Posts Tagged ‘comida’

Mundo Pesado

En los últimos días fue noticia nuevamente el tema de que la obesidad se ha transformado en una pandemia mundial (http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/06/120615_epidemia_obesidad_azucar_men.shtml), el mundo está pesado, eso se leía, porque las cifras marcan que 500 millones de gordos le están sacando la cintura al planeta tierra, lo que implica que anualmente mueren 3 millones de personas con problemas de obesidad.

Se comienza a poner en boca de los medios de comunicación que el problema no es simplemente que nuestros hábitos cambiaron, el sedentarismo nos invadió a todos, sino que el foco se centra hoy en lo que comemos y que es el principal problema del que poco se ha hablado en estos últimos 30 años en el que la industria alimenticia se transformó y de algún modo todos nos volvimos más adictos a comer mal.

No nos alimentamos como corresponde, muchas de las verduras que saboreamos están llenas de agroquímicos, hormonas, son brillantes, preciosas, de formas perfectas, pero sólo basta probarlas para sentir el gusto exactamente igual de un tomate, zanahoria o un rábano, que por cierto es absolutamente desabrido, uno siente que prueba algo insípido y aburrido.

Ni hablar de la cantidad de productos que hay en el mercado que son tentadores y adictivos, desde las golosinas que se han vuelto “alimentos” cotidianos para muchos y sobre los cuales la industria tabacalera ha puesto todo su dinero para potenciarlos y generar nuevas adicciones, a la comida chatarra con su asociación a la felicidad y los grandes momentos de la vida y obviamente a un menor costo que genera que cada vez más las nuevas generaciones vean una opción de cena o almuerzo a este tipo de “oferta gastronómica”.

Gran cantidad de productos que ingerimos contienen en sus combinaciones químicas la conjugación perfecta para comer más, para necesitar probar un poquito más, para desear lo que comemos no por hambre sino como una necesidad incontrolable.

No sé si es feliz la comparación, pero a veces creo que se habla de drogas y la lucha de los gobiernos contra las mismas y siento que hay otro tipo de productos que cumplen el efecto de adicción para las personas, y estas terminan enfermando por esto y sin embargo como ciertos componentes químicos no están dentro del catálogo de drogas para perseguir nadie hace nada. Es más muchas administraciones estatales del mundo que dicen hoy estar preocupados por la gravedad de la pandemia de la obesidad han sido los que han estimulado industrias poco saludables y han hecho la vista para el otro lado cuando muchos alzaron la voz respecto a la industria alimenticia encubierta.

Si bien el consumo alimentario ha generado gran cantidad de dinero, hay que analizar si los perjuicios que genera esta obesidad mundial no se podrían haber evitado si los gobiernos hubieran actuado más conscientemente al respecto.

No quiero quitar la responsabilidad de consumo de cada ser humano, pero tampoco quiero quitar compromiso a quienes teniendo conocimiento del efecto que podía generar la industria de alimentos dejaron que la misma creciera a pasos agigantados con productos que llevará mucho tiempo sacarlos de la cultura de nuestras sociedades y sinceramente creo que el poder del dinero es mayor que la preocupación por cada persona.

La realidad es que de esta obesidad mundial los estados son responsables y pagarán muy caro su inacción, durante décadas, en lo que respecta a sistemas sanitarios y los efectos sociales y culturales que este problema traerá aparejado.

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Borrar al Gordo

El director ejecutivo de la compañía Disney, Robert Iger, anunció que prohibirá las referencias visuales que sean favorables a la comida basura en sus dibujos animados, series, cintas, anuncios de cadenas y en fin, todos sus medios e incluso parques temáticos.

Estas medidas se fijaron para declararle la guerra a la obesidad, una de las grandes enfermedades de los Estados Unidos y de la población infantil a nivel mundial.

