Posts Tagged ‘obesos’

Un Proyecto Inclusivo

Me siento orgullosa de ser parte de un proyecto al cual le di fundamentación, y agradezco que un hombre haya confiado en mi lucha cuando le dije que hay que generar desde nuestra ciudad el incentivo por la ley de talles.

Vivo en Río Cuarto, en el centro de la Argentina, un lugar en el mundo, de allí soy, en este lugar están mis vivencias, aquí he transitado por lo bueno y lo malo, por todos aquellos momentos felices y los que me dejaron huellas duras para aprender un poco más y desde aquí, donde he experimentado mi historia, es que escribo.

Por eso siento que, aún, cuando mi granito de arena sea pequeño, los cambios deben surgir desde donde somos, desde nuestras comunidades y contextos, desde el lugar que conocemos con profundidad, más allá de los resultados, más allá de que jamás seamos profetas en nuestras tierras, creo que todo intento de transformación para mejorar es un aporte que suma y que puede ser tomado por otras realidades para superarlos y seguir construyendo.

Hace unas semanas hablando con el concejal Eduardo Scoppa de la ciudad de Río Cuarto, le comenté la necesidad de ver el tema de la ley de talles en el contexto local, buscando fomentar la venta de ropa de todas las tallas a través de medidas que estimulen a los comerciantes, en una primer instancia, traer indumentaria de todos los tamaños, sobre todo para personas con exceso de peso. El concejal me dio su apoyo y nos pusimos a trabajar en el tema.

La medida buscará reducir los costos impositivos a todos aquellos comercios que se dediquen a comercializar vestimenta inclusiva, o sea que tanto una persona flaca o extremadamente gorda puedan vestirse apropiadamente.

Este proyecto no busca ser coercitivo, apela a que los responsables de las casas de indumentarias tengan un beneficio por sumarse a esta propuesta, quienes no lo hagan no recibirán el descuento. Pero acá lo más importante es que estaremos estimulando desde el Estado que más personas puedan vestirse, sentirse a la moda, no como un hecho frívolo, sino como un hecho cultural. Porque el simple acto de elegir una ropa hace más libre a las personas y cuando hablo de esto me refiero a que muchos no siempre tenemos la posibilidad de optar, por el contrario compramos lo que nos entra, lo que nos queda, el gusto por lo general queda en último lugar.

Muchas personas terminan haciéndose ropa en modistas o se compran pedazos de tela cosidas, sin formas, que atentan contra la posibilidad de que quien la usa se sienta cómodo, bello, atractivo, por el contrario es vestimenta que tapa a las personas, lejos está la posibilidad de que se luzcan y se puedan sentir bien. Y esto último no pasa por un comentario frívolo, por el contrario, quien siente que puede conseguir ropa y observa una imagen positiva de sí mismo se siente mucho mejor frente al mundo, en sus interacciones sociales y en los procesos propios de transformación que cualquier persona necesita para enfrentar una enfermedad como es la obesidad.

Así que todos los que puedan apoyar este proyecto de normativa en mi ciudad Río Cuarto, y que sea tomado como referencia para otros lugares, les pido que me ayuden para exigir que esta normativa sea aprobada por los concejales de mi comunidad, no como una forma de ser políticamente correctos, sino para que se involucren desde sus bancas para construir una ciudad mejor, donde todas personas puedan vestirse como quieran, donde el gobierno se comprometa a luchar contra la obesidad con políticas inclusivas, donde los comerciantes tengan beneficios por abrir su cartera de productos y no sean discriminados.

La palabra comienza a transformarse en acción y necesito de tu apoyo.

Yo la Más Gorda de Todas

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Amor por el Cuerpo

El 19 de octubre se celebra el día del amor hacia el cuerpo y aunque parezca banal y esté poco difundido en Latinoamérica hay que comenzar a afianzar esta conmemoración, sobre todo como un acto para tomar conciencia sobre lo que somos completamente.

Muchas veces las personas gordas o rellenitas, valoran por demás la intelectualidad, la inteligencia, lo espiritual, se enfocan en esos aspectos de su personalidad porque sienten que con sus cuerpos tienen la batalla perdida, como si los mandatos sociales, los estereotipos impuestos se hubieran apoderado de ellas y en función de los mismos lo único que buscan es tapar sus cuerpos.

