Portada > Espectáculos > Nota > 02/10/2016
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entrevista

Volver a otra patria

Antonio Tello publica “Más allá de los días”, que cierra su trilogía “Balada del desterrado”, en una de las actividades más destacas del amplísimo programa de la Feria del Libro que se inicial el martes

En el amplísimo panorama de actividades que propondrá desde el martes la nueva edición de la Feria de Libro “Juan Filloy”, destaca la presentación de “Más allá de los días”, novela de Antonio Tello que cierra la trilogía “Balada del desterrado”, integrada además por “De cómo llegó la nieve” y “Los días de la eternidad”, ambas escritas y publicadas mientras el escritor vivió en Barcelona.
Anticipando la presentación de esa obra, que se realizará el próximo viernes desde las 19.30 en la Casa de la Cultura, PUNTAL dialogó con el escritor riocuartense (aunque nacido en Villa Dolores, su obra literaria empezó a escribirse aquí y aquí sigue haciéndose), cuya trayectoria ha trascendido largamente el ámbito comarcal y proyecta una voz literaria singular y de gran potencia.
  Precisa Tello: “La idea de conformar una trilogía se me ocurrió luego de la publicación de la primera novela aunque, para ser preciso, no se trata en puridad de una trilogía ya que el mundo literario que configura comenzó en realidad a crearse en el año 1968, cuando publico ´´El día que el pueblo reventó de angustia’, editada en Río Cuarto a fines de 1973, antes de mi destierro forzado. Ahí aparecen los personajes y las claves de ese universo, que después se han ido desarrollando tanto en la cuentística, en la novelística y en la poesía. Lo que sí sucede en esta novela que se presentará el viernes es que aquellas piezas que estaban sueltas y que circulaban en las anteriores, aquí se completan, no todas pero sí aquellas que el lector que ha venido siguiendo mi obra literaria entenderá como las centrales, lo que supone la clausura de esa secuencia narrativa”.
Tello se detiene especialmente a aclarar que, por mucho que se pueda imaginar, “las novelas no plantean una biografía, aunque desde luego son fruto de mi experiencia, pero tamizada a través de la escritura. Todo escritor escribe desde su experiencia pero siempre supe que mi vida,  los detalles de mi biografía particular, no tienen la más mínima importancia y en todo caso lo que importa de ella es todo aquello que es común a los demás. De modo que lo que hago a través de la escritura es tratar de darle una dimensión más abarcadora, que involucre a cualquier individuo de cualquier lugar del mundo. De modo que Río Cuarto o Barcelona (que están muy presentes en las novelas) no son ciudades reales sino míticas y el personaje que les es común a las tres,  Manuel M., también es un héroe mítico, cuyas angustias, dolores y las alegrías se expresan de un modo general y abarcador”.
En ese sentido, ¿cuál es el decurso de la experiencia de ese personaje?
“Los personajes y especialmente el protagonista, han ido experimentado algunas mutaciones pero especialmente en cuanto  a los oficios y la relación con el entorno que les es natural, y en algunos de sus posicionamientos, pero en lo que no cambia es en lo esencial de sus planteamientos éticos: en realidad Manuel T. es un arquetipo ético y por lo tanto no cambia esa esencia. Por eso lo esencial que se plantea en aquel cuento publicado el siglo pasado en Río Cuarto, permanece. Manuel T. es un héroe colectivo, su voz son muchas voces. En la sucesión de las novelas, primero se encierra sobre sí mismo, se enmascara detrás de otros personajes, desesperado ante la impotencia para solucionar los  problemas que se le plantean en el entorno; y después, cuando vuelve del destierro, se encuentra con que nada ha cambiado y, al contrario, hay una especie de represión sorda, oscura,  se siguen produciendo secuestros y se desespera porque nada puede hacer para evitarlo. En todos los casos la suya es una desesperación que más que darse a conocer desde lo anecdótico se expresa a través de la escritura. Una desesperación que en esta última novela se traduce en la decisión de dejar de hablar, de despojarse de la palabra”.
En todos los casos, su narrativa novelística destaca por proponer un intento abarcativo que prescinde casi de la anécdota y se expresa a través del trabajo con el lenguaje.
“La palabra tiene su propia historia, por eso trato de fijar la experiencia desde la que hablo no desde los detalles argumentales sino desde una recreación de  la vida vivida. Sabemos que nuestras vidas no suceden de un modo cronológico sino que participamos de muchos registros de la realidad: sueños, tristezas, preocupaciones, proyecciones mentales, todo va reunido en ese paquete, o en ese combo como decís por aquí, que es la vida diaria. Desde ya, en este momento en que estamos hablando, cruzan por nuestra mente un montón de imágenes que no se  corresponden directamente con este diálogo, sino a otras vivencias, pasadas o por venir, y yo procuro que en mi escritura esté reflejada esa infinita diversidad”.