Las reacciones de Disney contra los malos hábitos alimenticios de los más pequeños se iniciaron el pasado mes de marzo con la inauguración de una nueva atracción en el Disneyworld de Florida. Allí se inauguró una atracción interactiva llamada Habit Heroes, cuyos protagonistas son dos superhéroes que luchan contra tres ‘villanos XXL’ –Snacker, Glutton y Lead Bottom– aficionados a la comida basura y al consumo televisivo desmedido. Sin embargo, este polémico enfoque de la obesidad recibió un torrente de críticas, con la National Association to Advance Fat Acceptance a la cabeza, por ser “difamatoria” y reforzar los estereotipos negativos contra las personas gordas.

Contrariamente a lo que se podría esperar, Disney ha hecho caso omiso a la polémica suscitada y ha decido continuar su particular lucha contra esta epidemia, aunque  eso sí, con unas prácticas menos incisivas que las utilizadas en la atracción de Disneyworld. La iniciativa se irá implementando poco a poco hasta el año 2015 –para respetar los contratos contraídos con los anunciantes–, momento en el que no podrá haber ningún contenido publicitario de alimentos que no cumplan con unos determinados requerimientos nutricionales.

Iger defendió esta práctica de la cadena porque “el lazo afectivo que identifica a los niños con nuestros personajes es una oportunidad única para inspirarles una forma de vida más sana”. Además de influir en los contenidos audiovisuales, la factoría de ficción promoverá menús saludables en los parques temáticos norteamericanos –aumentando las frutas y verduras en detrimento de azúcares y las grasas saturadas­–, y publicará consejos alimenticios en sus portales de internet Disney.com y Family.com. La multinacional tampoco consentirá que su nombre ni sus personajes se utilicen para la comercialización de comida que favorezca la obesidad de los niños, según indicó elconfidencial.com

Hasta ahora muchas de las producciones cinematográficas de Disney tienen en sus personajes alguno que tenga sobrepeso y sea estereotipado, en adelante se espera como será el diseño de nuevos personajes en las producciones erradicando a los “gorditos”.

http://todospordisneychannel.blogspot.com.ar/

Copié esta nota completamente porque siento que no tiene desperdicio y que vale la pena analizar un par de puntos que sinceramente me parecieron interesantes, lo que no significa que comparto absolutamente los mismos.

Empezaré por lo que me hizo más ruido, “Disney no representará más a los niños gordos”. No creo que personificar a niños o adultos con sobrepeso implique fomentar la obesidad o apoyarla, básicamente creo que es un reflejo de la naturaleza, de la sociedad y de un mundo diverso.

Borrar a los “gorditos” es una forma de discriminar, de plantear un estereotipo de persona que no es real y por ende es fomentar ideales contradictorios a los valores que ostenta una empresa como Disney que ante todo debe resaltar la variedad de seres humanos y la importancia de cada uno de ellos.

Creo que el tema conflictivo, hoy para Disney, se debe a que ellos han caído en la trampa de sumar a los estereotipos físicos, conceptos, comportamientos, ideas negativas, me refiero sobre todo a las manifestaciones ilustrativas de gordos comiendo comida chatarra, tontos, ilusos, flojos de carácter, malos, histéricos, holgazanes y la lista puede seguir…

Como en una batalla comprometida, Disney dice que para sumar en la lucha contra la obesidad dejará de crear “gorditos”, pareciera que como todo sucede mágicamente en la tierra de los sueños, la obesidad desapareciera, pero la verdad es que ni los gordos se borrarán del mapa, ni lo que pretenden aplicar es adecuado, desde mi humilde punto de vista.

Sinceramente creo que sería más positivo transformar los conceptos que han adjudicado a los gordos y por otro lado dar mensajes positivos con estos personajes que rompen con las reglas 90-60-90 porque la realidad es que dentro y fuera de la tierra del nunca jamás hubo, hay y habrá niños gordos.

