· La quietud. · Crédito:
Apuntes acerca del reciente estreno de cuatro films de producción nacional, tres de los cuales permanecen en cartelera, una coincidencia orquestada en torno a un descuento del 50% del valor de la entrada entre domingos y jueves.
La Quietud

El más cercano de los  estrenos del cine nacional que se produjeron en las últimas semanas fue “La Quietud”, el único que ya no está en cartelera y el más pobre de todos. En él, Pablo Trapero incursiona en un universo que no parece sentarle muy bien ni como guionista ni como narrador: la decrepitud no resuelta de una clase social que no advierte su descascaramiento, ese mundo tan Lucrecia Martel, por citar a la directora contemporánea que mejor lo ha observado y descripto. Trapero estructura un desarrollo coral que se desenvuelve en el seno de una familia de estructura matriarcal (indiscutibles protagonistas son dos hermanas que se reencuentran y una madre que desde siempre hace diferencia entre ellas) partiendo de un guión en el que abundan las sobre-explicaciones de tenor psicoanalítico, y que rítmicamente confunde profundidad de observación con inercia.

Mi obra maestra

Otro de los estrenos fue “Mi obra maestra”, en la que Gastón Duprat ejercita un ensayo sobre la amistad, amplificando el tono tragicómico que se sugiere a partir de su aparente resquebrajamiento, y que se expresa a través de las representaciones de Arturo, un galerista con un excelente pasar económico y Renzo, un artista plástico en decadencia, que ejecutan con solvencia Guillermo Francella y especialmente Luis Brandoni, que está sensacional.

Esas actuaciones son muy funcionales al ánimo satírico que se sobre-escribe por detrás de la relación entre ambos personajes y que giran en torno a las arbitrariedades y miserabilidades que se expresan en esa especie de satrapía que configura el mundo del arte. Duprat enmarca ese material dentro de una narración clásica, pero descansa a veces demasiado en  las actuaciones, abandonándose a una amabilidad que debilita una película interesante pero que parece inacabada. 

El ángel

El ánimo elogioso crece en referencia a “El Ángel”, un film que como todo el mundo sabe toma como punto de referencia la historia de Robledo Puch pero en la que ese basamento es tomado, afortunadamente como una mera excusa: el niño asesino del film deja rápidamente de ser el que consta en los archivos periodísticos y se torna un símbolo esencial de la latente perversión de la naturaleza humana. 

Luis Ortega, al contrario de lo que hacía en la pobrísima pero muy elogiada serie televisiva “Historia de un clan”, se deshace de esa referencialidad y construye un film poderoso, sutilmente inquietante, en el que las explicaciones, a las que podrían haberlo tentado la potencia abrasiva del caso real, se subsumen en ese que puede ser cualquier adolescente de clase media. “El Ángel” no se propone rigor naturalista y se desprende hábilmente de subrayados biempensantes y de toda discursividad moral y se asume más que nada como el retrato, vigoroso y hasta fascinado de un joven cuyo desquicio es parte de lo humano: el resultado es una película de potencia y sinceridad poco frecuentes, entre nosotros.

El amor menos pensado

Y para el final de esta referencia queda la mejor de todas, más sincera, suelta y atrevida, “El amor menos pensado”, que da una vuelta de campana a la forma en la que el cine argentino trata la comedia, género desprestigiado en razón del tratamiento que es habitual entre nosotros: como si fuera un prediagrama inviolable, en el que hay que meter con fórceps, una serie de gags y/o chistes, que aseguren su eficacia en términos de generación de climas simpáticos.

Juan Vera, en cambio, percibe y ejecuta la idea de que la comedia resume un modo de mirar y desde esa perspectiva consigue una obra integradora que perfila su punto de vista sobre las relaciones románticas, logrando un estupendo film que bien podría sumarse a una lista de las grandes comedias de “re-matrimonio” según la definición que el teórico y crítico norteamericano Stanley Cavell acuño en su libro “La búsqueda de la felicidad: La comedia de enredo matrimonial en Hollywood”.

Miembros de una clase acomodada, Marcos (Ricardo Darín) y Ana (Mercedes Morán), estupendos ambos, enfrentan la ida de su hijo pos-adolescente a España con la decisión de separarse porque se han “desenamorado” el uno del otro. Pero, ocurre que lo que viven después, cuando tratan de reencauzar sus vidas, tampoco llena ese “nido vacío” que les instaló en el pecho, previsible pero dolorosamente. Sin dar preeminencia a un personaje sobre otro, y sin aspavientos ni triquiñuelas humorísticas, Vera sostiene, con un gran nivel de comprensión emocional, el relato de la búsqueda de ambos, con un “timing” impactante, inaugurando un mecanismo en el que luce su propia mirada acerca del amor, las parejas y otras tantas cuestiones insondables, tan insondables como ligeras, con esa ligereza que les otorga el azar. Para no perdérsela.

Ricardo Sánchez

Comentá esta nota

Noticias Relacionadas