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Palabras de más

Sinceramente me tiene cansada comprobar la falta de tacto y cuidado hacia la sensibilidad de los demás cuando personas públicas no piensan por un segundo en cuánto pueden afectar la realidad ajena.

En Argentina hay un programa de mucho raiting llamado Showmatch donde las personas bailan, en este certamen participó Jennifer Owczarczyn, ex participante de Cuestión de Peso que bajó 70 kilos.

Esta joven fue parte del concurso de baile y perdió en una eliminación y un periodista de espectáculos Augusto Tartufoli expresó lo siguiente: “Temor entre los tenedores libre chinos y los buffet froid por la eliminacion de Jenny d ‪#showmatch”.

Muchos podrán decir que el comentario es gracioso, que fue con sentido del humor, yo la verdad es que no lo puedo ver de ese modo. Ya mi post anterior hizo referencia al caso de una actriz colombiana que expresaba las ventajas de ser gordo de un modo repulsivo y ahora leer este comentario dicho con ironía y pretendiendo ser gracioso me duele porque pienso en la persona involucrada, que siempre son los que en mayor o menor medida terminan siendo tristemente vapuleados.

Días atrás escuché un programa de la Radio W de Colombia, La W, donde la actriz Alejandra Azcárate defendió su columna sobre “las 7 ventajas de la gordura”, pidiendo disculpas a los que se sentían ofendidos y sinceramente me pareció valorable que lo manifestara, sin embargo no me quedó en absoluto claro que esta mujer pudiera dimensionar al punto que había herido a muchas personas y en el fondo me sonó vacío su mensaje. <iframe scrolling=’no’ frameborder=’0′ src=’http://www.wradio.com.co/playermini.aspx?id=1717937′ marginheight=’0′ name=’20080119csrcsrnac_5′ height=’190′ marginwidth=’0′></iframe>

Laura Agudelo, o Laura by Ricci como me gusta mencionarla, un colega bloggera de La Pesada de Moda manifestó al aire de la misma radio la gravedad de la columna de Alejandra Azcárate y reflexionó acerca de que muchas personas o mujeres o niñas luego de enterarse de tales comentarios podrían sufrir el vapuleo o el insulto de otras tantas que se ponen en el lugar de ironizar a los demás.

Azcárate aclaró que era su opinión y obviamente ella como Augusto Tartúfoli están en todo su derecho a manifestar lo que piensan, aún cuando puede ser duro para los demás escucharlo, el tema es que hay un límite y es el otro ser humano que se involucra, ironiza y al que se afecta de un modo tremendo.

Yo creo que nadie tiene que coartar su libre expresión, pero sí hay que pensar cuánto somos capaces de sumar o restar con nuestros comentarios a muchas vidas. No porque nos embanderemos detrás de la posibilidad de decir, tenemos derecho a ensuciar, maltratar, ironizar a otro y si lo hacemos debemos preguntarnos qué estamos dando en esta vida para sólo provocar dolor en los demás…

Paz a todos y ojalá pensemos un poco más en el mensaje que damos…

Yo la Más Gorda de Todas

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Palabras que hieren

Pocas veces me ha sucedido a lo largo de 227 columnas de Yo la Más Gorda de Todas de sentarme a escribir con una furia que me cuesta manejar y que debo controlar para permitir que mis pensamientos fluyan del modo adecuado.

Amigas colombianas a las que estimo y quiero con el corazón y que se encuentran en la misma lucha, dos periodistas de las buenas, dos Lauras, Laura Castro Cárdenas y Laura By Ricci, me han hecho saber una de modo personal y otra a través de su columna http://lapesadademoda.blogspot.com.ar/2012/07/confieso-que-soy-gorda-tremendo.html?showComment=1341535927406#c5161965322637381213 acerca de un post que ha publicado en su blog la señora Alejandra Azcárate, actriz colombiana, a quien hoy descubrí del modo más triste y poco feliz que pueda imaginar.

Sinceramente soy de las que trata de pensar bien de la gente, soy de las que cree que todos tenemos la capacidad de transformar lo malo en bueno, pero a veces me topo con pensamientos que si pretenden ser graciosos realmente no logran el cometido, sobre todo cuando se trata de faltarle el respeto a muchas personas.

Alejandra Azcárate escribió en su blog “Las 7 Ventajas de la Gordura” donde se explaya con ironía manifestado conceptos como… No piensan a la hora de comer. Esa es una invaluable sensación de libertad. No se mortifican por los horarios adecuados para ingerir los alimentos ni mucho menos se estresan por la escogencia de los mismos. Una bandeja paisa al desayuno no es una posibilidad absurda, al contrario, puede ser una realidad semanal”.

