Portada > Espectáculos > Nota > 27/12/2009
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literatura

Antonio Tello: las razones de una obra sustantiva

Antonio Tello está de visita en Río Cuarto, la ciudad en la que vivió desde su adolescencia hasta 1975, y en la que comenzó su andadura literaria. Radicado desde hace muchos años en Barcelona, publicó “El mal de Q”, una reunión de todos los cuentos escritos desde que comenzó a despuntar el vicio de la literatura. Sobre ese libro, que trajo a puño para que figure en el stock de las librerías locales, y otros detalles que hacen a la continuidad de su obra, se explaya en esta entrevista.

“Los cuentos que se reúnen en 'El mal de Q' son cuentos diversos de etapas diversas, desde los primeros que escribí el Río Cuarto poco antes de irme, desde el año 68 hasta ahora. Hace mucho que tenía ganas de editarlos pero fui postergando el proyecto porque había cuentos que son de la primera época y que no habían sido publicados en aquella oportunidad ni en ediciones posteriores porque no estaba satisfechos con algunos aspectos, porque había cosas que no estaban resueltas y que a las que con el tiempo conseguí encontrarles la salida que buscaba.

¿Cuál era el motivo de esa insatisfacción?

Yo he procurado siempre, y es lo que de alguna manera sostiene mi literatura, que lo que narrara no repitiera los recursos formales que eran propios de los años 60, cuando empecé a escribir, lo que se llamaba la literatura del compromiso. Siempre sentí que mi único compromiso al escribir debía ser con la literatura. Eso no quiere decir que escriba fuera de la realidad. Si que puedo denunciar cosas, como ya sucedía en uno de mis primeros cuentos que narra el drama de un jubilado que espera su primera jubilación que nunca le llega. Pero, trato de soslayar elementos que sean limitantes del alcance del cuento, elementos que sean muy locales. Con ese y otros cuentos me sucede de que el hecho de que se acceda a su publicación luego de muchos años es que he conseguido mi objetivo, lo que me produce una gran satisfacción”.
Esa experiencia de la maceración y la corrección prolongada es más o menos habitual en su escritura.

“En mi caso, los cuentos se escriben rápidamente pero después de haber superado un largo proceso de meditación. Hay cuentos que están pensados durante 10 años y los escribo en media hora. Eso no quiere decir que queden así, como se escriben, sino  que llevan un proceso de limpieza, de pulimento, de corrección. El último cuento del libro, 'La agonía del Ángel”, ha tenido un largo proceso de corrección porque es mi intención que todas las floraciones, las frases, encajen de un modo perfecto, que cada frase tenga un sentido. Eso requiere mucha paciencia, mucho trabajo. Y si yo no encuentro el sonido perfecto de ese relato, no lo publico, no puedo dar algo que siento imperfecto. 'Martínez' por ejemplo, es uno de mis primeros cuentos y recién se publica ahora, pero porque recién encontré la solución al final que era simplemente retocar la última línea, pero durante treinta y pico de años no supe cual era la solución que tenía que darle”.

Habló de musicalidad, un concepto que parece lejano a la literatura de hoy, como si lo que se tiene que decir obturara el pulimento del cómo decirlo.

“La literatura actual, en general la más difundida, ha descuidado la prosodia, el ritmo, la musicalidad que tenemos para hablar. A mi juicio toda literatura debe conservar y potenciar el sustrato oral que la sostiene. La complejidad no deriva del modo en que compliquemos las frases, o de las alteraciones sintéticas sino de la esencialidad: por ejemplo en el cuento 'La guerra invisible' todo parece muy sencillo sin embargo es un cuento muy complejo porque está hablando de varios registros de la realidad. Lo que reúne las tres capas de narración que se entrelazan, es el ritmo. Además, yo toda mi vida me he sentido un poeta y toda mi vida he estado buscando la notación musical, que es la que transmite más íntimamente, descubrir el sentido mucho antes de que llegue el significado de las palabras.