Valorar el interior de lo que somos y cultivarlo es directamente proporcional a lo que hacemos con nuestro exterior que a diario se expone, es rozado, es mirado, interactúa, ama, sufre, come, se mueve. Nuestro cuerpo y nuestra alma están ligados, debemos romper con esa manía de querer desdoblarnos, de querer poner en primer lugar a nuestro lado espiritual, como si el cuerpo que nos dio la naturaleza fuera algo malo que intentáramos ocultar.

Basta de querer demostrar cuán inteligentes y buenos somos, mientras dejamos de lado nuestra apariencia, nuestro toque personal, parece que renegamos de vernos bonitas, es más creemos tanto que no lo somos, que como nos sentimos un caso perdido no le prestamos ninguna atención a estos cuerpos que necesitan básicamente amor y ser cuidados y consentidos tanto como nuestra inteligencia y nuestro lado zen.

Hay que dejar de desmembrarse y enfocarse en un solo lado de nuestra esencia, perdemos de vista el todo que incluye a nuestros cuerpos. Quizás no son lo que esperábamos, pero si los cuidamos, y los observamos bien descubriremos que estos cuerpos imperfectos están llenos de vida, de historias, de momentos, con estos cuerpos hemos reído, soñado, con estos cuerpos nos enamoramos y hemos dejado que las caricias los arrebaten de alegría, con estos cuerpos hemos compartido maravillosas cenas, y con estos cuerpos afrontamos a diario la vida…

Así que basta de negar lo que somos, basta de relegarnos, hoy es el día para que pongamos amor sobre nuestros cuerpos, para que lo abraces y lo ames con intensidad, ocuparse de él, habla también de tu espiritualidad y de tu inteligencia. Ocuparse del cuerpo, amarlo tal cual es y hacerlo brillar con toda su belleza te transforma en una mejor persona, porque te estás haciendo cargo de vos y le estás demostrando al mundo cuánto te amás…

Hoy el es día por el amor a tu cuerpo… Amate ya y que dure todo el año…

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Libre Elección

Eso de que remarquen a la gente con adjetivos por lo que son o, mejor dicho, parecen ser, nunca es positivo. Y cuando uno lo vive en carne propia se da más cuenta de cuánto molesta a los demás encajarlos en un nombre, que implica toda una serie de preconceptos de fondo que uno no tiene ganas de cargar.

A pesar de ello las etiquetas se nos imponen y las ideas de cómo debemos vivir en función de las mismas también. Me comentaba Lorena, una lectora del blog que ella es gorda y caminando por la calle con su marido escuchó el siguiente comentario “ese si que está agarrado, pobre tipo, la gorda no lo suelta más”.

Ante todo es patético escuchar este tipo de frases que se expresan por una incontinencia verbal esquizofrénica de muchos que no tienen control de sus pensamientos y de lo que dicen, que no son capaces de mirar más allá de sus prejuicios y preconceptos que han estigmatizados sus vidas y creen que el resto del mundo puede llegar a ser infeliz como ellos si no viven al modo de cabeza de 2×2.

Este comentario deja de lado el libre albedrío de dos seres que se han elegido y lo siguen haciendo a diario, que se aman desde el alma a sus físicos y viceversa, que se gustan como son y que ello implica que se atraen, quieren, desean y necesitan en completitud.

Por lo que suponer que ese hombre es infeliz por estar al lado de una mujer, entre cuyas características está la de ser gorda, es ser muy básicos, más aún pretender que la dama lo tiene agarrado, es llevar el comentario y el pensamiento a un nivel de mononeuronalidad avasallante. Por supuesto aquí se suma el prejuicio de que las gordas no gustamos a nadie y que tenemos como destino quedarnos solas tejiendo bufandas, gran error, a muchos atraemos y no tienen idea de cuánto. El mundo está constituido por seres absolutamente diferentes y si bien todos necesitamos encajar en tales o cuales grupos, reconocernos con determinados ideales, es una realidad que sobre gustos no hay nada escrito y desde este blog puedo asegurarles que he descubierto la gran atracción que hay sobre hombres y mujeres que salen de las tallas estereotipadas por la sociedad.