“Se sienten como unas princesas (…) Los hombres les ceden el puesto por miedo a que se les sienten encima, las miran con ternura para evitar una agresión, les sonríen, las saludan con palmada en el hombro, les corren la silla porque no caben, les abren la puerta del carro para cerciorarse de que sí entran y no las morbosean porque rayarían con la aberración”.

“En el sexo se desinhiben con facilidad (…) No tienen límites, no les preocupa si la luz está prendida o apagada, no las altera ninguna posición, saben con certeza que su fortaleza es generar placer hasta el punto de hacerle olvidar a su pareja la sensación de estar amasando un sofá abullonado”.

La playa o el plan de piscina no las cohíbe. Uno las ve pavoneándose sin pareo y sin el menor pudor. Se asolean como un sapo boca abajo desparramadas sin tapujos. Con la bronceada se les marcan los pliegues a los cuales el sol no alcanzó a entrar, quedan llenas de líneas como si hubieran sido atacadas por un león y no les importa. Salen de esqueleto, ombliguera o shorts, frescas”.

La autora de semejante escrito del tamaño, evidentemente de su discriminación, finaliza con “Dejen de pensar que son de huesos grandes, que retienen líquido y que el color negro adelgaza. Están gordas. ¡Asúmanlo! Y así suene cruel, es la cruda verdad. Ojo no con la tiroides sino con la ‘mueloides’ y sobre todo no olviden que uno gordo se ve lindo solo cuando es bebé”.

Frente a lo expuesto siento que una vez más debo alzar mi voz desde mi espacio y como ser humano que detesta cualquier hecho de discriminación, que en un principio es solapada e irónica y luego se vuelve cruel, reflejo del pensamiento de una persona que evidentemente no le importa en absoluto la sensibilidad de quienes padecen obesidad y luchan a diario por aceptarse, por amarse y por tratar de tener calidad de vida más allá de sus kilos.

Sería importante que la Señora bloguera entendiera que sus palabras tienen repercusión y que no se puede andar por la vida ofendiendo de ese modo a muchos seres humanos que viven afectados por la enfermedad, que alzan banderas en post de la aceptación, que buscan romper prejuicios y observar a cada cuerpo como una magnífica obra de arte más allá de su tamaño.

Evidentemente hay gente que no puede pensar más allá del 90-60-90 y es lamentable porque muchas personas tienen poder y convocatoria y eso se traduce en que suman a la discriminación social aceptada que viven nuestros pueblos en todas partes del planeta y que muchas veces afecta a seres con alto nivel de vulnerabilidad.

Hay muchos que no piensan lo que dicen, menos aún que sus palabras pueden calar tan hondo que así como pueden sanar, también pueden destruir todo un mundo y creo que básicamente me molesta ese escrito porque pienso en las niñas, adolescentes y mujeres que no se sienten cómodas con sus cuerpos y que pueden leer estas líneas. Desde el lugar en que alguna vez me sentí mal con lo que era, me planto y desde esa experiencia entiendo que no está bueno hablar con tanto desenfado, ironía y falta de respeto.

¿Cuál es el objetivo de maltratar a mujeres gordas, ser más cool? Vivimos en un tiempo donde muchos se paran al frente del resto vapuleando a sectores sociales por la condición que sea que los hace “diferentes” y creen que pueden decir cualquier cosa en post de marcar territorio, tener más prensa y estar en boca de todos…, pero me pregunto, ¿vale la pena que sea de este modo?.

Quizás estoy buscando justificativos para entender por qué una persona lastima a otra y la verdad no encuentro respuestas, menos aún que una mujer que seguramente debe tener sus conflictos e inseguridades como cualquier otra no sea capaz de medir la oscuridad discursiva planteada.

Tengo claro también que en las revistas siempre hay todo tipo de pensamientos, pero hay una responsabilidad social de cada empresa y creo que ese poder hay que ejercerlo para bien. No sé cuál es límite, porque creo que todos tienen derecho a expresarse, incluso esta mujer que siento que ha dicho barbaridades, pero mi preocupación radica en que la palabra tiene un valor, está cargada de contenido y si no nos hacemos responsables de la misma y de lo que manifestamos cuando proclamamos un concepto estamos mal de principio a fin.

