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Una madre busca a su hijo desaparecido:

“Alejandro se fue a tomar un café y no volvió más”

Norma Beatriz Vischi (63) está buscando a su hijo desde hace más de 20 años. Ale tenía entonces 17, y no volvió más a su hogar desde aquel viernes de julio de 1987, cuando salió a tomar un café con sus amigos en el centro de Río Cuarto. La desesperación de una mamá y las penurias y vicisitudes que debió afrontar incluso ante la sociedad. Hace un mes se reabrió la causa. Esta es su historia.

Norma está casada en segundas nupcias con Walter Asnal. De su primer matrimonio tuvo a Alejandro Dizner, “que es el que no está, que tiene ahora 39”, y Tamara Dizner de 38 (Lic. en Trabajo Social y especialista en Políticas Sociales, radicada en Córdoba capital),  y Corina Asnal (30), hija de su segundo matrimonio, comunicadora social, quien vive en Río Cuarto. “Está casada y embarazada, voy a ser abuela en enero”. Norma es doctora en Biología y, desde hace 2 años está jubilada, fue docente investigadora de la Universidad, “toda mi vida”.

-¿Qué pasó con Ale?
- Alejandro se fue a tomar un café y no volvió. Fue así de sencillo y así de dramático. Fue el 17 de julio de 1987. Mi marido y yo no estábamos en Río Cuarto. Corina, la niña más pequeña, estaba con su abuela porque nosotros no estábamos y en la casa habían quedado Tamara y Alejandro, que tenían 16 y 17 años.  Ese fin de semana, el viernes por la noche, Alejandro le dijo a Tamara: “Me voy a tomar un café al centro, no te preocupes, cuando vuelvo entro la perra, hago todo lo que haga falta, vos no salgas porque esta noche hace muchísimo frío, acostate tranquila”. A la mañana siguiente, cuando la hermana se levantó vio que él no había estado en la casa durante la noche, así que comenzó a llamar a sus amigos para saber si se había quedado dormido en algún lado porque le resultó muy extraño, como me hubiera resultado a mí en ese momento, porque él no se quedaba nunca a dormir en otro lado. Sólo un par de veces, después de una fiesta, habría ido a la casa de algún amigo, pero siempre avisando.

-¿Y qué les respondieron los amigos?
- Lo que sabemos de esa noche es que sí fue al centro, al Café de Juan que existía en ese momento, se reunió ahí con un grupo amigos, estuvo tomando café y charlando. Salió de ahí con uno de sus “amigos” y, según declara el que salió con él del café, fueron al cine, cuando salieron del cine estuvieron caminando un rato por ahí y después Alejandro se vino para casa y el otro se fue a la suya.

 -¿Y nunca más...?
- Nunca más... El sábado ése, cuando Tamara se dio cuenta de que no estaba y empezó a llamar a sus amistades, justamente llegó un primo mío que venía de Buenos Aires a traer a su mamá para quedarse unos días conmigo, y él aconsejó ir a la Policía. Ese mismo sábado fueron a hacer la denuncia y ya comenzó la búsqueda.

Yo llegué el lunes, a mí no me habían avisado porque ya estaba viajando de vuelta para acá y, cuando llegué el lunes a la mañana y me enteré de que no estaba, salí enseguida a hacer la denuncia a Tribunales.

-¿Qué hacía Ale?, ¿era artista plástico? Porque al Café de Juan iban los bohemios riocuartenses...
- Todavía estaba terminando el Secundario, pero él lo había comenzado en el Industrial y en 3er. Año se pasó al Nacional, porque si bien era un excelente alumno y brillaba en Matemáticas y en todas esas cosas difíciles que tiene el Industrial, a él lo que le interesaba era el arte. De modo que se había cambiado de colegio, estaba yendo al Nacional a la mañana y, a la noche, se había inscripto en la Líbero y estaba yendo a la Escuela de Arte a la noche.

