Los comicios presidenciales se desarrollan en un clima anormal signado por la violencia: fueron asesinadas 13 mil personas en lo que va del año.
Los mexicanos comenzaron a emitir su voto este domingo en unas elecciones generales marcadas por una violencia brutal y en las que el candidato presidencial izquierdista Andrés Manuel López Obrador aparece como el puntero, constató la AFP.

Más de 89 millones de mexicanos están convocados para elegir a su presidente, renovar el Congreso bicameral y varias gobernaturas, entre otros puestos locales, después de tres meses de campaña en los que fueron asesinados más de un centenar de políticos.

Los mexicanos, adempas del nuevo presidente, eligen representantes para más de 18.000 cargos públicos entre gobernadores, alcaldes, senadores y diputados locales y federales en condiciones extremas. 

Con 2.890 homicidios, mayo se convirtió en el mes más sangriento desde que hay registros oficiales. En lo que va del año, 13.298 personas fueron asesinadas. Las proyecciones indican que 2018 va a superar a 2017, año récord con 29.168 víctimas.

La tasa de asesinatos informada por la Secretaría de Gobernación fue de 20.5 cada 100 mil habitantes. Alta, pero inferior a otros países de la región como Brasil y Colombia, que registraron 27, o Venezuela, que alcanzó los 57.

Sin embargo, al desagregar los datos por estado se percibe la gravedad de la situación. Colima, por ejemplo, tuvo el año pasado una tasa de 93.6 homicidios cada 100 mil habitantes. Otros casos alarmantes son los de Baja California Sur, con 69.1, y Guerrero, con 64.2, publicó Infobae.

Un nivel de violencia semejante no podría nunca pasar desapercibido en la campaña electoral. Mucho menos cuando la dirigencia política se convierte en blanco predilecto de los ataques en algunas zonas del país. Según el Índice de Violencia Política que elabora la consultora Ettelekt, desde septiembre de 2017, cuando comenzó la carrera que culmina hoy, 132 políticos fueron asesinados. De ellos, 48 eran candidatos a distintos cargos, en su mayoría de nivel local.

El caso más conmocionante fue el de Fernando Purón Johnston, del PRI, que aspiraba a convertirse en diputado federal por Coahuila. Cuando se tomaba una foto con una mujer en la calle el 8 de junio pasado, un sicario se acercó por detrás y lo mató de un tiro en la nuca.

Bajas en todos los partidos

Todos los partidos sufrieron bajas. Con 12 candidatos asesinados, lidera el PRI, del presidente Enrique Peña Nieto, que postula a José Antonio Meade para la sucesión. Luego, con 10, está el PRD, que presenta a Ricardo Anaya en alianza con el PAN (seis muertos) y el Movimiento Ciudadano (cinco). Siete homicidios sufrió Morena, de Andrés Manuel López Obrador (Amlo), que lidera cómodamente todas las encuestas.

"La violencia afecta a México desde hace 12 años de manera tremenda. En este proceso electoral han sido asesinados varios candidatos de distintos partidos políticos a lo largo y ancho del territorio, situación casi inédita en un país donde el asesinato político no era tan frecuente. El problema es que el crimen organizado y la corrupción se han mezclado de forma preocupante y esto ha enrarecido el ambiente electoral, indudablemente", dijo a Infobae Samuel F. Velarde, profesor de sociología en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

Es inevitable que esta ola de asesinatos afecte el funcionamiento de la democracia y, puntualmente, el desarrollo de los comicios de este domingo. La matanza de candidatos tiene un objetivo evidente: amedrentar al resto para evitar que afecten los intereses del crimen organizado.

Hay indicios de que en muchos casos cumplieron con el objetivo. El dato más contundente es que 5.703 postulantes renunciaron a sus candidaturas en los últimos meses, según el Instituto Nacional Electoral. Lo que ninguna estadística puede medir es cuántos dirigentes desistieron de hacer cualquier tipo de transformación por haber sido comprados o, sencillamente, por tener miedo.

Efecto en los votantes

Otro de los interrogantes que genera la violencia es si puede tener un impacto sobre la cantidad de gente que decida ir a votar. "En las zonas de mayor afectación podría desincentivar la participación, pero esa es solamente una potencialidad. Hasta donde tengo noticia, no ha habido amenazas para no acudir a votar o para hacerlo a favor de candidatos específicos. Sin embargo, si esta tendencia se mantiene, escenarios así serán cada vez más probables", explicó Carlos Antonio Flores Pérez, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, consultado por Infobae.

Tampoco se puede descartar el efecto contrario. Como gran parte de la ciudadanía está hastiada con la combinación de corrupción y criminalidad que atraviesa al país, no sería extraño que muchos quieran usar el voto para cambiar esta realidad.

"Tal vez en las zonas violentas se inhiba la concurrencia -dijo Velarde-. Pero, en lo general, la votación presidencial y la coyuntura que atraviesa el país motivarán el voto, incluso de los todavía indecisos".

Raúl Benítez Manaut, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, experto en temas de seguridad nacional y política exterior, precisó que "no está prevista una disminución de los votantes". "Los cálculos indican que la participación va a ser de aproximadamente 60%, que es el promedio normal de asistencia", puntualizó en diálogo con Infobae.

De todos modos, no se puede descartar que hoy ocurran episodios violentos que alteren el proceso. Las mafias vienen demostrando una osadía que no se había visto antes en su voluntad de intervenir en la política del país.

"Aún está por verse si, en el marco de la jornada electoral, los grupos criminales dejan o no instalar y operar con normalidad a las casillas donde se acude a votar, y no ejercen acciones de terror que propicien miedo y el alejamiento de la gente. Lo sabremos el mismo día", expresó a Infobae Vicente Sánchez Munguía, profesor del Departamento de Estudios de Administración Pública del Colegio de la Frontera Norte.

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