Por último como gorda de tres dígitos, que la lucha a diario, que tiene recaídas, que cree en sí misma, que aprendió a verse bella más allá de la silueta social que se impone, que come con gusto, que llora ante la injusticia, que sufrió mucho por no amarse, que redescubrió su cuerpo como una obra divina, que trata de poner luz desde los pensamientos, que se equivoca, quiero que sepa, con todo respeto, esta señora Alejandra Azcárate que la vida no se construye siendo políticamente incorrecto para generar un impacto, la vida se gesta desde la buena siembra, para que la cosecha sea positiva y hoy no creo que los frutos de sus palabras sean agradables para su alma…

Ojalá Alejandra tenga la valentía para reconocer que esta vez se equivocó y como creo en la capacidad de transformarnos y recrearnos deseo que sus próximas palabras sean una enmienda para todos los que se sintieron vulnerados.

Lo siento, perdona, gracias, te amo… (palabras que sanan y que nos ayudan a todos)

Yo la Más Gorda de Todas

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“El gordo” es tu hijo

Cada vez más niños gordos se perciben en las calles, producto de realidades que combinan el sedentarismo, la comida chatarra, la falta de estímulos deportivos, la adicción a las redes sociales que circunscribe todo frente a una computadora y que genera niños autómatas con poco aire libre en sus cabezas.

También cada día hay más padres que se quejan de que sus hijos son gordos, pero que son poco conscientes de su responsabilidad frente a los mismos y que además creen que diciéndole frases como “dejá de comer”, “así no vas a llegar a ningún lado”, “mirate lo gordo que estás” pueden generar algún tipo de efecto, sepan que no ayudan en absolutamente nada para cultivar seres que se amen y realmente se respeten a sí mismos.

Por lo general esos niños callan el maltrato, asumen esas frases hechas como una verdad, aceptan los valores que concentra el concepto de gordo que tiene que ver con aspectos negativos de la persona y se construyen como seres débiles, sintiendo que no encuentran personas que los quieran bien y puedan ver más allá de sus kilos.

Paradójicamente tapan los dolores, las angustias, sus faltas de amor con comida, escapan ilusamente a través de cada bocado y dejan de pensar en cuánto comen o lo que incorporan a sus vidas, porque el verdadero tormento está al acecho constantemente, entonces la comida se vuelve una vía hacia el olvido, al menos por un rato.

Detrás están estos padres que no miden bien lo que dicen, que creyendo que los harán reaccionar a sus hijos, supongo de no comer, generan el efecto contrario o quizás sus hijos dejan de comer y allí se sumergen en otra enfermedad, cuando la solución real no pasa por la comida y la ingesta de la misma.

Hay una responsabilidad profunda que tienen los padres y de la que se deben hacer cargo y es aprender a construir con sus hijos un mundo saludable a su alrededor. Si el niño come en exceso, no hace gimnasia, sólo ve televisión y está gran cantidad de horas frente a la computadora significa que no hay un padre que esté controlando la situación, que lo esté ayudando a salir de ese contexto vicioso de sedentarismo para experimentar nuevas opciones en su vida.

Sumemos que los hijos son el reflejo de sus padres y si éstos no dan ejemplos claros y se comprometen con los niños o adolescentes difícilmente ellos puedan asumir conductas que se les exigen, pero que no se les demuestran, sumado a que cada palabra cobra un valor inmenso y si le hablas positivamente a un pequeño de sí mismo crecerá como una gran persona y ser humano, si por el contrario tus palabras son negativas seguramente crecerá un adulto con una profunda debilidad de creer en sí mismo y de manifestar su real potencial.

Foto: http://ngordo.tumblr.com/

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Palabras cercanas

Cada cierto tiempo es normal que reciba un mail de alguna mujer, desde niñas hasta mujeres grandes, pidiendo ayuda. Básicamente el grito desesperado es que no se encuentran en sus cuerpos y preguntan qué hacer, algunas otras piden dietas para bajar de peso mágicamente y otras tantas hablan de posturas extremistas, que sinceramente me entristecen muchísimo.

Yo la Más Gorda de Todas es un espacio que relata mi visión sobre la obesidad, sobre todo desde mis experiencias y la construcción de lo que he aprendido a lo largo de los años. Este blog busca acercarse a las personas con problemas de obesidad y de autoestima sobre todo porque muchas veces la problemática de una persona gorda es exactamente igual a la de una flaca extrema o de otras personas con diferentes particularidades.

