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Atrapados por la magia de la radio

Los radioaficionados no se dan por vencidos en la era digital

Aman comunicarse por fonía y usar el código Morse. Sin embargo, usan los satélites para enviar y recibir mensajes a través del aire. Y se sirven de la web para mantenerse informados sobre congresos, concursos y novedades técnicas, mientras llevan sus teléfonos celulares atados en la cintura.

Aceptan las nuevas tecnologías y se han amigado con la Internet y los celulares, pero su pasión es la radio. En Río Cuarto hay unos 150 radioaficionados que dedican muchas horas de su vida a comunicarse a través del aire, por medio de estaciones fijas y móviles. Y en el país suman unos 28 mil, la mayoría de los cuales están nucleados en los 188 radioclubes argentinos.

Para un radioaficionado, su señal distintiva es más importante que su propio apellido. LU es el prefijo de la Argentina, le sigue un número aleatorio y la letra H, que indica que es de Córdoba. Viven a la caza de un nuevo contacto. Los principiantes se contentan con lograr comunicados con otras ciudades del país, los más experimentados se desvelan por alcanzar lugares recónditos del planeta y muchos de ellos encuentran satisfacción en la reparación y fabricación de equipos, antenas y demás dispositivos para su propia estación.

Los avances tecnológicos les han permitido otras formas de comunicación, a partir de la utilización de satélites y la incorporación de modos digitales, como la televisión de barrido lento. Sin embargo, no se desprenden de la vieja telegrafía, ni la de la posibilidad de hablar a través de un micrófono o un handy, en contactos que pueden durar apenas unos minutos o convertirse en extensas conversaciones.

LU3HAT es la licencia del Radio Club Río Cuarto, creado en el año 51, que cuenta con un centenar de socios, de los cuales una docena son mujeres. Muchos son de los pueblos de la zona y también los hay de distintos lugares del país.

Las preferencias son variadas, a algunos les gusta escuchar emisiones lejanas, otros prefieren el código Morse. Hay quienes se pasan la noche hablando por radio y quienes están el día entero con el soldador en la mano, armando algo, con la radio encendida. En sus predilecciones están el diexismo, los concursos y las travesías.

Pasan como mínimo dos o tres horas por día operando. A veces los encuentra la madrugada pegados a su radio estación tras nuevos contactos. Y en situaciones de catástrofes, la radioafición deja de ser un hobby para convertirse en un servicio de emergencia.

Desde hace 30 años, todos los miércoles hay asado en el Radio Club local. A partir de las 20.30 comienzan a llegar a la vieja casona de Moreno 979 profesionales, comerciantes, empleados, jóvenes y mayores, para hablar de su pasión: la radiofonía.

“Mi vida es la radio”, dice Daniel Gigena (52), radioaficionado desde hace 32 años. Su licencia es LU1HK y pertenece a la categoría superior. “La llegada de Internet y los celulares no modificó muestro apego por el hobby de la radio. Son cosas totalmente distintas. A la Internet la usamos mucho para recibir información de concursos, de expediciones y todas las actividades programadas por los radioaficionados. Es una excelente herramienta, pero las nuevas tecnologías no nos han hecho sombra para nada, son cosas distintas”, señala este hombre que en su casa tiene una torre de 12 metros, se ha contactado con unos 12 mil radioaficionados de 220 radio-países y tiene dos hijos, de 18 y 25 años, que también son radioaficionados. “Por lo general, cada uno en su casa tiene una estación de radio. Yo la tengo en el garaje. Y nos pasamos mucho tiempo con este hobby. Por ahí escuchamos varias horas y transmitimos pocas, eso depende del modo de radio que haga cada uno”, agrega.

Mientras prepara el asado, Carlos Rametta comenta que su refugio está en el altillo de la casa, arriba de la cocina. Este operador de categoría intermedia agrega: “Esto es un hobby. Te gusta hacer radio y hacés radio. Soy radioaficionado desde que tenía 16 años. Antes, como era viajante, tuve que dejar un tiempo, pero ahora puedo dedicarme a esto”.

Jorge Hernández (54) desde hace 15 años tiene su señal distintiva LU3HV y pertenece a la categoría superior. Este comerciante indica: “Para tener una radio estación hacen falta entre 7 y 10 mil dólares. Pero lo más caro para nosotros es el tiempo, todos tenemos nuestro trabajo, nuestra familia”. E ilustra: “Nuestras esposas al principio se ponen loquitas, hasta que se acostumbran, después extrañan que no estés con la radio”.


