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25/07/2013 - El juicio al policía Auce ya tiene jurado popular

“En el barrio, todavía hay quien dice que me llevaron por prostituta”

La principal testigo de la venta de alcohol y drogas en la alcaidía espera que el inminente juicio sirva para que no se repitan los abusos hacia los detenidos. Ayer designaron a los jueces populares

“De aquel momento recuerdo todo, no me olvido de nada, más allá de que pasaron tres años”. La que habla sentada en un living templado por el calor que lanza la pantalla de una garrafa es Nancy Carena, la mujer que en el verano de 2010 generó un tembladeral en la fuerza policial, cuando denunció que fue abusada sexualmente por el agente José María Auce y que ese mismo policía, junto con otro uniformado, montaron una fiesta de alcohol y drogas en plena alcaidía del centro.

El abuso sexual nunca pudo demostrarse, pero el fiscal Julio Rivero encontró indicios suficientes para llevar a juicio al oficial ayudante Auce y al sargento primero Oscar Gutiérrez. Ambos ahora están acusados de vejámenes y peculado y, aunque todavía no hay fecha para el inicio del juicio, ayer la Justicia designó a los doce ciudadanos que integrarán el jurado popular.

Carena no ocultó su decepción cuando supo que se caía la acusación contra Auce por abuso sexual, pero considera que es un paso adelante que los dos policías que ella mencionó estén al borde del juicio. “Que sirva para que nadie le vuelva a pasar lo que me pasó a mí”, dijo en este diálogo con PUNTAL.  

-¿Cómo se inicia todo?

-Yo denuncio un robo acá en mi casa, y la policía en vez de llevarse al que robó, me llevó a mí. Me golpean en la comisaría de Banda Norte y después en la alcaidía. Ahí estuve detenida y al tercer día de estar detenida ocurre todo esto. Venta de drogas, de alcohol, abuso sexual por parte de Auce hacia mí y otras dos chicas que también fueron abusadas. Se vendió droga, alcohol y hubo una fiesta tremenda esa noche ahí.

-¿Quiénes eran los que vendían drogas?

-El policía Auce rompió la puerta de la enfermería y  junto a un detenido, no me acuerdo en este momento quién era el chico, vendían a 50 pesos el alcohol y vendían las medicaciones de los internos. Por ejemplo, yo estaba medicada y me vendían el clonazepam. Yo compré para después poder demostrar lo que había pasado esa noche.

Compré una tableta de clonazepam que eran las mismas que a mí me daban en el dispensario. Al otro día pude comprobar que era verdad lo que yo decía.

-Con el tiempo transcurrido, ¿cree que los testigos de aquel momento se animarán a declarar en el juicio?

-Nunca volví a verlos y no sé si volverán a declarar, porque siempre está el miedo. O sea, a vos te agarran en la calle y te pegan una paliza como te pegaban ahí adentro, lo digo porque yo lo comprobé, así que no sé si los chicos que estuvieron detenidos van a servir pero pienso que sí porque ese día fue una de declarar todos los que estaban en el pabellón 13, así que pienso que no se van a negar. A mí nadie me avisó nada, pero si me llaman a declarar no me he olvidado de nada; lo que pasa es que son unos cobardes porque se sacan los abrojos entonces no les podés ver los nombres, pero yo sí me acuerdo quiénes eran.

-¿Conoce si Auce sigue dentro de la fuerza?

-Me dijeron que lo habían retirado pero yo en una de las búsquedas que se hizo del chico Sabena me lo encontré y se me escapó, lo corrí y cuando hablé con el jefe de ese momento, el comisario Galbucera, le conté y me dijo que era un hermano gemelo (se sonríe), siendo que yo lo había enfrentado cara a cara. Después de eso no supe nunca más nada, dijeron que lo habían retirado de la fuerza pero no sé, porque él está en Córdoba. Yo he viajado muchas veces a Córdoba, he estado en conducta policial, hablé con los altos jefes, le mandé una carta a la presidenta y ahora tengo el apoyo del abogado presidencial, así que miedo no tengo porque yo no hice nada. Me llevaron injustamente por una denuncia que hice yo, y alguna gente del barrio salió a hablar y todavía hablan que me llevaron por prostituta, siendo que me entraron a robar en mi casa.

-¿Cambió su vida a partir de aquella denuncia?

-He sufrido muchísimas amenazas y tuve que hacer 17 denuncias porque se la agarraban con mis hijos, me decían que los iba a encontrar con un tiro en la cabeza. Querían que levantara la denuncia y nunca lo hice porque no les tengo miedo. Por ahí tenemos grandes encontronazos porque para ellos pasé a ser la “milica”, la “metida”. 

Ahora estoy estudiando Policía de Derechos Humanos para saber cómo son las leyes, porque agarran a los chicos en la calle cuando se van a trabajar y se los llevan por merodeo, les pegan cada palizas, o los suben al móvil porque tienen un porro y después te encontrás con que están vendiendo porros adentro de la alcaidía. Uno ve cómo entran la droga ahí, quiénes son, y te tenés que quedar callado. Bueno, yo no me quedé callada porque me duele la injusticia, porque a mis hijos les ha pasado, me los han golpeado y me tuve que quedar callada, pero ahora no me callo más.

-¿Alguna vez se arrepintió de lo que hizo?

-¡No, porque no hice nada! Lo único que hice fue una denuncia por robo y me pegaron a matarme, me quebraron la nariz, tuve fisuras de costillas y mi cuerpo era todo machucones en ese momento. El médico forense tiene las fotos. Así que si se hace el juicio que sea para bien y para que no le pase a más gente lo que me pasó a mí porque la fuerza policial está para cuidarnos y no para hacer lo que hicieron. Acá se involucró a gente que nada tuvo que ver, como el comisario Della Mea, porque si Gustavo hubiera estado en ese momento ni a mí ni a ningún detenido nos pasaba lo que nos pasó.

Alejandro Fara
afara@puntal.com.ar