Entre mis posts de hace varios años no van a encontrar fórmulas secretas, ni dietas mágicas, ni recomendaciones para bajar de peso, entre mis palabras que buscan acercarse a ustedes hay una mirada a veces crítica sobre la realidad de las personas gordas, graciosa, busca elevar el amor propio de los seres humanos y ante todo pretende acercar a cada persona con su propio cuerpo para que lo ame y lo acepte tal cual es. Soy una convencida que quien se asume como tal es capaz de cambiar lo que le molesta y en última si no desea hacerlo puede enfrentar la vida sin vergüenza, ni dando explicaciones de las razones por las cuales se es gordo.

No me molestan los comentarios de quienes piden ayuda, ojalá mis palabras puedan ser una pequeña semilla que los ayude a estar mejores, pero tengan claro que aquí no van a encontrar propuestas que pueden hacer peligrar su salud. Siempre digo lo mismo si quieren bajar de peso busquen a un profesional de la salud, que por algo estudió tantos años, para que les haga un plan nutricional acorde a sus necesidades, a su vida, a su peso, altura y a todos los factores sociales y ambientales que los influyen. Si sienten que el problema con sus cuerpos es más hondo busquen a un psicólogo que se especialice en la problemática, la realidad de quienes somos gordos es muy compleja y hay personas capaces que pueden dar las herramientas para que uno vuelva a reencontrarse como un todo.

Por último recurran a quienes los aman, hablen con ellos, con esas personas que más los conocen y si estas personas no actúan como esperan y en vez de apoyarlos toman actitudes que ustedes sienten agresivas tengan el valor para manifestarles el daño que les hacen a sus almas. A los dramas y dolores hay que expresarlos como tales, no hay que guardarlos, es lo peor que podemos hacer. Quizás mostrando todo lo que sentimos pueden entendernos más y siempre hay una persona cerca de nosotros que nos dará el apoyo y la contención necesarios para enfrentar los problemas…

Como siempre saben que me encuentran aquí, entre palabras, experiencias, relatos y la vida misma… Los quiero…

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Ser uno mismo

En muchas ocasiones nuestro cuerpo es de los otros, nos construyen desde la palabra, quizás desde chicos nos llaman “la gordita”, “el morrudito”, “el gordo”, por lo general son palabras dichas cariñosamente que nos hacen, nos forman, somos lo que los otros dicen de nosotros.

Cuantas veces dejamos de creer en nosotros mismos porque los demás ya estipularon cómo éramos, somos y seremos, desde nuestros padres, vecinos, amigos, familiares, compañeros de trabajo y la gente común y corriente, que suponen que por tener determinadas características ya pueden catalogarnos de un modo.

A la gente le encanta opinar sobre las personas, sólo basta que tengan alguna particularidad que llame la atención para enfocarse en la misma y agrandarla a extremos tan grandes que uno siente que es una bola de grasa, en el caso de quien es gorda, o una jirafa si se es alta o una cicatriz con patas quien tiene alguna herida evidente.

Se apropian de nuestras vidas, suponen lo que no es, muchas veces me ha sucedido escuchar recomendaciones que comiera menos, mientras impunemente me frotaban la panza, cuando ese no era el problema de mi exceso de peso y en el caso que lo fuera tampoco había derecho a que se metieran en mi vida. Muchos te hablan como dueños de la verdad y presuponiendo que te conocen te juzgan sin ningún pudor, te describen y encasillan, creo que eso es lo que más les gusta, y uno se queda al borde de la ira, intentando ser prudente para no ponerse en el mismo lugar que ellos.

Hay seres humanos que tienen tan poca vida propia que necesitan de encargarse de la ajena para sentir que pueden llenar su vacío existencial, lamentablemente optan por el camino más insalubre de centrarse en otras personas y en muchas ocasiones las afectan negativamente, porque sus palabras hablan de uno, se reproducen y de alguno modo también somos lo que los demás dicen de nosotros.

Obviamente que es importante el trabajo de la autoestima, del amor propio, de la claridad para saber quién es uno, pero la verdad es que no todos los seres humanos a lo largo de sus vidas tienen esa mirada tan consciente, menos cuando se es pequeño que el entorno te afecta en la construcción de la personalidad. En cierta edad o en ciertos estados del hombre escuchar que la construcción del afuera se basa en palabras negativas, en incapacidades, en la diferenciación como si fuéramos bichos extraños que no encajamos es dura y muchos terminan creyendo que no son parte, que no son bellos, que no tienen un lugar, que son incapaces, que están equivocados, que viven mal, que no son queridos y el resentimiento suma tanto dolor que en muchas ocasiones las consecuencias son graves e irremediables.

