Quiroga no cometió vejámenes
Una leve condena trajo alivio al policía acusado de golpeador
La decisión de absolver al policía Claudio Quiroga del delito de vejámenes y de condenarlo sólo por lesiones leves a tres meses de prisión en suspenso, trajo alivio al hombre de 36 años que durante semanas estuvo siendo enjuiciado en la Cámara Segunda del Crimen, y provocó malestar en los organismos de defensa de los derechos humanos que tenían la expectativa de un fallo mucho más duro.
Quiroga, padre de dos hijos y de un tercero en camino, se desempeñaba como subjefe del Comando Radioeléctrico dentro de la Policía de la Provincia cuando una serie de denuncias empezaron a magullar su ascendente carrera dentro de la fuerza.
Primero fue la aparición en los medios de prensa de un hombre de apellido Sarandón que lo vinculó con un episodio violento y en noviembre del 2007, Alejandro Gómez, de 31 años, denunciaría en la Justicia que a la salida de un baile había mantenido una discusión con su mujer y fue detenido por un móvil policial, en el que se trasladaba Quiroga. Agregó que una vez, en la central recibió todo tipo de maltrato: "En la Policía me empezó a agarrar a trompadas, me pegaba patadas en el estómago. Al mismo tiempo me insultaba. Después me llevó a la Alcaidía y le pidió a los otros policías que estaban ahí que se fueran. Empezó a pegarme de nuevo y como lloraba otros presos pidieron que viniera el médico que decidió trasladarme de urgencia al hospital", relató Gómez.
No fueron estas las únicas acusaciones en su contra: el 2 de enero de este año volvió a ser señalado como el autor de un episodio violento en contra de un menor, durante una detención.
En ese entonces, Quiroga -cuya estatura supera el metro ochenta- cumplía tareas de bañero en el predio del Banco de Córdoba y le habría producido lesiones a un joven que intentaba llevarse unos lentes de sol.
Según denunció José Yedro - padre del menor de 15 años que habría resultado víctima de la agresión - el subjefe del Comando Radioeléctrico le produjo lesiones en el rostro y los brazos de su hijo.
Pero de los dos hechos que llegaron a la Justicia, el juez Carlos González Castellanos entendió que el único que tenía entidad era aquel por el que se lo acusó de lesiones leves, es decir, el ocurrido en la pileta. Por eso dispuso aplicarle 3 meses de prisión en suspenso, y liberarlo de culpa y cargo por los vejámenes que le achacó Gómez.
Al mediodía, Quiroga caminaba los pasillos de Tribunales con la carga de angustia de quien depende de una decisión judicial para conocer cuál será su destino: desde que fue denunciado, el policía dejó de cumplir tareas en Río Cuarto y podría haber quedado fuera de la fuerza si el juez hubiera aceptado el criterio del abogado querellante Héctor Giuliani que, en su alegato, pidió tres años de prisión efectiva y la inhabilitación para ejercer su cargo.
Una vez que se conoció el veredicto, enfrentó los micrófonos bastante más sereno y no se olvidó de Sarandón y Gómez, los primeros en denunciarlo: “De pronto que dos delincuentes con antecedentes pongan en tela de juicio la función policial es lo que a uno más le duele, pero creo que el juez se ha dado cuenta de que todo lo que venían denunciando eran mentiras”, dijo rodeado de micrófonos que le impedían salir de la sala, y agregó: “No es fácil sentarse en un banquillo de acusados y tener del otro lado a un delincuente que te está señalando con el dedo”.
El policía opinó que la leve condena recibida no afectará su tarea dentro de la policía y expresó su deseo de volver a desempeñarse en la ciudad.
Cuando se le preguntó si había hecho una autocrítica de su actuación, respondió afirmativamente: “Después de cada procedimiento siempre uno se hace una autocrítica para ver qué estuvo bien, cuáles fueron los errores cometidos y así mejorar día a día en la faz policial. Esto me sirvió de experiencia para saber que a veces cuando uno trabaja de más se pueden llegar a cometer falencias”.
-¿Qué lectura hace de este proceso?
-La lectura que uno hace es que lo mejor es bajar los decibeles, bajar un cambio como se dice, y no cometer ciertas torpezas.
Cuando Quiroga logró tomar el pasillo de Tribunales camino a la salida, ya no estaban los representantes de grupos defensores de Derechos Humanos que se retiraron de la Cámara Segunda frustrados por el veredicto que acababan de oír.
La defensa
Enrique Zabala, el abogado defensor de Quiroga, dijo que el sobreseimiento por los vejámenes “fue un alivio”. Dijo que “en general estoy satisfecho con el fallo”, aunque anticipó que apelará la condena de tres meses “porque la acusación es bastante cuestionable”.