Propagación


La propagación ionosférica es de vital importancia para la actividad del radioaficionado.
Son significativos la actividad solar, las tormentas geomagnéticas y una variedad de detalles que deben ser tenidos en cuenta en esta actividad.

“Uno se puede pasar muchas horas con la radio. Depende del tiempo que se tenga y de lo que la propagación permita. En este momento, el ciclo solar está muy bajo.

Recién estamos empezando a  subir. La ionósfera no está chispeante, por lo cual hay muy poca propagación. Ahora tenemos muy reducidas las posibilidades, pero de acá a tres años va a haber una propagación excelente y eso va a durar once años, después volveremos a caer en un pozo”, apunta Mario Aluffi (51), radioaficionado desde hace 15 años, cuya señal distintiva es LU9HUP.

Y sigue: “Yo no hago telegrafía, pero sí fonía y los modos digitales. Pasamos imágenes de televisión por barrido lento por radiofrecuencia en colores. Es fascinante”.

“Dentro de la fonía tenemos la amplitud modulada, la banda lateral y la frecuencia modulada. En el diexismo usamos el código Q, el código fonético internacional y algo de inglés”.

En cuanto al uso de satélites, Aluffi comentó que tienen acceso a dos, de cuyo paso por Río Cuarto están atentos para poder enviar sus mensajes. A través de Internet se enteran de la hora y el rumbo. Con esa información que les provee la NASA ponen los equipos en la frecuencia y el satélite emite una señal, a partir de lo cual comienzan a comunicarse con otros radioaficionados. El satélite hace las veces de espejo.

“Pasan tres veces por día y a veces aprovechamos las tres. Son comunicaciones escuetas”, concluyó.


“La radio no se cae nunca”


“La radio no se cae nunca. Es el único medio que queda en caso de desastres. Ocurrió cuando fue el atentado a las Torres Gemelas de Estados Unidos y cuando sucedió el tsunami en el océano Índico, que justo había un grupo de radioaficionados reunidos en una isla y se quedaron un mes ayudando con la comunicación”, señala Daniel Gigena, secretario del Radio Club Río Cuarto. Y enfatiza: “En caso de una catástrofe, un radioaficionado con un equipito con 5 vatios de potencia, que no es nada, un manipulador y un pedazo de alambre como antena, da la vuelta al mundo, con una batería de un auto”.

Agrega: “El Radio Club hizo su aporte cuando fue el terremoto de México del año '81, estuvimos 20 días trabajando. Nos comunicamos con los radioaficionados de allá para darles información a la gente de acá. Hicimos lo mismo cuando ocurrió el temblor de Caucete, en San Juan. Somos solidarios. Está dentro de la ética del radioaficionado tener vocación de servicio”.

Gigena era uno de los riocuartenses que iban a hacer el relevo en estancias de la Patagonia, para llevar adelante el control aéreo durante la Guerra de Malvinas, pero no alcanzaron a viajar porque llegó el fin del conflicto, durante el cual dos radioaficionados cordobeses resultaron prisioneros de los ingleses.

En el año '78, cuando ocurrió el conflicto con Chile, varios radioaficionados locales fueron desplazados. “Yo estuve en el desierto entre San Luis y San Juan un mes. Y otros permanecieron en la cordillera”, cuenta Daniel Gigena, al tiempo que detalla:

“Hubo que instalarse en carpas, esconder los equipos de radio y las antenas, y transmitir. Para mí fue una experiencia hermosa. Lo mío era avisar cada vez que pasaba un avión. Después estuve en la base Marambio transmitiendo dos días. Fue algo fantástico”.


Ni religión, ni política, ni negocios


Por la radio no se pueden hacer comentarios políticos, religiosos o raciales, ni transacciones comerciales. Y dentro de la radioafición hay distintos tipos de concursos, nacionales e internacionales.

La actividad más llamativa es el diexismo, que implica comunicarse a distancia con desconocidos y que puede implicar la búsqueda durante días de un contacto, para establecer una relación que no supera los 15 segundos. Se pasan sólo datos esenciales, como la señal con la se está escuchando y la estación.

Parte del diexismo es la reunión de radioaficionados de distintas partes del mundo en lugares deshabitados. Alquilan un barco que los dejan durante diez días. Arman carpas y antenas, llevan generadores y transmiten sin parar, tratando de conseguir la mayor cantidad de contactos con distintos radioaficionados del mundo. Llegan a hacer 90 mil de estas comunicaciones brevísimas.

