sería si las ganas me salieran a borbotones por el cuerpo y corriera con ímpetu hacia el gimnasio, eso la verdad jamás me sucede, lo que tampoco significa que no tenga ninguna gana, pero eso de tener alma de deportista creo que me lo extirparon al nacer o lo dejé en otra vida.

No soy deportista, pero sí apuesto a hacer deporte, me suelen faltar ganas la mayoría de las veces, sin embargo hago mi mayor esfuerzo para poner lo mejor de mí, lucho a diario contra mis fatigas, mi desgana, mis dolores, mis miles de excusas, contra mis no y esa falta de visión ante lo que a uno le hace bien y le cuesta tanto asumir…

Y allí voy, resistiendo, pero dando un paso a la vez, luchando con esos aspectos de uno que no son saludables, ni positivos, y que es necesario reconocerlos como tales para combatirlos.

Las batallas se ganan a diario, paso a paso y en ese camino estoy, aunque a veces me cueste demasiado…

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