Por otro lado plantear un juego que lucha contra la obesidad con personajes absolutamente estereotipados simplemente es patético, paradójico y habla de una falta de cuidado a los niños que puede reflejar ciertas conductas asociadas a los villanos (gordos). Lo que expone más aún la falta de coherencia ante una realidad que hay que enfrentar con otras herramientas, empezando por la inclusión de las diferentes personas y con sus peculiaridades.

Por último siento que habla desde un alto nivel de hipocresía el planteamiento de que al 2015 se buscará un cambio radical respecto a la comida que se ofrece en los parques de diversiones. Siendo Estados Unidos uno de los países con más altos índices de obesidad, esta realidad podría haberse comenzado a atacar hace más de una década. Hoy es políticamente correcto luchar contra la obesidad, el Presidente Obama y su esposa realizan importantes campañas contra la misma, sin embargo me cuesta creer la real preocupación de la problemática por parte de una empresa que continuará vendiendo por un par de años más comida chatarra porque así se respetan los contratos.

Cuando hay decisiones reales que buscan transformar una problemática, también se encuentran los caminos para concretarlas.

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La hora saludable

He visto y sigo comprobando a diario que los colegios apuestan por proyectos de recreos saludables, en algunos casos se mantienen sistemáticamente un día por semana, otros una vez al mes y los más rezagados con una vez al año consideran que la tarea está cumplida hasta el próximo ciclo lectivo.

Sinceramente si los colegios, alentados por programas educativos de la nación, sea el país que sea, buscan crear conciencia les aseguro que están yendo por el camino equivocado. Es imposible pensar, con dos dedos de frente, que podemos generar hábitos en niños y jóvenes porque les damos una vez por semana, en los mejores casos, una fruta en vez de carbohidratos.

Con qué herramientas reales estamos trabajando frente a personas que salen del colegio y tienen miles de estímulos que los llevan por el camino exacto de la comida chatarra o productos que lo último que hacen es alimentar.

Qué poder le asignamos a los alimentos saludables, a una fruta o a una verdura, si solamente la contextualizamos como un proyecto para cumplir con programas determinados por el Estado, pero en donde no hay un involucramiento real de directivos, maestros y coordinadores que muestren con acciones reales un discurso coherente y que habla de la educación por la salud.

Enseñar a alimentarse a las personas debería ser una materia anual que se dicte todos los años, enseñar a cocinar, el valor de los alimentos, de las combinaciones, educar el paladar, el olfato, aprender a contactarse con toda la gama de frutas, verduras, carnes, especies, cereales debería ser lo natural dentro de los sistemas educativos de todos los países para que los niños desde pequeños cultiven el arte de comer sano y variado.

Creo que es fácil quedarse en la propuesta de proyectos, que si bien aportan, en el mundo de hoy no suman sustantivamente si no hay una política seria y constante por detrás que avale este accionar y que potencie este tipo de materias saludables que son para la vida.

Tristemente, es tan fuerte la política de las grandes empresas de alimentos con sus discursos paradójicos y su fuerza publicitaria que es difícil combatirla, sin embargo la educación es la mayor herramienta contra la ignorancia y no comer bien, desconocer toda la gama de posibilidades alimentarias es recluirnos en el oscurantismo frente a todo lo que podríamos comer sano, orgánico y equilibrado para nuestros cuerpos.

Por ello a todos los maestros que piensan en implementar su hora saludable, traten de que el primer paso de estas acciones sea la constante de todo un año para que los niños y jóvenes puedan incorporar verdaderos cambios a su vida en lo que respecta a alimentación.

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Volver a lo saludable

Comienzo de año, nuevas promesas que hacemos sobre nuestros cuerpos, kilos de más que acumulamos en un mes, creo que diciembre es arrasador con todo lo logrado durante el año y ahora a mirarnos al espejo y subir a las balanzas para analizar las sumas y restas de nuestra vida.

Creo que lo importante en estos momentos es mantener la calma, poder hacer un análisis de lo bueno y malo que hemos hecho, siendo conscientes de nuestros excesos, aceptando lo que se ha disfrutado, pero sobre todo buscando equilibrar al cuerpo y mimarlo y depurarlo para que encuentre nuevamente el camino de ser saludable.