Por esta razón es que hoy les escribo acerca de esta realidad, sinceramente quisiera no enojarme cuando leo esta clase de historias que los lectores me cuentan, todas de algún modo las hemos vivido, todas son parte de uno y me indigna saber que hay personas en este mundo que no tienen la mínima consideración por el otro, que no cuidan sus palabras y por supuesto se aferran a ideas básicas, carentes de amor y de apertura.

Es necesario abrir la mente, el mundo no se reduce a nuestro cuartito de seguridades, afuera la variedad, la heterogeneidad es amplia, es libre, es única y las elecciones de los individuos habla de sus personalidades, gustos, sentimientos y de sus propios mundos. Como siempre digo vivir y dejar vivir y que quede claro, bienvenidas nuestras diferentes opiniones, pero cuidado cuando con las mismas dañamos y destruimos al otro…

Foto: http://www.villagevoice.com/photoGallery/index/2549757/3/

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Diferencias Gordas de Género

No quiero marcar diferencias, la verdad es que no me gusta, pues quienes somos gordos bastante las padecemos de un modo frecuente y hasta cotidiano, al punto que muchas veces dejamos de notar las continuas diferenciaciones que hacen sobre nosotros porque las asumimos como parte del paisaje que debemos enfrentar.

Sin embargo desde mi lugar de mujer siento que hay una gran diferencia de cómo lo vive el género femenino respecto al masculino, al hecho de padecer obesidad, ser gorda, o simplemente tener un rollito de más.

Podrán decir que es una mirada feminista, la verdad no pretendo caer en ese juego, pero a simple vista, en el contacto de caminar la calle y ver a otras mujeres y hombres que tienen sobrepeso, siento que la mirada que cae sobre la mujer gorda, en muchas ocasiones, es absolutamente denigrante, agresiva, discriminatoria y hasta misógina.

Yo puedo hablar desde mi propia experiencia y decir que en muchas ocasiones, caminando por la calle, en vez de recibir piropos, escuché gritos con insultos, burlas, risas irónicas y la verdad es que en esos momentos quería tener una excavadora para abrir un hueco allí mismo y esconderme 10 metros bajo tierra, porque a determinada edad uno ni siquiera contesta, ni se defiende, sigue caminando con el ego roto y la dignidad hecha trizas.

Debo aclarar que por lo general, si bien las mujeres a veces somos más hirientes, no es común ver que griten en la calle o en ámbitos privados a otra mujer y menos a un hombre, este tipo de acción es frecuentemente ejecutada por otros hombres que despellejan a cualquier mujer gorda que se tope en su camino, ni hablar si los hombres están en grupo, uno debe esperar un rosario de improperios, donde una es comparada con todos los animales de gran tamaño del mundo, te invitan a que vuelvas al zoológico, o que te escondas en un convento de clausura para evitar ser vista por ellos o para dejar de tapar a “las mujeres lindas” (léase con medidas 90-60-90).

Los hombres, no padecen este tipo de situaciones muy poco felices, no quiero ser tajante con este comentario, porque seguramente algunos podrán dar ejemplos de insultos hacia sus cuerpos, sin embargo en el diario acontecer la mujer gorda es el objetivo de mayores burlas y comentarios muy poco afortunados, lo que genera que muchas teman salir de sus casas, asuman actitudes de absoluta timidez y se oculten tras la “vergüenza” de sus cuerpos, porque eso terminan sintiendo por sí mismas y todo lo que son.

Es fácil decir “uno debe amarse” y a través de este blog inculcamos que el amor hacia los que somos nos salve, sin embargo siento que esta tarea se dificulta y es importante decirlo cuando uno se encuentra en un mundo donde la necesidad de marcar diferencias lleva a herir mucho a otras personas, en este caso mujeres gordas, cuando la verdad es que no hay necesidad de hacerlo.

Y si bien quien prodiga el insulto en ese mismo instante se para desde un lugar que habla muy mal de sí mismo, nada ni nadie quita el dolor sobre la persona que lo recibe. A no hacerse cargo, claro que sí, a no asumir la mierda ajena, que sólo es proyección de miedos, dolores y mala vibra ajena, pero también a exigir respeto, a contestar con altura cuando uno lo siente, a rebelarse ante el sistema que pone a las mujeres como gordas de distintas faunas, mientras que el hombre es morrudito o grandote.

Las mujeres gordas merecemos respeto y empezar a ser miradas de otro modo, porque no me cansaré de decirlo la belleza es sólo un reflejo exterior de lo que somos interiormente.

