Por Marcelo Irastorza
En el enroque de los secretarios Mauricio Dova y Camilo Vieyra subyace una vieja relación de amistad entre ellos y el intendente Juan Manuel Llamosas. En realidad, la historia comienza en la escuela primaria donde se hicieron amigos Llamosas con Gustavo Dova. Por ese vínculo entró en escena Mauricio y, con el tiempo, el propio Camilo. Todos ellos conforman la denominada “mesa chica” del gobierno municipal, en la que se toman las decisiones clave para el futuro de la ciudad. En rigor, representan el corazón mismo del llamosismo y hace tiempo que vienen dando pelea para llegar al Palacio de Mójica. La primera contienda la dieron en el 2008 cuando, en contra de la estructura oficial del Partido Justicialista, le hicieron la interna al candidato Miguel Minardi. En esa ocasión, perdieron la elección pero por poco. A partir de ese momento, la imagen de Llamosas comenzó a crecer, a tal punto que José Manuel de la Sota tomó nota de ese detalle y, en el tramo final de la campaña, le empezó a dar protagonismo. Minardi perdió los comicios frente a Juan Jure que pudo así conseguir su reelección. Fue ahí cuando Llamosas inició una carrera ascendente a la intendencia, en la que los hermanos Dova y Vieyra fueron sus principales espadas. Gustavo se convirtió en el operador político de Llamosas, Mauricio planteaba las diferencias con el radicalismo desde su banca en el Concejo Deliberante y Camilo colaboraba desde su rol de funcionario en el Centro Cívico. Así las cosas Llamosas se convirtió en el único candidato del peronismo, en medio de fuertes críticas de los distintos sectores internos que amagaban con romper con el partido. Llamosas, los Dova y Vieyra formaron un verdadero “team” siempre con el objetivo de llegar a la intendencia. De bajo perfil, Gustavo se encargaba de las relaciones con las distintas autoridades partidarias y las diferentes líneas internas. Mauricio era la voz de Juan Manuel en el Legislativo. Y Camilo articulaba las negociaciones desde la Subsede del Gobierno de la Provincia. En el 2016, Llamosas fue elegido intendente y ese mismo esquema se trasladó al Palacio Municipal. La “mesa chica” de la campaña se traspoló a la Municipalidad. De esta forma, Gustavo fue secretario privado, Mauricio titular de Gobierno y Camilo, responsable de Desarrollo Económico y Social. Hasta que saltó el escándalo de los cheques y el intendente tuvo que barajar y dar de nuevo. Por esos días se hablaba de que Dova iba a dejar Gobierno y los rumores decían que podían desembarcar allí Guillermo de Rivas o Guillermo Natali. Pero finalmente Llamosas decidió concretar un enroque entre los secretarios Dova y Vieyra.

En suma, todo quedó concentrado en la “mesa chica”. Y Gustavo, Mauricio y Camilo seguirán funcionando en equipo. Primero, para encarar la segunda etapa de gobierno y, luego, para buscar la reelección de Llamosas.

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