Estoy segura que en algunos aspectos nos cuidamos un poco más, mientras que en otros nos pasamos de la raya, vaya a saber qué tienen estas fiestas que creemos que comer todo el día celebrando el fin de un año y el comienzo de otro es la única forma de festejo. Por ello vale la pena reflexionar en qué sentimos que no caímos y en qué no pudimos con nuestra voluntad.

Pienso que el mayor desafío de quienes somos gordos está en el poder de nuestra voluntad, no siempre sentimos que somos dueña de la misma, en momentos la voluntad parece flaquear y nuestra conciencia parece no poder reconciliarse con la misma para determinar que haga lo mejor para nosotros.

Nuestra voluntad se vence ante los encuentros, pone excusas de “un poquito más” como si lo comido no fuera suficiente o como si viviéramos en un estado de hambre constante, donde todo pasa por la boca y el efecto de placebo que nos genera la comida.

Es tiempo de parar, no de dejar de comer, sino de buscar lo más saludable para compartir con nuestras familias, donde nos alimentemos sobre todo y desde el concepto más nutritivo posible…

Por eso a buscar en las verdulerías y en los mercados, en las granjas orgánicas todo aquello que nos ofrece la naturaleza, lleno de colores, con proteínas y vitaminas, rico y sin conservantes… Comer sanamente también puede ser una gran fiesta que vale la pena experimentar.

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Controlar los excesos

Atrevámonos a vivir sin excesos, a ser más fluidos, a no desesperarnos por todo lo que vemos. Sé que a lo largo de los años nos hemos programado para comer, que nos encanta y tienta la comida de solo verla, que los dulces son nuestra debilidad y que los postres pueden con nuestra voluntad, que los encuentros con amigos son con opulentos platos y que la vida parece que tuviera que ser comida.

Sin embargo está bueno pensar que no necesariamente todo lo que pasa por nuestras narices debe ser incorporado a nuestros cuerpos, que parar a tiempo, disfrutando de todo un poco, en su medida, puede ser absolutamente liberador, porque debemos hacer el proceso inverso e ir despegándonos de hábitos que lo único que nos provocan es ataduras con la comida.

Ser esclavos de la comida nos hace adictos a la misma, no nos permite ir más allá de la misma. Nos hemos encajado en el pensamiento de creer que lo único que nos provoca placer es comer, masticar, tragar y terminar llenos sin poder movernos.

No creo que ese sea el camino y tengo claro cuánto nos cuesta a todos desarraigarnos de comportamientos y sobre todo del placer que nos provoca la comida que nosotros nos encargamos de hacer crecer como nuestras panzas.

Sin embargo poder ser más cautos y equilibrados frente a la misma, sin excesos, sin ese deseo que nos lleva a llenarnos la boca sin poder disfrutar es beneficioso y saludable.

Creo que si durante años supimos aferrarnos a ciertos comportamientos debemos hacer el proceso contrario, no el de no comer, sino el de acercarnos con alegría, sin ataduras a los alimentos, disfrutándolos con sabiduría, pero intentando quitarle toda la parte afectiva y emocional que cargamos a cada uno de ellos, para estar libres y comer con verdadero hambre, libres de saber que la comida es nada más ni nada menos que eso, no nuestra vida.

Ojalá en este fin de año, cuando todo pasa por celebrar con comida de por medio, podamos pensar antes de probar cada bocado, sin exigirnos comer cuando realmente no lo deseamos. Que el compartir sea el horizonte, pero que la comida no sea nuestra obsesión, sino parte del encuentro, donde nosotros podemos limitar las cantidades sin sentir que el goce se nos acaba por ello…

FELICES FIESTAS A TODOS Y BENDICIONES PARA SUS VIDAS…

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Aprender a disfrutar

Las mujeres viven para las dietas, gordas, flacas, de pesos equilibrados o exagerados, todas, absolutamente todas en algún momento pasan por una dieta para bajar la vida o unos simples kilitos.