Foto: Curve Appeal Austin

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Falta de Sensibilidad

Las señoras a veces suelen no tener límites, ni escrúpulos a la hora de hablar, menos aún cuando se trata del cuerpo ajeno y por supuesto si hay una jovencita rellenita, con curvas y pancita, objetivo adecuado para ir sobre ella y verter opiniones sobre su cuerpo que no tienen razón para ser hechas, pero que sin embargo salen de sus bocas como escapando de un reclusorio.

“Ay, qué gordita estás, cuándo vas a bajar esos rollitos” escuché decir semejante frase obesa a una señora excedida en años, cirugías y poca amabilidad, a pesar de intentar dar con el tono amable, no lo logró y precisamente se lo dijo a una adolescente que se perdió en las rojas tonalidades que le aparecieron en su cara, mientras su madre, que estaba cerca, intentaba explicar que la nena hacía dieta, como dándole la razón a esta señora carente de comentarios oportunos.

Me quedé mirando de lejos la situación, observé lo perdida que se sintió la niña, incómoda, se tapó un poco más su cuerpo con el buzo que tenía, en una época donde el calor aún resiste y sentí que deseaba que la tierra la tragara. Una sonrisa falsa trató de sortear la situación y por supuesto antes de irse la señora volvió a la carga de sus consejos poco felices, diciéndole “cuidate, comé poquito, sino no vas a conseguir novio, ni ropa, ni nada”.

A la jovencita se le borró todo atisbo de alegría, por el contrario se le cambió el rostro al punto de que hubiera salido llorando del lugar, se mordió los labios, apretó sus manos con fuerza y caminó perdida, con una madre que intentaba explicarle que eran los comentarios de una señora mayor y la nena se sintió aún más sola…

Situaciones como estas las viví en carne propia y cotidianamente suceden, podría asegurar con certeza que a diario muchas adolescentes padecen de escuchar hablar sobre sus cuerpos como si no les pertenecieran, como si por ser gordas los demás tuvieran el derecho para opinar de sus contexturas, de lo que deben o no hacer y lo peor de todo es que esos comentarios tan facilistas, para muchos, como el de “debés bajar de peso” pegan duro sobre la mente, cuerpo y espíritu de estas personas que a diario batallan entre el ser y el deber ser social.

Hay muchas chicas y también jovencitos a quienes estos comentarios destruyen al punto de caer en enfermedades como la anorexia o la bulimia y los que no, sienten frustración, creen que son feos, que nada bueno se pueden merecer al tener un cuerpo así.

Hablar del cuerpo ajeno y aconsejar sobre lo que se debe hacer con el mismo es una forma de violentar a la persona cuando no se dice en buenos términos. Si fuera tan fácil ser flaco estoy segura que muchas chicas y chicos optarían por hacer un plan de alimentación que acabara con sus kilos de más, que implican mucho más que grasa contenida, porque es sostenerse frente al mundo con los prejuicios que implica el ser gordo. Pero bajar los kilos es una tarea que requiere mucho más que cerrar la boca y comer con moderación y lamentablemente los preconceptos siguen instalados atentando contra la sensibilidad.

Y también hay que tener en cuenta que muchos se sienten cómodos con sus cuerpos gordos, pero el imaginario social que se ha construido ha llevado a muchas personas a creer que lo correcto es ser como los patrones sociales, aún a costa de la propia genética que lleva a tener cuerpos más grandes o de las propias decisiones, porque, aunque suene extraño, hay personas que gustan de ser gordos, más allá de las implicancias de su salud y esto también es una decisión frente a la vida, que se puede compartir o no, pero que también debe ser respetada.

Pienso en esta jovencita tratando de encontrar respuestas a los cuestionamientos de la señora, imagino respuestas tales como “quién determina que debo bajar de peso” o “qué tristeza que para conseguir una pareja sólo se requiera un cuerpo flaco”, sin embargo muchas veces las palabras que atacan al cuerpo, son precisamente las que uno se come en forma de amargura, de dolor y hasta de comida…

Comencemos a ser responsables de nuestras palabras y también a defender lo que somos, porque si estamos felices con nuestros cuerpos que nadie externo que crea que podemos estar mejor, según su visión de la vida, nos haga creer lo contrario.