Daniel Gigena cuenta que también hay expediciones a nivel nacional. “Hemos estado en concursos y hemos ido a parajes desde los que nunca antes se había transmitido.

Por ejemplo, desde la Posta de Achiras, donde estuvo el general San Martín, el cerro El Morro, la Unión de los Ríos. Vamos con los equipos y un generador, y nos instalamos en carpas”.

Hay concursos de mono-operador y de multi-operador, y de mono-banda y multi-banda, en distintos modos: telegrafía, fonía y de tipo digital. Los nacionales tienen una hora de duración y los internacionales son de hasta 48 horas ininterrumpidas.

Todavía resuena el concurso mundial organizado por Suiza, del que el Radio Club local resultó ganador, en el año ‘93. Gigena recuerda: “Participamos varios de nosotros, porque era del tipo multi-operador. Fue todos contra todos, en el mundo, y el objetivo hacer la mayor cantidad de contactos, con la mayor cantidad de países, en el menor tiempo”.

Y agrega: “Nos hemos pasado fines de semana enteros, porque los concurso empiezan el viernes a las 9 de la noche y terminan a las 9 de la noche del domingo.

Hay que turnarse para escuchar, anotar y transmitir. Hemos traído bolsas de dormir y nos hemos quedado todo el tiempo acá en el Radio Club. Se genera mucha adrenalina, es muy lindo, nos olvidamos de todo”.

Los radioaficionados se dividen en categorías: novicio, intermedio, general y superior. Después sigue una especial, para los que han cumplido 50 años con licencia y son activos, de los cuales en Río Cuarto hay sólo cuatro.

A medida que se va subiendo de categoría, se obtiene un espectro radioeléctrico más amplio. El novicio puede hacer la banda de 80 metros, que le permite comunicarse a nivel nacional y con algún país limítrofe, y tiene la posibilidad de operar en frecuencia modulada. A medida que se va ascendiendo se puede ir operando en otras bandas y en otros modos.

“Cuando te iniciás sos novicio, a los tres años tenés la oportunidad de rendir un examen para ascender de categoría. Hay que presentar currículum, en el que cuentan los contactos hechos, los concursos de los que se ha participado y los desarrollos técnicos que se hayan hecho, entre otros ítems. Y hay que rendir el examen escrito, acá en el Radio Club, para lo cual vienen veedores de otros radioclubes, designados por la Comisión Nacional de Comunicaciones”, indicó Jorge Hernández.


Una más entre los hombres


Ana María Marcuzzi (56) es la única mujer de entre una docena de aspirantes que acaban de finalizar un curso dictado en el Radio Club Río Cuarto. Y está realizando su práctica operativa, con la mira puesta en la obtención de la señal distintiva.

Contó que decidió capacitarse porque necesita de la radio en las travesías 4x4 que realiza con un grupo de entusiastas y que en el curso de radioaficionados descubrió “una actividad impensada”.

“En la montaña o en lugares alejados, el único medio de comunicación es la radio. Así fue mi primer contacto con esto, que me abrió una ventana a cosas que yo desconocía”, indicó.

Y agregó: “Es hermosa la posibilidad de comunicarse con gente de todas partes del país y del exterior. Y en las travesías es aún mucho más significativo, porque permite estar acompañado en medio de la soledad”.

Dijo sentirse muy bien tratada por la mayoría masculina del Radio Club. “He encontrado una calidad humana increíble. Es gente sencilla, lineal, clara y respetuosa.

Yo vengo a comer asado todos los miércoles y soy una persona más”, remarcó.

Ana comentó que le impactó la comunicación que logró con una persona de Brasil, que le contó que no podía recibir la tarjeta de identificación, que por regla se envían los radioaficionados con cada nuevo contacto, porque estaba muy lejos de todo, sin acceso a una estafeta postal. “Se dedicaba a la cría de ganado y, a la noche, una forma de no estar tan solo era recurrir a la radio”, dijo.


Los cursos


Habitualmente se dan cursos para aspirantes. Varios de los socios son instructores, cada uno tiene a su cargo un tema. Los teóricos se dan en tres meses, a lo cual se suma que los alumnos deben hacer la parte de práctica operativa, que consiste en operar la radio estación  en la banda de 80 metros.

El examen es escrito, tiene una parte técnica y otra de reglamentación y ética operativa, más otra sobre telegrafía.

Los interesados pueden llamar a los teléfonos 154116545/ 154169191.