No sé si realmente muchas lo harían racionalmente si no tuvieran la presión de esas otras mujeres que traen el chip, en su genética, de tener que ser flacas como expresión de un modelo social que compramos hace muchos años y del cual no nos desembarazamos…

Hacemos dietas para ir a una fiesta, para tomar un café con las chicas, para el casamiento o para que el sábado todas nos vean. Hacemos dieta porque el mandato matriarcal lo determina y nos persigue con la frase, muy poco feliz, “así no vas a encontrar novio”, como si por tener un cuerpo escultural uno se asegurara el amor eterno (tema para otro post).

La realidad es que hacemos dietas, por las razones más ilógicas, algunas se vuelven tan adictas a las mismas que piensan todo el día en ellas, cuentan calorías, restan energía y creatividad a sus vidas y a sus platos por miedo a comer de más. Otros hacen tantas dietas que un día miran para atrás y se dan cuenta lo mal alimentadas que han estado, el poco sabor que ha pasado por sus bocas y la triste realidad es que ya no saben cómo ver positivamente a los alimentos.

Lo triste de vivir a dieta es la sobredimensión que adquiere la comida, tememos tanto comer que, paradójicamente, pensamos todo el tiempo en ello, nos imaginamos platos que pasan por nuestros ojos y vivimos atormentados por no poder consumir lo que deseamos. Porque lamentablemente muchas mujeres cuando hacen dieta comen mal, porque no van a un nutricionista, sino que hacen la dieta que suponen mejor, la de cerrar la boca, o la de alguna amiga que con ciertas variaciones es exactamente igual y por ello los alimentos se vuelven una obsesión constante.

Lo peor de todo es que cuando la mayoría de estas mujeres ve a otra comer bien, rico, con gusto, sin culpa y disfrutando, critican, tanto que lo más fácil de comentar es “mirá esa gorda como come” (más allá de la cuestión del tamaño se suele decir esta frase) y eso se llama nada más y nada menos que envidia, porque básicamente a veces desearían comer por placer y eso en la regla de vida de muchas mujeres parece no estar permitido…

No nos excedamos, pero dejemos de vivir a dieta, los alimentos saludables son riquísimos, comer nutritivamente puede ser lujurioso para el paladar, apostemos a una vida sana, fluida y equilibrada…

Los quiero…

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Hablando con la comida

“Tengo que hablar con la comida sobre esto” así lo manifiesta Liz Lemon en 30 Rock y viendo su obsesión por la comida, el queso y los hot dogs, sinceramente uno se siente identificada en sus comentarios y actitudes en relación a la comida, que a veces se convierte en nuestra gran psicóloga, amiga de buen oído y la que es capaz de quitarnos cualquier tipo de pena, desde las más absurdas hasta las más dramáticas.
Si bien la frase es muy graciosa, es absolutamente cierta, mi pregunta es por qué canalizamos todo a través de la comida. Si estamos mal buscamos chocolates, dulces, golosinas, hablar con una amiga tiene que ser con una buena merienda, las lágrimas se acompañan con arroz con leche, el stress con comida chatarra, las papas fritas son una debilidad, los encuentros con amigos tienen que tener, de por medio, comidas caseras copiosas, ir a la casa de la tía se conjuga con una deliciosa tarta de higos y los sábados al mediodía son de tortilla a la española.
Hablamos de comida y se nos hace agua la boca, soy de las que ve comer y me da ganas de comer, Liz Lemon me tentó, en un video de tres minutos, con ganas de comer snacks, chocolates, sandwichs y cualquier cosa que parecía satisfacerla. Veo una película y necesito pochocolo o pop corn, como más les guste llamarlo, y el chocolate caliente de la abuela en invierno es sagrado en los cumpleaños de las mujeres de la familia.
Canalizamos a través de la comida, la vida puede ser buena o mala, pero para digerirla se necesita un buen pedazo de torta, un tecito aromático para acompañarla y así las penas, los secretos, las alegrías, las profundas levedades del ser parecen encontrar otra luz. Muchas veces nos sentimos mejor, en otras la comida viene con culpa que se combate con más comida y así el círculo vicioso termina en lo que somos, unos lindos gorditos.
No sé si debemos echarle la culpa a la comida, la gran psicóloga de nuestras noches solitarias, o hacernos cargo de la importancia y la relevancia que le hemos dado y que se ha instalado en todas las partes de nuestros cuerpos sociales e individuales.
La comida es la excusa y es la preocupación, es el punto de encuentro y también de los desencuentros, es la que nos alimenta y la que nos mata, la que nos obsesiona para comerla o vomitarla… La comida es nuestra interpretación del mundo, somos lo que comemos y en la soledad de nuestros mundos podemos estar ajenos a todo y a todos, menos a un buen plato de algo rico que nos escucha, mientras nosotros le consultamos acerca de la vida…