Y por otro lado, podemos sentir que nuestros cuerpos no son lo que esperamos, que queremos modificar muchos aspectos del mismo, es absolutamente entendible, pero a tener en cuenta de que los cambios se hacen desde el amor propio, respetando la naturaleza, buscando ser cada vez más nosotros y no una imagen ficticia de lo que nos quiere imponer el sistema.

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El Amor no Daña

Hace unos días había comentado acerca de la muerte de la joven Isabelle Caro que había expuesto su cuerpo en post de una campaña de conciencia contra la anorexia, lamentablemente en el día 20 de enero los titulares se siguen relacionando con este tema al manifestar crudamente que la madre de la joven se quitó la vida a causa de no soportar el dolor de la partida de su hija, de la culpa por haberla internado y vaya a saber todo aquello que los titulares no describieron por desconocimiento y que sintió esta mujer para llegar al punto de quitarse la vida.

Este hecho me afectó un poco más al leer que Isabelle en su autobiografía había manifestado que su madre tenía un rechazo con que ella creciera y por ende la tenía muy encerrada en su hogar.

Sin ánimos de juzgar la vida de estas personas, este hecho me hizo pensar y mucho acerca de nuestra realidad y la de los otros, obesos, anoréxicos, gordos, bulímicos, rellenitos, flacos, y la relación con los padres…

Por una cuestión de cercanía, porque la familia es la primera institución y desde allí el ser humano se forma, crece y desarrolla su primer ciclo vital, creo que es importante pensar el rol de los progenitores y las expectativas de los mismos sobre sus hijos.

Todo padre proclamará a los cuatro vientos su amor incondicional hacia los hijos y nadie duda de que sea así, pero muchas veces el amor cobra formas que a mi modo de ver son cuestionables y perversas cuando en post del bienestar de los hijos se pretende que sean o luzcan lo que no son o no pueden ser.

Ya sea cuestión de la genética, falta de voluntad, por amor a la comida, por mala conducta alimentaria, muchos niños o adolescentes padecen trastornos alimenticios que se reflejan en sus cuerpos obesos, gordos o rellenitos, y uno percibe que hay padres detrás que en vez de ayudar a cambiar comportamientos, a transformar las pautas familiares para colaborar con la buena nutrición de ese integrante del núcleo social base de todo ser humano, lo que hacen es reprimirlo, ironizar sobre el mismo, tener actitudes negativas y un discurso absolutamente lejano, donde en vez de sumar, sólo se resta sobre ese ser que en muchas ocasiones se oculta un poco más detrás de la comida…

He leído hasta el cansancio y debo confesar que muchas veces he llorado por comentarios de distintos lectores por las faltas de respeto sufridas por gente a la que aman y que dicen amarlos, yo también he sufrido el acoso de gente cercana a mi entorno que en vez de ayudarme, sólo proyectaban sus miedos sobre mi persona y saben lo que creo, al menos lo que me sucedió a mí, que uno termina comiéndose al gordo que todos temen y uno se termina calzando en esos zapatos y vive como tal, como todas esas proyecciones que hicieron sobre uno…

Yo no dudo del amor, pero creo que a veces también hace daño cuando no hay una mirada sobre el otro, poniéndose en su lugar, en su realidad. Sigo insistiendo en lo mismo, tal vez algún día todos lo comprendamos, así como hay una genética que transmite ciertos genotipos, también cada ser humano es único y su cuerpo un universo en sí mismo que no se parece al de ningún otro ser, por ello pretender que un hijo sea igual a otro o que sea como los padres o peor aún como el imaginario que se construyo en los sueños es un absoluto acto de egoísmo y no es lo mejor que se puede legar.

La mejor herencia está en el amor profundo, en ayudar y acompañar a los hijos a enfrentar el mundo y los problemas ante todo aceptando y reconociendo lo que uno es en su completitud, el verdadero amor descubre que desde la absoluta diferencia se puede luchar y crecer.