No dejes que el entorno diga quién sos, sé vos mismo y mostrale al mundo tu valor y poder en esta tierra…

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Falta de Sensibilidad

Las señoras a veces suelen no tener límites, ni escrúpulos a la hora de hablar, menos aún cuando se trata del cuerpo ajeno y por supuesto si hay una jovencita rellenita, con curvas y pancita, objetivo adecuado para ir sobre ella y verter opiniones sobre su cuerpo que no tienen razón para ser hechas, pero que sin embargo salen de sus bocas como escapando de un reclusorio.

“Ay, qué gordita estás, cuándo vas a bajar esos rollitos” escuché decir semejante frase obesa a una señora excedida en años, cirugías y poca amabilidad, a pesar de intentar dar con el tono amable, no lo logró y precisamente se lo dijo a una adolescente que se perdió en las rojas tonalidades que le aparecieron en su cara, mientras su madre, que estaba cerca, intentaba explicar que la nena hacía dieta, como dándole la razón a esta señora carente de comentarios oportunos.

Me quedé mirando de lejos la situación, observé lo perdida que se sintió la niña, incómoda, se tapó un poco más su cuerpo con el buzo que tenía, en una época donde el calor aún resiste y sentí que deseaba que la tierra la tragara. Una sonrisa falsa trató de sortear la situación y por supuesto antes de irse la señora volvió a la carga de sus consejos poco felices, diciéndole “cuidate, comé poquito, sino no vas a conseguir novio, ni ropa, ni nada”.

A la jovencita se le borró todo atisbo de alegría, por el contrario se le cambió el rostro al punto de que hubiera salido llorando del lugar, se mordió los labios, apretó sus manos con fuerza y caminó perdida, con una madre que intentaba explicarle que eran los comentarios de una señora mayor y la nena se sintió aún más sola…

Situaciones como estas las viví en carne propia y cotidianamente suceden, podría asegurar con certeza que a diario muchas adolescentes padecen de escuchar hablar sobre sus cuerpos como si no les pertenecieran, como si por ser gordas los demás tuvieran el derecho para opinar de sus contexturas, de lo que deben o no hacer y lo peor de todo es que esos comentarios tan facilistas, para muchos, como el de “debés bajar de peso” pegan duro sobre la mente, cuerpo y espíritu de estas personas que a diario batallan entre el ser y el deber ser social.

Hay muchas chicas y también jovencitos a quienes estos comentarios destruyen al punto de caer en enfermedades como la anorexia o la bulimia y los que no, sienten frustración, creen que son feos, que nada bueno se pueden merecer al tener un cuerpo así.

Hablar del cuerpo ajeno y aconsejar sobre lo que se debe hacer con el mismo es una forma de violentar a la persona cuando no se dice en buenos términos. Si fuera tan fácil ser flaco estoy segura que muchas chicas y chicos optarían por hacer un plan de alimentación que acabara con sus kilos de más, que implican mucho más que grasa contenida, porque es sostenerse frente al mundo con los prejuicios que implica el ser gordo. Pero bajar los kilos es una tarea que requiere mucho más que cerrar la boca y comer con moderación y lamentablemente los preconceptos siguen instalados atentando contra la sensibilidad.

Y también hay que tener en cuenta que muchos se sienten cómodos con sus cuerpos gordos, pero el imaginario social que se ha construido ha llevado a muchas personas a creer que lo correcto es ser como los patrones sociales, aún a costa de la propia genética que lleva a tener cuerpos más grandes o de las propias decisiones, porque, aunque suene extraño, hay personas que gustan de ser gordos, más allá de las implicancias de su salud y esto también es una decisión frente a la vida, que se puede compartir o no, pero que también debe ser respetada.

Pienso en esta jovencita tratando de encontrar respuestas a los cuestionamientos de la señora, imagino respuestas tales como “quién determina que debo bajar de peso” o “qué tristeza que para conseguir una pareja sólo se requiera un cuerpo flaco”, sin embargo muchas veces las palabras que atacan al cuerpo, son precisamente las que uno se come en forma de amargura, de dolor y hasta de comida…

Comencemos a ser responsables de nuestras palabras y también a defender lo que somos, porque si estamos felices con nuestros cuerpos que nadie externo que crea que podemos estar mejor, según su visión de la vida, nos haga creer lo contrario.

Y por otro lado, podemos sentir que nuestros cuerpos no son lo que esperamos, que queremos modificar muchos aspectos del mismo, es absolutamente entendible, pero a tener en cuenta de que los cambios se hacen desde el amor propio, respetando la naturaleza, buscando ser cada vez más nosotros y no una imagen ficticia de lo que nos quiere imponer el sistema.

Yo la Más Gorda de Todas

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