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03/03/2007 - Litigio en una congregación de Berrotarán

Un cura acusado de abuso sexual querelló al joven que lo denunció

El padre Miguel Astudillo había sido denunciado por un joven de la fraternidad Nazareth. Pero dos fiscales no encontraron pruebas para culparlo. Ahora el sacerdote exige un resarcimiento económico

Hace dos años, el entonces sacerdote de Berrotarán, Miguel Astudillo, fue trasladado al norte del país por el obispado.
No fue un cambio planificado con tiempo por la curia, sino una decisión de apuro para descomprimir el escándalo que había generado en el pueblo  y en la Diócesis la denuncia que un ex interno de la congregación había presentado en su contra.
Diego Meza, un joven treintañero, hijo del ex senador Oscar Norberto Meza, lo acusaba de haber abusado sexualmente de él, durante el tiempo en que compartieron la fraternidad Nazareth, que funciona en el pueblo.
Astudillo era uno de los curas formadores y Meza acababa de abandonar el Seminario y estaba dirimiendo su vocación sacerdotal en esa congregación.
Hoy, uno y otro vuelven a verse las caras, pero esta vez con un juez de por medio, el doctor Oscar Testa de la Cámara Segunda del Crimen.
Los dos fiscales que investigaron la causa en los tribunales locales, Jorge Medina y luego  Fernando Moine, desestimaron la acusación y decidieron archivarla porque no encontraron pruebas que incriminaran al sacerdote. Ahora, el cura decidió regresar un tiempo del lugar donde fue confinado -una parroquia de la ciudad correntina de San Cosme- para intentar salvar su nombre: presentó una querella en contra de Diego Meza “por la falsa imputación de un delito” y le exigirá una indemnización económica por los daños y perjuicios que le habría provocado.
Astudillo niega haber cometido abuso sexual alguno, cree que eso quedó aclarado en la investigación judicial pero, además, invocó su condición de enfermo diabético que le provoca una disfunción eréctil. Por ese motivo, la semana que viene se llamará a declarar a su médico personal.
En la opinión de su abogado, Daniel Peirone, lo que debe demostrar la Justicia ahora no es si existió el delito de abuso sexual -“algo que ya fue investigado y descartado”, aclaró-, sino si hubo o no una falsa denuncia de parte de Meza.
En su defensa, la familia Meza dijo que no siguió con la denuncia en contra de Astudillo porque así se lo aconsejaron uno de los fiscales y el sacerdote Jorge Felizzia, “pero no nos esperábamos que después viniera esto”.

Homilías filosas y acusaciones de homosexualidad

La relación entre la congregación del sacerdote Miguel Astudillo, -un hombre cuarentón, de larga barba y baja estatura- y  los Meza -una familia con injerencia en la política, que en su momento condujo el instituto educativo más importante de Berrotarán-, había comenzado de la mejor manera.
Cuando Astudillo llegó al pueblo, el entonces senador Oscar Norberto Meza le gestionó un subsidio a la fraternidad porque, según declaró ayer en Tribunales, había notado “que el hambre era grande” entre los sacerdotes y los jóvenes que vivían allí.
También dijo que cuando su hijo empezó a vivir con los curas, Astudillo le agradeció su gesto, “porque gracias a su subsidio pudimos comer tres meses”.
Las primeras rispideces entre ellos habrían tenido como escenario el Instituto Berrotarán, donde Astudillo daba clases y los padres del joven que lo acusaría de abuso sexual se desempeñaban como directora y representante legal.
Precisamente, el ex senador y su esposa Elena Ester Flores fueron quienes declararon como testigos ayer, y no se ahorraron críticas hacia el sacerdote que, a sólo un metro de ellos seguía los testimonios y anotaba en una pequeña libreta.
Oscar Meza, de riguroso traje, lo acusó de haber usado el púlpito de la parroquia Sagrados Corazones para defenestrarlo a él y a su familia en sus homilías y comentó que hasta llegó a pedir en público que  se fueran del pueblo.
En su opinión, lo único que persigue el cura con la querella es un rédito económico, algo que dijo no sorprenderle porque calificó a Astudillo como una persona interesada “que según comentarios que oí no dudaba en cobrar cuando hacía confesiones a domicilio”.
A pesar de estas imputaciones, el cura no perdió la calma ayer. Su momento de declarar en esta causa todavía no llegó.
La que sí se explayó sobre sus inclinaciones sexuales y los comentarios que se hacían en el pueblo fue la madre del ahora querellado Diego Meza.
La mujer contó que en una despedida de sexto año del Instituto Berrotarán los alumnos le gritaron en el patio del colegio al sacerdote la palabra “puto”. Agregó que en ese momento se enojó por la falta de respeto, pero que luego los alumnos le relataron que habían visto al cura “darse piquitos”(sic) con otro hombre en la terminal del pueblo. “Si a mí me gritan negra, no me voy a enojar porque soy de tez negra, así que no veo porqué él se tendría que molestar”, declaró la ex directora ante la sorpresa de los que la oían en la Cámara Segunda del Crimen.
“En mi opinión, Astudillo no puede estar en contacto con jóvenes hasta que no solucione sus problemas y se reeduque. Como profesora que soy, si tuviera que calificarlo del 1 al 10, le pondría un 4,50”, soltó como si estuviera en una mesa de examen.

Alejandro Fara
afara@puntal.com.ar