-¿Y todos sus amigos de dónde eran?
- Del colegio eran pocos, porque al cambiar le quedó el grupo anterior de amigos del Industrial; del nuevo colegio había un grupo de amigos pero muy pequeño, y después tenía sus amigos de la Líbero y otro grupo de amigos del MAS (Movimiento al Socialismo).

-Pero desaparecidos por militares en esa época ya no había más...
- No.

-¿Tenía novia?
- No.

-¿Qué respuestas te dieron los investigadores?
- Había un posible problemas de drogas de por medio, porque esa persona que se fue con Alejandro del bar estaba siendo buscado por la Policía por tráfico de drogas, y ya en ese momento era mayor de edad, no era de la edad de los chicos, habría tenido unos 21 o 22 años y, aparentemente, estaba en el tráfico de drogas.

-¿Y era gay?
- Sí, creo que sí. En realidad no sé, pero alguien más del grupo sí, Alejandro probablemente también...

-¿Nunca te lo confesó?
- No, no....

-¡Qué golpes para una madre! Y todo esto lo fuiste descubriendo después vos...
- Y sí, después, a medida de que me iba enterando de las cosas y de cómo iba la investigación... La Policía buscó muchísimo, la División Juvenil Provincial removió todo Río Cuarto de arriba abajo, pero la sospecha era que no estaba en Río Cuarto. Mi idea es que esa noche, probablemente, lo han drogado, a lo mejor estuvo hasta el día siguiente en Río Cuarto, pero porque la otra persona, al día siguiente, se fue a Córdoba y no volvió hasta una semana después. Volvió diciendo que no sabía nada y que no tenía ni idea. Y, en esa mesa finalmente me contaron que había chicos que yo conocía que sí sabía que eran amigos, eran chicas y chicos que venían a casa. Y había tres personas que ni sabía que eran amigas de Alejandro: uno era éste que se fue con él, llamado Roberto, otro era Enrique Romero que trabajaba en PUNTAL por entonces,  y el otro era Darío, un chico que trabajaba en una peluquería. A esos tres yo no los conocía. Darío tenía la edad de Alejandro, una inocente criatura, también gay y declaradamente gay, ése sí. Y los otros dos, Enrique Romero y Roberto Piazenza, eran mayores de edad los dos y, al día siguiente, los dos se fueron a Córdoba. Enrique volvió porque tenía que estar acá por su trabajo, pero el otro no volvió, tardó una semana en volver. Y la Policía no podía ir a buscarlo a Córdoba por falta de recursos, así que esperaron a que este hombre volviera para interrogarlo.

-¿Y qué dijo?
- Por supuesto que no sabía nada, que no tenía idea, él fue el que contó que habían ido al cine y que cuando salieron caminaron un rato y después cada cual se fue para su casa...

-¿Estaban drogados o se drogaron caminando?
- No, pienso que no. Realmente, no sé. Puede haber sido, yo no creo. Esa parte final es la que no le creo a este hombre y no sé qué pasó.

-En aquella época se estilaba fumar un porro antes de ir al cine... Esa era la onda entonces.
- Sí, sí. Y era la onda de la gente de la Líbero, sin duda. Iban al Café de Juan, y a otro que estaba al lado del Correo, mirando hacia la plaza de la Municipalidad. Duró poco tiempo, pero ahí hubo un bar. E incluso hemos ido con mi marido y los chicos como una forma de acompañarlo a Alejandro, que, por ahí, quería ir a esos lugares e íbamos con él.

-¿Qué dice tu presentimiento de madre que le puede haber pasado?
- Mi idea es ésa que, de alguna manera, lo engancharon en ese momento y que fue a parar a algún lugar... Que lo han prostituido, porque les da lo mismo chica o chico. Mi idea es ésa. Y llega un momento en que siempre está la droga hasta que ya no saben ni quiénes son....

-¿Por dónde lo has buscado?
- En ese momento buscó la Policía de la Provincia, también la Federal, aunque no le correspondía actuar por la regionalidad, pero yo tenía conocidos allí, lo buscaron por orden del ministro del Interior de aquél momento, que era Tróccoli. En el momento lo que hicimos fue ver con quién hablar por doquier y tratar de mover todos los resortes posibles para que lo buscaran: la Policía acá estuvo bárbara, pero no tenían recursos para moverse a otro lado, no tenían plata para ir a Córdoba; yo les ofrecí, pero decían: “No podemos, señora”.