http://www.youtube.com/watch?v=jnv6yriPsAk

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A Enseñar con el Ejemplo

Es tan normal escuchar de boca de los padres, “ya no sé qué hacer con mi hijo, come todo el día porquerías” o “come mal, pura comida chatarra y a cualquier hora”, de este tipo de comentarios hay cientos y cada vez se suman en proporciones mayores.

Sin embargo muchas veces hay poca autocrítica y un sinceramiento real de los padres que son responsables de que sus hijos hayan adquirido esos malos hábitos.

Si la familia es el núcleo primario de relaciones sociales, donde se aprenden los fundamentos para vivir, no podemos hacernos los desentendidos de las razones por las que los niños y jóvenes acuden a la comida chatarra.

Tengo el fuerte recuerdo de mi infancia de la comida casera del hogar, de masticar carnes, de saborear verduras y frutas, de ver cómo cocinaba mi madre y abuela. Podía hasta sonar autoritario el concepto, pero debíamos comer lo que nos preparaban, y experimentar lo desconocido se volvía una aventura.

En aquellos tiempos la comida rápida existía como un concepto lejano, el delivery era una rareza y las casas de comidas para llevar preparaban platos elaborados, donde se tenía en cuenta una variedad de alimentos que eran nutritivos.

Sin embargo gracias a la incorporación como cotidiano de espacios para comida rápida y de tener en la heladera todos los teléfonos de distintas casas de comida, hemos dejado la elaboración de lado, hemos sucumbido a la vagancia de masticar, y esto se traduce en los pequeños que son nuestro reflejo y se han transformado en pequeños perezosos que no quieren probar verduras más allá de la papa, que creen que la lechuga es pasto y la única carne posible es la hamburguesa de Don Mac.

No podemos exigirle a un niño que coma saludablemente, si antes no ve el ejemplo en casa, si no somos capaces de elaborar platos exquisitos que compitan en sabores, colores, gustos y que sean un canto a la vida. Difícilmente estos infantes podrán captar la esencia del verdadero placer de comer con conciencia si los hemos atosigados con pizzas de supermercado, con cajitas felices que les atrofian las papilas gustativas o puras golosinas para calmar sus berrinches.

Y habló yo que soy amante de los chocolates y me encantan los dulces, pero también tengo claro que todo exceso hace mal y lo peor de todo es que nos quita la posibilidad de gozar realmente del placer que nos brindan cuando los sabemos disfrutar de vez en cuando.

No es lo mismo llenarnos la boca de porquerías que probar cada bocado como una experiencia para el paladar y si estas formas de relacionarnos con la comida las perciben nuestros hijos, seguramente contagiaremos una buena actitud en ellos.