A propósito de 'La guerra invisible', en la que un hombre mayor le explica a un niño, en una tarde de playa, detalles de su pasado, asoma allí la propia historia.

“Ese cuento nace de la necesidad de explicarle a mis hijos en qué había consistido esa guerra que vivimos. No casualmente está dedicado a mi hijo menor, Pablo, el único de los tres que nació en Barcelona y sigue mi propósito de narrar todo el miedo el horror, el drama que se vivió en la época del terror, que empezó mucho antes de la Dictadura, pero tratando de soslayar las menciones directas porque se trata de rescatar unas vivencias que no son únicas del pueblo argentino, porque cosas semejantes han sucedido en otras partes del mundo. Mi idea es utilizar las formas metafóricas para trascender el hecho puntual, datado, aparentemente local, en busca de trascender mi biografía, que no tiene demasiada importancia. Porque lo que importa son las experiencias y la mayor o menor capacidad que uno tenga para proyectarlas y hacer que otras personas se sientan identificadas con ellas. Esa voluntad está en ese cuento y en todo lo que escribo

Que ha cambiado de la percepción de la literatura, en el Antonio Tello que se fue de Río Cuarto y este que sabe ya de una trayectoria y que trabaja con las palabras y vive metido en la literatura.

“En realidad, sigue siendo la misma, pero lo que busco es profundizar esa percepción. Yo he procurado elegir un camino y seguirlo para aprender. Y hasta el último cuento del que recién hablaba, se nota ese mecanismo de aprendizaje. Para mí, lo que es alma de la obra, lo que sostiene la obra, lo que se dice 'el alma del látigo' es para mí una entidad poética. Incluso hay cuentos como 'El duelo', que está incluido en 'El mal de Q', saldrá como poema en un libro próximo que se editará aquí en Río Cuarto por la editorial Cartografías. Con eso quiero demostrar que la percepción mía de la creación literaria es esencialmente la misma”.

Esa voz individual, se modifica mucho viviendo en otro lugar que uno no ha elegido, como en el caso de tu residencia de muchos años ya en Barcelona.

Yo he vivido algo muy significativo en ese sentido. Yo estaba escribiendo mi segunda novela 'Los días de la eternidad' y quedó bien en apariencia pero yo sentía, sabía, que esa era una novela que no funcionaba internamente. Había en ella algo que era falso. La novela ya estaba lista para publicación pero yo la retiré porque tenía que descubrir qué diablos era. Entonces sentí que estaba bloqueado para escribir. Y después descubrí que lo que ocurría es que para entonces yo había cambiado en mi interior, con ese viaje y esa nueva vida en un contexto diferente. Y volvemos aquí al tema de la prosodia, de la música interior. Cuando nosotros hablamos, nos expresamos, siempre lo hacemos en correspondencia con un paisaje humano y yo seguía repitiendo el paisaje de Argentina, de Río Cuarto, pero yo ya no era el mismo que aquí, me había transformado en aquella otra ciudad y ya mi cadencia de expresión era otra, mi identidad era otra, porque todo está ligado, la forma en la que hablamos está ligada a tu identidad no sólo personal sino colectiva. Yo soy de Río Cuarto, soy de Argentina, pero sin embargo soy otro. No puedo ya negar mi propia extranjeridad, allá y acá. Y hasta que no me di cuenta de que ese era el problema, no pude seguir escribiendo. Esa toma de conciencia derivó en la escritura de otra novela, que es 'El hijo del arquitecto' donde seguí un método para dominar mi propia música interior, y yo hice esa novela, basándome en el endecasílabo, es una novela escrita en endecasílabos, aunque aparentemente no se nota, pero el lector sentirá de un modo inconsciente, y sin tomarlo de un modo directo, una musicalidad distinta, una especie de rumor de fondo que va uniendo toda la novela. Y a partir de allí supe quien era, quien volvía a ser.