Se cierra el círculo

De las charlas previas sobre “Más allá de los días” surge la idea de que el despojo anecdótico se lleva al extremo. ¿Es así?
“La novela comienza donde acaba la anterior. ‘Los días…’ acaba en el momento en el que la casa del protagonista es ametrallada y vemos a Manuel T. huyendo, vestido con una levita, con una galera, revoleando unas boleadoras, mientras montado en su bicicleta huye por la carretera que va hacia el sur, seguido de su perro. Aquí se los retoma, a Manuel T. y al perro, en un punto cualquiera de esa carretera que no tiene curvas. En ese momento, sueña con volver a su patria, a su hogar, pero ahora se niega a tener contacto con los personajes que se le van apareciendo en el camino. Huye, se esconde. El único contacto más directo de comunicación que tiene es con un niño con el que se encuentra en un basural. Y el único sonido que se describe, es un ladrido… pero no sabemos si ese ladrido pertenece al perro o a él mismo, que en realidad es el único ser con el que se comunica. Tiene otros encuentros pero no hay una comunicación viva, profunda”.
Resulta intrigante, curioso en todo caso, que en una novela que, como toda la serie, hace de la reflexión sobre el lenguaje, sobre la palabra, su modo de representación, el personaje se niegue a hablar.
“Porque es el momento del silencio, y el silencio es altamente significativo. Manuel T. toma esa decisión por algo que ha sucedido y que se descubre al final de la novela. Está viviendo una especie de desesperación, mientras lucha por aferrarse a la vida, por vivir ese entretiempo, entre la vida y la muerte, un deseo de seguir siendo. Y elige el silencio porque lo ubica mejor en ese entretiempo.  Desde el punto de vista del tratamiento literario, quise trabajar sobre elementos que aparecen en el Rulfo de ‘Pedro Páramo’, o en algún cuento de Ambrose Bierce,  he seguido trabajando esas ideas básicas para contar la progresión del personaje hacia su verdadero destino, que es el de todos por otra parte”.
Las descripciones hacen imaginar una carretera interminable, sin fin, y una conclusión en abismo.
“La conclusión de la novela, y de la trilogía, es abrupta porque Manuel T. alcanza el hogar, pero un hogar, una patria que no se corresponde con algo concreto. Su patria es la patria del ser, que es en definitiva donde se retorna, indefectiblemente. Porque él ya ha vuelto antes a lo que creyó era su patria concreta, pero se da cuenta de que no es exactamente ese lugar definitivo. Su patria y su hogar son otros. Por eso el cierre es abrupto y la serie se cierra como se cierra un círculo”.
¿Después de algo que concluye tan esencialmente, no es difícil seguir escribiendo?
“Me he dado cuenta de que estas novelas cierran para mí el capítulo de la novelística argentina o de tratamiento argentino, insufladas de aquello que llevé conmigo estando afuera, aquello que arrancó el personaje llevándoselo de su propia tierra. Concluye esa voz, esa manera de hablar,  pero no concluye el universo literario que constituye, porque éste sigue teniendo otras salidas a través de algunos cuentos que he ido y sigo escribiendo y especialmente a través de la poesía. En ellos se sigue trabajando ese personaje, ya no como Manuel T. sino como otras voces que son como otros planetas de ese mismo universo que gira en torno a los dos temas centrales para mí:  la Ética y la Libertad, formulaciones básicas de mi escritura, que toma al lenguaje en sentido liberador. La palabra, en sí misma, si la dejamos ir a través de la sustancia, de lo sustantivo, siempre está proponiendo la libertad, la fuga hacia algo mayor, hacia horizontes que están más allá del horizonte inmediato. No en vano en la novela que se presenta el viernes, muchos capítulos son reflexiones acerca del lenguaje, de la palabra, del origen de la palabra, las transformaciones, las mutaciones que sufren, que traducen las que sufre el personaje  mientras avanza hacia el sur para llegar al pueblo del que fue desterrado”.