Y ante todo creo que debemos ser amorosos con el envase con el que vinimos a este mundo, porque el mismo contiene todo lo que somos, mente, alma, músculos, sangre, sentimientos. Somos un todo y nos construimos desde ese lugar o sintiéndonos fragmentados al no poder cumplir con ciertas expectativas que por lo general, cuando somos chicos, no pensamos si son las nuestras, porque en este proceso de crecer la familia es fundamental y si no hay apoyo de la misma, la vida se vuelve muy dura…

Creo que si uno ama a su hijo, hermano, familiar de cualquier tipo, uno debe ser un apoyo fundamental en la vida de ese ser, si tiene un problema de alimentación, hay que acompañarlo, pero no maltratarlo o hacerlo sentir un monstruo o un bicho raro porque su forma extremadamente gorda o flaca no cumple con los parámetros que uno ha creado en su cabeza, muchas veces por pautas sociales.

Si tantas personas que son hirientes e irónicas con quienes tienen un problema o quieren ser así por decisión, descubrieran el daño que hacen y cuánto lastiman a un ser, al punto de hacerle cambiar rumbos y destinos en su vida porque los martirizan tanto que muchos terminan recluidos y encerrados, creo que pensarían dos veces antes de hablar o maltratar…

El amor no daña y eso es necesario entenderlo, porque sino en nombre de algo tan puro se cometen atrocidades con las vidas de muchas personas y eso no es justo…

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Igualar las Diferencias

`Ni para optar a un puesto de trabajo, ni para viajar en avión, tren o autocar. En ningún caso una persona obesa puede ser tratada de forma diferente a otra por el hecho de ser obesa. El proyecto de Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición que ayer aprobó el Consejo de Ministros incluye la prohibición expresa de “cualquier discriminación directa o indirecta por razón de sobrepeso u obesidad”. Un artículo que, según explicó el presidente de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y nutrición, Roberto Sabrido, “es fruto de la observación de la realidad”.´(http://www.elpais.com/articulo/sociedad/ley/perseguira/discriminacion/obesidad/elpepisoc/20100904elpepisoc_3/Tes)

Es una buena nueva para el mundo de las personas gordas sentir que se están tomando acciones en post de leer críticamente la realidad, es decir después de que asociaciones de personas gordas de España se quejaran reiteradamente, sus legisladores han comenzado a trabajar en post de incluir y que todos puedan vivir con los mismos derechos.

Y hablar de igualdad de oportunidades para todos queda muy bonito en la letra escrita, en la frase hecha, pero la verdad es que no siempre uno lo vive de ese modo, por ende que la ley contemple estos aspectos para que nadie sea discriminado aporta en post de un cambio de actitudes de muchos.

De todos modos, este tipo de acciones sirven básicamente para revisar las acciones de todos, para que las personas obesas estén alertas frente a situaciones poco felices donde son excluidos y relegados, para hacer notar estos hechos, denunciarlos y exigir el mismo trato que todos.

Que en el mundo se tomen en cuenta a todos, no habla de querer igualar a todos, por el contrario hablar de aceptar y convivir con nuestras grandes diferencias, porque nadie es igual a otro y menos nos deben tratar de encasillar en estereotipos. Bienvenida la inclusión de todos como seres humanos diferentes.

Yo la Más Gorda de Todas

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Comer con Julia y Julie

Como buena gorda que soy, como que me hago llamar Yo la Más Gorda de Todas debo recomendarles una película a quienes les encanta comer, disfrutan de los sabores y olores que emanan los platos y más aún aman cocinar.

La película es Julie/Julia y habla básicamente de dos mujeres de distintas épocas que a través de la comida muestran su esencia más exquisita, una cocinera y buena probadora de sabores, Julia, y otra escritora, Julie, que transforma sus días realizando, durante un año, las recetas de Julia Child.

Sinceramente ver la película fue observar la exacerbación del placer de cocinar y comer, desde un lugar, podría decirse, ajeno a las imposiciones actuales en donde parece que las personas se avergonzaran de hacer comidas sabrosas, abundantes y absolutamente deliciosas, ni hablar de que uno reconozca que ama comer y como mínimo almuerza y cena.

La película tan lejana a la realidad actual, donde lo lógico sería ver mujeres haciendo dietas, muestra a dos mujeres que a través de la cocina experimentaron el amor, las angustias, los fracasos, los éxitos y a través de cada plato pusieron lo mejor de sí mismas para ir mucho más allá con sus vidas…

Quería compartir esta película con Ustedes y aconsejarles que la vean, con chocolates cerca, con frutas, verduras y salsas, con un poco de carne en la heladera porque luego de ver semejante film correrán a querer cocinar y obviamente a comer…

Yo la Más Gorda de Todas

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