A un siglo de la construcción de nuestro primer puente

Por Walter Bonetto

Hasta 1913 cruzar el río era un desafío para quienes llegaban a la ciudad desde el Norte, o querían hacer el camino inverso. En tiempos normales nunca fue un obstáculo difícil, pero con las crecientes en los períodos de lluvias el cruce se complicaba. La ciudad crecía y las demandas de comunicaciones y tránsito aumentaban; y la limitación se terminaría agravando con la aparición, a partir de las primeras décadas del siglo pasado, de los vehículos motorizados: ya en el año 1906 la Municipalidad había otorgado las primeras patentes de automóviles, por lo tanto un puente sobre el río Cuarto era fundamental  y prioritario.
En 1900 la ciudad contaba con unos 12.000 habitantes, populosa para los parámetros de entonces, de alto crecimiento poblacional y económico. Un porcentaje considerable de aquellos habitantes estaban radicados y se seguían radicando en la banda norte, pues desde 1883, durante la gestión del intendente Moisés Irusta, había un decreto  de “fundación de una villa al norte del curso de agua”; el agrimensor Saint Remy Urban realizaba los planos de urbanización del sector,  pero la falta de un paso seguro era toda una limitación, aunque no impidió que estos terrenos se lotearan.
Desde 1880 se reclamaba un puente para la ciudad y en 1885 el Congreso de la Nación había aprobado una ley que asignaba cien mil pesos para esta obra, pero quedó sin concretarse. Recién en 1886 se realizan los estudios para su construcción, durante la intendencia de Juan A. Álvarez, que además gestionó su instalación con diversas autoridades de la provincia y la nación pero sin éxito.
Mientras estas gestiones continuaban, los pobladores seguían  cruzando como podían las agüitas templadas del río Cuarto sobre su  lecho de suave arena para alcanzar la otra banda. Personas con el calzado en las manos o sobre el hombro unidos por los cordones, con pantalones arremangados sobre las rodillas y hasta con niños en brazos, era una imagen común. Como la de carros, sulkys, chatas, vagonetas, diligencias, carretas,  hombres y mujeres montados a caballo. Había carritos pasadores de gente que cruzaban el río por unas monedas; el cruce también se hacía de noche y cuando había poca luna algunos farolitos alumbraban el recorrido.
Ante la imperiosa necesidad de lograr un tránsito continuo, y ante los insistentes reclamos de los riocuartenses, especialmente los realizados con enérgicas notas del intendente don Alfredo Boasi al ministro de Obras Públicas de la Nación en 1903, al final el Gobierno reasignó partidas de un presupuesto ya autorizado por ley de años anteriores y adjudicó la obra a la empresa alemana Harkort Duisburg. En 1911 se iniciaron las obras del “puente carretero” que se venía gestionando con insistencia desde más de un cuarto de siglo atrás, la cual sería controlada por la Dirección de Puentes y Caminos.
No faltaron inconvenientes de distinto tipo: por empezar, esta obra tan importante al poco tiempo de haber sido iniciada fue paralizada por falta de presupuesto. La gente de Río Cuarto se sintió decepcionada, pero el intendente Antonio Ferrer de manera inmediata tomó con energía y preocupación el tema y el 10 de abril de 1911 emitió un telegrama al presidente de la República, que era el doctor Roque Sáenz Peña, para transmitirle la inmensa preocupación de toda esta ciudad. Solicitaba  que  intercediera para que no se suspendiera la construcción del puente carretero, tan anhelado y necesario para esta población, dado que el “decreto de economía” firmado por el Poder Ejecutivo Nacional la había paralizado.
La respuesta del presidente Sáenz Peña no se hizo esperar, y el 11 de abril de ese mismo año —o sea al día siguiente— le comunicaba al intendente que iba a interceder ante el ministro de Obras Públicas para que las obras del puente de Río Cuarto tuvieran continuidad.
A los pocos meses esta tan ansiada obra es continuada y queda habilitada luego de dos años de trabajo, para lo cual debió vencer distintas dificultades entre el proveedor y sus contratistas, dado que faltaron placas metálicas y miles de remaches para seguir uniendo las partes. Además se armó incorrectamente un sector por deficiente mano de obra, y tuvo que ser  reconstruido.
Toda la estructura metálica está montada sobre pilotes de ladrillos y vigas de concreto enterradas en profundidad sobre el lecho del río hasta alcanzar el basamento de roca. El puente fue adquirido en Alemania en condición de desuso. Había sido desmontado del río Rin y traído a nuestro país, donde solamente un tramo está sobre nuestro río.
Habilitado en 1913, el puente logró un extraordinario cambio de vida de nuestra ciudad. Después de su instalación siempre se fue mejorando y en 1940, durante la gestión del intendente  Ben Alfa Petrazzini, se construyeron las rampas de ingreso totalmente pavimentadas.
La ciudad tuvo un antes y un después del puente carretero, que facilitó el progreso y trajo una comunicación más fluida e integrada. Durante un siglo, millones de personas lo transitaron constantemente; en sus primeros tiempos en horas determinadas, pasaban por el mismo hasta tropas de ganado que venían del Norte rumbo  los corrales de las ferias que se ubicaban al sur de la ciudad para sus tradicionales remates.
Hoy es un puente más de los seis con que cuenta la ciudad, pero como siempre sigue permitiendo una comunicación fluida y un tránsito directo al corazón de Río Cuarto. Este año se cumplió un siglo desde que se habilitó al tránsito, cuando las partes sur y norte dejaron de estar aisladas y divididas y el dinamismo fundamental e integrador aportado por la flamante obra be-nefició no sólo a la ciudad sino también a localidades vecinas.