-¿Pensás que pueda estar en Córdoba?
- No creo. En un primer momento sí, pero ahora ya no, Córdoba está demasiado cerca.

-¿Pensás que está vivo?
- Sí, sí pienso que está vivo. El otro modo de la Policía de buscarlo es que ellos dan parte a todas las comisarías del país, pero es un parte, nada más. No pasan ni una foto, nada. Y, además, si actúan en algún incidente y esta persona aparece ahí juntan las cosas....

-¿Tu hijo estaba con documentos encima?
- No, el documento quedó acá y, además, Ale nació en Chile y cuando volvimos no lo nacionalicé al sacar el documento sino que le saqué el documento para extranjeros. Y lo tengo yo acá.

-¿Y qué pasaba en el Juzgado de Menores?
- En el Juzgado se agotó rápido, teníamos el inconveniente de que yo no me entendía con la jueza para nada, con Zulamita Díaz de Montiel, ella me decía algo en términos legales y yo con mi mente de investigadora, que agarro así tal cual me dicen las cosas, para mí era así tal cual. Y el palabrerío legal no es tal cual y ella me estaba diciendo otra cosa distinta a la que yo entendía, pienso que no nos hemos entendido... Y tampoco podía tener yo representante legal, porque en aquella época la ley tampoco lo permitía; yo no podía poner un abogado para que se entendiera con ella. Porque solamente si había juicios de por medio se tenía un representante legal, pero para una cosa como ésa el Juzgado de Menores se entendía directamente con los padres. Y esta señora, yo no sé por qué razón, estaba totalmente convencida de que había un problema serio dentro de la familia, que Ale se había ido por su voluntad, que nosotros sabíamos y que yo sabía dónde estaba. Y fue una cosa terrible, porque la citaba a Tamara una vez por semana: “Dale, vos contame qué es lo que pasa en tu casa, porque tu mamá tiene idea de dónde está tu hermano...”. ¡La torturaba! Entonces, llegó un momento en que por favor le pedí que cerrara la investigación, “porque no vamos a ningún lado, cierre la investigación”, está en el expediente que yo pedí que cerrara la investigación. Y ella me lo aceptó y no tendría que haberlo hecho porque era un menor de edad y ella lo tenía que proteger por más que yo fuera la “loca madre” que vaya y le diga eso.

¿Y entonces?
- Alguna otra persona del Juzgado vio el expediente y dijo que esto no se podía cerrar. Y lo volvieron a poner en actividad, volvieron a pedir informes y, entre esos, había uno en el que alguien declara que lo vio, a los tres días de haber desaparecido, por la Av. Sabattini charlando con un chico en una chata. Y estaba también la patente de la chapa. Y pedían el informe de quién era la chata y nadie contestaba y nadie se preocupó tampoco. ¡Pero eso yo ni lo sabía! Porque lo leí ahora, yo no tenía acceso al expediente...

-¿Y ahora tenés abogado?
- Sí, ahora sí.

-¿Y cuánto hace se reabrió la causa?
- Hace poco más de un mes. Pero la búsqueda se reabrió el año pasado. Entre las chicas armaron una página de Internet, la comunicadora es la que se ocupa de manejarla, y así reactivamos la búsqueda. Ahí se empezó a comunicar gente y tuvo una cuestión muy positiva porque Tamara se reencontró con toda la familia Dizner, que no teníamos más noticias. Porque al separarme del padre de Ale y de Tamara, el padre no los vio nunca más, no porque yo no quisiera sino porque él no vino nunca más. Y no supimos más de él, tampoco los abuelos paternos sabían.

