Portada > Espectáculos > Nota > 26/05/2009
Tamaño letra Reducir tamaño de letra Agrandar tamaño de letra Resetear Enviar Imprimir

TEATRO-CRÍTICA

“LA HUMEDAD DE TU CUERPO”

Dos en una

En el comienzo mismo, “La humedad de tu cuerpo” insinúa  sus cartas: ese talante hiperbólico que transforma lo cotidiano en una experiencia grotesca y sucia, en sentido estético, que linda con el absurdo.
La escena abre con “La pirata” regurgitando sus penurias, después de haber jugado a implicar al público en su decálogo de necesidades básicas insatisfechas, una listas inconexa de cosas que necesita y no tiene.
Tras el corte de acción, la aparición de Raúl, su marido, va más allá en la apuesta por exponer la brutalidad con la que se ceba la pobreza en el cuerpo y en la mente de quienes la padecen.
Ambos expresan sendas formas de idiotez, que abruma con su perspectiva una convivencia cruzada por la ferocidad de sus intimidades y por el engaño cotidiano a través del cual son sometidos.
La aparición de Paloma, la hija adolescente de ambos, que comparte su falta de luces, establece sin embargo un giro en la perspectiva introduciendo un elemento inexistentes hasta ahí: el erotismo.
La disrupción que se establece a partir de la introducción de ese elemento de singular intensidad, que se insinúa a retazos cuando dialogan Raúl y Paloma, quiebra el eje y denuncia la intensidad que sobreviene.
El cachetazo de Raúl a Paloma ejerce ese efecto, y lo que le sobreviene es una especie de éxtasis en el que, poniendo el cuerpo, la muchacha entra en una especie de delirio que sobreimprime erotismo y política.
Una yuxtaposición extraña pero poderosa que se expone cuando Paloma aparece con los pechos descubiertos y una bolsa de plástico negra como pollera ,cantando “No llores por mí Argentina”.
Ese simbolismo, que inicia un continuo in crescendo pautado a través de la voz de Paloma San Basilio que va de ese tema prototípico a canciones dignas del romanticismo más ramplón, tensa la cuerda.
La muerte y el extasis del cuerpo desnudo se combinan en una sucesión bastante traída de los pelos y resuelta con una dramaturgia sobrecargada, efectista y a la vez vibrante, estremececdora.
La tersa composición de Cynthia Lucero sostiene con su intensidad siempre arriba, esa cierta desconexión entre el desarrollo dramático y la abrupta y extrema forma del final.
La actriz reconecta varios elementos dispersos, y si bien nunca resulta suficiente para disimular los problemas originales de la escritura de la obra, al menos logra una mordiente que se traduce en la reacción del público.
Ella cautiva y focaliza tan profundamente la acción por el modo en el que ejecuta el desnudo final, que hace olvidar varios elementos que quedan dispersos en la dramaturgia y la tornan en exceso derivativa.
De modo que los apuntes del comienzo, que apuntan dardos a realidades políticas concretas, con una direccionalidad muy clara hacia temas de la propia realidad provincial de la que provienen, termina diluyéndose.
Es como si en “La humedad de tu cuerpo”, coexistieran dos obras, diluida la primera en la potencia revulsiva y shockeante de la segunda, perdidos el humor y la ironía en la imponencia del cuerpo que Cyntia Lucero expone sin tapujos.

Ricardo Sánchez