el homicidio de nora dalmasso
Crimen en el Golf El ADN, la única esperanza a 2 meses del asesinato de Nora
Cada vez hay menos certezas en el caso Dalmasso. Están por cumplirse dos meses del crimen que conmocionó al país y todavía no hay pistas firmes sobre el hombre que en la madrugada del 25 de noviembre de 2006 asesinó a Nora en su casa de la Villa Golf. Todas las esperanzas están centradas en que el FBI logre descifrar el código genético del homicida en las muestras de semen y en los cabellos encontrados en el lugar del crimen.
“Necesitamos una ayuda de la técnica. Dependemos del ADN porque los llamados no dieron resultado y los testimonios tampoco. Además, los sospechosos tienen coartadas firmes. La verdad es que acumulamos cada vez más información pero estamos cada día más desorientados”, comentó una alta fuente de la investigación.
A Nora Dalmasso la encontraron muerta en la cama de su hija Valentina el domingo 26 de noviembre. La habían asesinado 36 horas antes. Ese fin de semana su marido, el traumatólogo Marcelo Macarrón, había viajado a Punta del Este para jugar un torneo de golf. Los pericias arrojaron que Nora tuvo relaciones sexuales, presumiblemente consentidas, antes del crimen. Desde entonces, sólo Rafael Magnasco, funcionario provincial, fue imputado por “sospecha leve”.
Policías y fiscales ruegan que el FBI descubra la clave genética oculta en las muestras. Incluso, ya decidieron qué harán el hipotético día en que se descifre el ADN: “No vamos a pedir 3 ó 4 muestras de sangre. Ya acordamos que serán entre 20 y 25. Queremos tener el perfil genético de los empleados, los amigos y los sospechosos. Nuestra intención es agotar todas las posibilidades. Quienes se sometan voluntariamente al examen, mejor. Y para los que no quieran, ya buscaremos alguna forma”, indicó uno de los investigadores.
Hay resultados que sorprenden y desalientan. A dos meses, los elementos que normalmente son claves en una pesquisa, en el caso Dalmasso no han dado resultados:
n Los teléfonos no arrojaron las pistas que los investigadores esperaban encontrar. Nora no se comunicó con ninguno de los sospechosos la noche del crimen. “No hubo un contacto previo para acordar el encuentro. El asesino fue hasta la casa de Nora, le golpeó la puerta y, como ella lo conocía, lo dejó entrar. Pueden haber tenido o no relaciones previamente. No hay que descartar que haya sido una relación ocasional y que el homicida haya estado drogado o alcoholizado”, dijo una fuente de la investigación.
n Los sospechosos no dejaron flancos en sus declaraciones. Hasta ahora, las pistas telefónicas y las investigaciones sobre el campo han permitido comprobar que los hombres interrogados dijeron la verdad: estuvieron en el lugar que dijeron y con la gente que mencionaron.
“Sólo por citar un ejemplo: muchos nos contaron que conocían a gente que había visto a (Miguel) Rohrer la noche del crimen. Pero cuando los entrevistamos se desdicen. Hay mucha fantasía”, indicó uno de los investigadores.
n Los más de 200 testimonios tampoco permitieron cercar al homicida.
Un asesino que no es profesional debería, en casos normales, cambiar su conducta. Por eso, los investigadores están siguiendo de cerca a unas 40 personas. Quieren saber si alguien del círculo chico de Nora dejó de frecuentar el gimnasio o el club, si se muestra alterado o deprimido o si tiene comportamientos que hasta el 25 de noviembre le eran ajenos. “A lo mejor tenemos un golpe de suerte y en el momento menos pensado lo agarramos”, dijo el investigador con una sonrisa resignada.
Marcos Jure
mjure@puntal.com.ar