-¿Igual aunque el hijo desapareció?
- No, igual no, nosotros sabíamos que tenía una nueva pareja, pero no se contactó más con nosotros ni tampoco con sus padres. Y, gracias a la página, Tamara se reencontró con su familia paterna, no con su padre, que murió hace dos años y no lo sabíamos, pero lo positivo fue eso, reencontrarse con parte de su familia en Rosario y parte en Tucumán. Y, coincidentemente, en un noticiero Tamara creyó verlo en Rosario, en un sepelio de un artista, a ella le pareció que entre la gente estaba Alejandro. Los amigos de ella hicieron una campaña de búsqueda con afiches. Y aparecieron dos personas en el mail diciendo que lo habían visto en Rosario; también contratamos un investigador, pero de ahí no salió nada. Un señor que finalmente dijo que se había equivocado y una chica que decía que lo había visto, que se paraba al frente de un boliche bailable, que él no entraba, claro, ya es un hombre grande, y miraba el movimiento de entrada y salida de los chicos, pero parecía como ido o perdido. La chica nos preguntó si podía estar alterado mentalmente porque daba esa impresión esa persona. Pero tampoco se pudo seguir ese rastro. Y acá, una de las cosas que hicimos fue buscar a través del Registro del Automotor esa chata que antes mencionaba y la encontramos. Ahora lo están investigando. Esa fue la información que yo pasé al Juzgado para reabrir el caso porque, en el momento, nadie se preocupó de eso. Ahora está en la Fiscalía, por ser mayor, y es desde donde se están haciendo estas cosas. Se volvió todo al principio, pero la búsqueda es más amplia, Cancillería, Aeropuertos, etc.

-¿Y vos cómo quedaste después de todo esto?
- Es como que una parte se muere, es así, quedé no entera, algo me falta... Antes de esto me han pasado otras cosas bastante terribles pero nunca una pérdida así, fueron otro tipo de cosas... Y siempre, mi reacción y mi carácter: me hundo un tiempito, y después aprieto los dientes y sigo porque hay que seguir. Y en este caso estaban las hermanas y eran muy chicas. Y esto generó una reacción social muy jodida, nos aislaron....

-¿En Río Cuarto?¿A las chicas también?
- Sí, Río Cuarto es así. Era como que íbamos a contagiar de algo a alguien. Fue muy jodido. Yo me tenía que poner la barrera para todo eso, tratar de contener a las chicas para que pudieran seguir adelante, Tamara terminaba el Secundario, después se fue a estudiar a Córdoba, fue una etapa difícil. Y la otra era muy chiquitita también. Había pocas personas, un núcleo muy cercano, que quedó y nos acompañó. Pero, en general, no era así, hubo amigos y compañeritos del colegio de Corina que no les permitieron más venir a jugar...

-¿Soñás con él, imaginás el reencuentro?-
- Ya no, ahora no. Hubo una época en que aparecía en un sueño y hablábamos, pero ahora hace mucho tiempo que no... Recuerdo aquella vez en Carlos Paz cuando me pareció verlo. Y lo corrí: “¡Alejandro! ¡Alejandro!”, le gritaba y hasta lo abracé y lo sacudía y el chico me decía: “Señora, no soy yo...”. Y mi marido decía: “Norma, no es...”. ¡Y yo no lo soltaba!

-¿Era muy pegado a vos?
- Sí, era bastante pegote... No sé ahora el aspecto que tendrá... Dónde estará...

-¿Creés en Dios?
- Sí, pero ahí tengo una relación medio difícil, porque yo me entiendo con la Virgen.

-¿Estás enojada con Dios?
- Por un enojo viejo, puede ser. Estuve muy alejada de la Iglesia y en el momento en que Alejandro desapareció estaba casi agnóstica. Pero ahora me estoy acercando de nuevo.

- ¡Pero ahora vas a ser abuela y eso calma un montón los dolores del alma!
- Sí, felizmente.  

- ¿Dónde dirigirse para aportar datos?
- (0358) 156010857 Corina Asnar - (0351) 155465092 Tamara Dizner
Internet: alejandrodizner.blogspot.com.
Entrevista: Ana Solá
Agradecemos a Jorge Almirón por su colaboración para la realización de esta nota.