Dejemos de retar y reprender a los niños y empecemos a analizar que tan buenos ejemplos les inculcamos para que ellos puedan aprender hábitos saludables…

La comida debe ser disfrutada y estimular los sentidos… si es nutritiva nos llena de energía, salud y nos da otra perspectiva de los pequeños actos cotidianos, como comer con sabiduría…

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Mesa Llena de Amor

Ya llega la Navidad y lo más importante de esta celebración no pasa por la comida que haremos, por los preparativos de los regalos o lo que gastaremos en los mismos.

Lo fundamental de esta fecha es la posibilidad que tenemos de reunirnos en una mesa, no importa el lugar donde estemos, no interesa si es humilde o si ostenta exquisiteces, lo importante serán las personas que allí se sienten, la capacidad de las mismas por mirarse a los ojos y decirse cuanto se quieren…

No nos preocupemos tanto por la decoración, pero si que las sillas sean cómodas para que los cuerpos fluyan y la reciprocidad del amor se desprenda con libertad, para que los abrazos nos nutran y las charlas se concatenen entre unos y otros…

No pensemos tanto en llenar las panzas, pero sí en estimular los sentimientos, usar cada momento para saborear lo que tenemos en frente y agradecer a la vida la posibilidad que tenemos de compartirlo, porque en la mesa navideña está la gente que amamos, la que elegimos, la que nos acompañó a lo largo del año y para la que fuimos de importancia.

Busquemos que nuestra mesa no sólo cuente con el pollo, el asado, la comida fría y todos los chocolates típicos de esta época, intentemos que ella tenga a nuestros abuelos, a nuestros amores, a nuestros padres, a nuestros hijos, a esos amigos que nos atraviesan a diario, a esos otros, no importa el parentesco que son nuestros hermanos que la vida nos regaló y agarremoslos de las manos y sintamos su fuerza y energía a cada minuto mientras se acerca la Navidad…

Y cuando las doce campanadas suenen y el sentimiento navideño nos erice la piel y nos llene los ojitos de lágrimas de tanta emoción, miremos a cada uno de los que nos acompaña, y dejemos que nuestra luz del alma los llene y embargue, agradezcamos por tenerlos en nuestra vida, porque nos acompañan, porque sin ellos nuestra historia sería otra, porque ellos nos han transformado y ese proceso ha sido recíproco, básicamente brindemos porque los amamos y somos felices por ello…

Así que amigos y amigas de esta gran comunidad del mundo, no dejen pasar la Navidad como una fecha para comer, vivan este tiempo con intensidad y convoquen a los que aman para que los acompañen porque la Navidad ya llega y todos debemos vivirla…

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Fiestas con Control

Diciembre es un mes acosador, que mide nuestra fuerza o debilidad, que nos pone a prueba cada día porque llegan las fiestas y parece que hasta el 31 de diciembre todos necesitan despedirse del año, saludarse por la Navidad y celebrar por todo lo reprimido el resto del año.

El tema es que estamos nosotros, los gordos, cuyo punto débil es la comida y por ende debemos controlar nuestra tentación, las ganas de comer, pensar en los planes alimentarios que estamos haciendo para no echar por la borda todo el esfuerzo y los avances logrados.

Sin embargo parece que la palabra de diciembre fuera comer y el modo de hacerlo sería desde la lujuria, pasando por el resto de los pecados capitales.

Para muchos son simples fiestas, celebraciones, encuentros, para nosotros son espacios donde estamos en un estado latente a punto de comernos todo, intentando que la conciencia prevalezca sobre la inconsciencia, pero un leve desliz en ocasiones nos lleva a olvidarnos por completo que comer no significa abarrotarnos de alimentos, por el contrario es disfrutar, saborear, masticar y no tragar en absoluto estado de locura febril.

Intentemos de no perdernos ningún evento de este final de año, pero busquemos moderarnos, para cuidar nuestros cuerpos, nuestra salud y teniendo la conciencia que comer no es lo único que podemos hacer en estos festejos. Tener cierto control de cuánto ingerimos no nos hace perder de nada, por el contrario nos enseña a sentir placer al saborear cada bocado.

Hasta la próxima amigos… y a vivir diciembre…!!!!

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