Por Marcos Jure
Cuando asumió, hace ya dos años, Juan Manuel Llamosas llegó asentado en su imagen personal y en un par de promesas nacidas principalmente de los defectos que fue acumulando la gestión anterior. 

Esos compromisos no parecían ser demasiado pretenciosos: tapar los profusos baches que había en las calles y desalojar a Cotreco para prestar un nuevo servicio de higiene urbana, más eficiente y menos oneroso.

A 24 meses de aquella asunción cargada de significado para el peronismo, que había pasado 12 años de ostracismo después de gobernar solamente un período desde la vuelta de la democracia, Cotreco sigue siendo la prestataria de la recolección de basura, el contrato más pesado que debe afrontar todos los meses la Municipalidad. El gobierno eligió asumir el costo político de incumplir su palabra antes que complicarse con un sector, el de la basura, que suele ser un quebradero de cabeza.

Es verdad que regularizó la situación de la empresa, que había recibido el contrato de apuro y en un procedimiento de dudosa legalidad en el gobierno de Juan Jure, a través de una licitación que no generó objeciones. El gobierno se ató entonces a la legalidad, al razonamiento obvio de que no podía prohibirle a Cotreco participar, en vez de forzar la salida de la empresa. No hizo nada para que la firma cordobesa dejara la ciudad.

En el plano fáctico, la continuidad o no de Cotreco puede ser un hecho secundario. Lo que es neurálgico es que durante el proceso licitatorio existió el compromiso de que aun si Río Cuarto no cambiaba de prestataria sí transformaría el servicio. La ciudad tendría una higiene urbana moderna, con reciclado y contenerización. Hoy, un año después, esos cambios, que según se anunció iban a verse de inmediato, siguen pendientes. La empresa cordobesa continúa prestando, salvo retoques cosméticos, el mismo servicio de siempre.

La otra promesa, la de erradicar los baches, también puede considerarse una cuenta parcialmente pendiente. El deterioro de la infraestructura vial no llega a los niveles de 2016 pero todavía se está a años luz de una situación óptima. Por eso no es causal que el estado de las calles siga apareciendo entre los principales problemas que los riocuartenses mencionan en las encuestas. La última, de Gustavo Córdoba & Asociados, lo ubicó en el tercer lugar.

Además, si se reflota una metáfora que usaba el actual intendente en campaña, cuando decía que los pozos en las calles eran el reflejo de los baches de la gestión, entonces hay que concluir que el gobierno actual también los tiene, aunque al oficialismo pueda servirle de consuelo que son menos que los de Jure. 

Esos fueron los ejes de campaña de mayor impacto, los que apuntaban a una contraposición con los defectos de la gestión radical, como si Llamosas y su equipo fueran la contracara de la ineficiencia del gobierno anterior.

Pero hubo otros temas que también generaron propuestas del entonces candidato, aunque de menor gravitación en la publicidad electoral, que el gobierno sí se está encaminando a cumplir y que inauguran un concepto interesante en la idea de ciudad.

La gestión de Llamosas ya ha inaugurado dos de los tres dispensarios abiertos las 24 horas que había planteado en campaña: uno está en Alberdi, otro en el sur. Esa concreción implica que el Municipio ya no presta el servicio de salud sólo en el centro sino que lo traslada a los barrios durante todo el día, adonde se encuentran las principales necesidades. 

Allí comienza a plasmarse el objetivo de expansión de la presencia del Municipio, que siempre se postuló pero que jamás se concretó, principalmente por razones presupuestarias.

También hay que sumar la oficina de descentralización administrativa, que ya tiene un avance del 70% en el Parque Sarmiento y que implicaría también otro tipo de acercamiento del Estado a los barrios, en una ciudad que se ha expandido y complejizado.

En esa misma línea puede inscribirse la nueva versión del presupuesto participativo, un cover de un viejo programa de Alberto Cantero, que ha generado expectativas en la gente y que están cumpliéndose, aún con algunos desajustes, porque las obras propuestas se van concretando.

Es decir, el gobierno de Llamosas fue reconfigurándose, redefiniéndose a medida que pasaban los meses. Encontró una veta nueva para ir adoptando su propio perfil en vez de seguir asentándose en la idea de contraponerse permanentemente a la gestión que se fue.

Aunque es una identidad que todavía se percibe tentativa, con rasgos no del todo definidos sino en formación. Además, no puede decirse que sea un gobierno de metas ambiciosas. Posee una concepción tradicional de lo que debe ser una gestión municipal: carece de aquella visión integral de desarrollo que propuso Cantero y que terminó chocando contra limitaciones propias y crisis ajenas.

Sus defensores señalan que esa es la tendencia actual: los municipios deben encargarse de lo concreto, de mejorar la vida diaria, de brindar servicios, y no inmiscuirse en generalidades sobre las que casi no pueden influir. De todos modos, aunque sería una excepcionalidad en un país en el que los gobiernos van improvisando sobre la marcha, no estaría de más, y evitaría esfuerzos innecesarios, que existiera una idea de ciudad que sirviera de guía, de referencia, de meta a alcanzar. 

Hoy, esa es una carencia.

Llamosas, en esa reconfiguración de sí mismo, también comenzó a hacer hincapié en la obra pública, principalmente en la que está financiada con fondos provinciales, ya que los nacionales han comenzado a brillar por su ausencia. Esa asistencia siempre dispuesta de Córdoba, incluso para afrontar gastos corrientes, ha sido una de sus fortalezas. La oposición la reprocha pero esa sintonía entre la Provincia y el Municipio ha sido una decisión expresa de los riocuartenses: en las encuestas de hace dos años se percibía que la gente esperaba dos gobiernos del mismo signo para beneficio de la ciudad.

Pero, en ese punto, algo ha empezado a cambiar. Según admitió el propio intendente, aquella frase que aseguraba que 2018 sería el año de la obra pública también debió revisarse para dejarle paso a la atención social, indispensable en tiempos de crisis.

Los meses que se vienen serán para Llamosas un desafío. Podría decirse que las complicaciones nacionales dividen a su mandato en dos: antes de la crisis y después de ella. Ahora se verá la capacidad real del intendente y su equipo para afrontar las dificultades. “Como no vamos a tener plata, se viene el tiempo de la política”, dicen en el Palacio.

Para esa nueva etapa, el intendente sigue rondándole a la idea de meter mano en su gabinete. Los rumores existen pero las definiciones de Llamosas no aparecen; ese uso del tiempo exaspera a más de uno dentro del Ejecutivio. 

Si se producen, habrá que ver si las modificaciones reflejan la mutación que ha comenzado a producirse en la manera en que Llamosas ejerce el poder: ya no consulta sólo a sus amigos, a su círculo cerrado de compañeros de la secundaria, sino que está ampliando el arco de opiniones y suele escuchar con atención las recomendaciones del fiscal Julián Oberti y del secretario de Economía, Pablo Antonetti.

Cada vez que padeció un escándalo como por ejemplo el del Edecom, Llamosas terminó actuando pero después de dejar que pasaran semanas de desgaste. Esa característica, que cuestionan incluso en el Palacio, tiene que ver con su manera de decidir. 

A juzgar por las encuestas, continúa teniendo una alta imagen positiva. Él, en persona, no ha dado razones para que se produjera un desgaste tan prematuro. Aunque también debe apuntarse que no le ha surgido un antagonista: la oposición sigue sin encontrar ni rumbo ni líder y, para complicar aún más el panorama, aquella esperanza de colgarse del esplendor de Macri parece ir desvaneciéndose. 

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