El privilegio de elegir el día y el adversario - | puntal.com.ar
Schiaretti altera el Código Electoral votado este año para poder adelantar 32 días las elecciones a gobernador. Pero, además, busca influir en la definición del candidato que presentará Cambiemos. Por Marcos Jure
En apenas 8 meses, el oficialismo cordobés habrá modificado dos veces las reglas electorales para acomodar, fundamentalmente, la fecha de los comicios a gobernador. El primer cambio fue en abril de este año, cuando se convalidaron las dobles candidaturas y se fijaron los plazos fatales para convocar a elecciones; el segundo, se anunció hace un puñado de días y altera, precisamente, el mismo calendario que Unión por Córdoba aprobó hace sólo 32 semanas. La decisión, ahora, es que se vote el 12 de mayo, tres meses antes de las Paso nacionales. 

El peronismo provincial, como un personaje de ciencia ficción, convierte el tiempo en una materia maleable, manipulable. Considera que una de las claves del poder está en el manejo del tiempo, en su uso, en su adecuación a las propias pretensiones y conveniencias.  

Unión por Córdoba, que acumula 20 años en el poder, ha puesto en marcha, una vez más, su maquinaria y sus esfuerzos para el fin de todos los fines en política: la preservación del poder. Es un objetivo legítimo, constitutivo; el problema está en las herramientas que se utilizan, en la decisión de avanzar violentando permanentemente las normas a su paso.

Ya de arranque el oficialismo corre con ventajas; tiene para sí los instrumentos del poder, que no son insignificantes a la hora de hacer campaña. La alteración del calendario es, además, el intento por obtener un provecho adicional.

Pero si puede hacerlo, no en términos legales sino políticos, no es sólo porque haya obtenido las mayorías necesarias para cambiar las leyes en la Unicameral sino porque no existe -o es casi irrelevante- la reprimenda social por esa actitud. La gente no suele castigar, salvo en caso excepcionales, una manipulación normativa.

Hasta no hace demasiado, el oficialismo juraba que no metería mano en el Código Electoral porque no tenía sentido. “Actualmente, podemos llamar a elecciones el 16 de junio. No vamos a embarcarnos en una pelea con la oposición para adelantar la fecha 15 días o un mes. No se justifica”, confió semanas atrás un dirigente peronista.

Lo que se dispone a hacer -la nueva fecha quedará oficializada el 12 de diciembre- es exactamente eso: ganar un mes, 32 días para ser exactos. Porque el límite que establece la actual ley es que las elecciones se hagan, como máximo, con 180 días de anticipación al fin del mandato. Con el cambio, los cordobeses votarán 212 días antes del 10 de diciembre, un récord para Córdoba desde la vuelta de la democracia.

¿Qué pasó? ¿Qué cambió en las últimas semanas? Las motivaciones del oficialismo para la polémica reforma son, como siempre, variadas. En público alega que lo hace para que las elecciones provinciales no se mezclen ni se confundan con las nacionales, un objetivo que podría cumplirse perfectamente con la ley vigente.

En realidad, en el PJ impera la especulación. Primero, busca evitar cualquier riesgo de origen nacional. Cerca del gobernador creen que tres meses antes de las Paso, Macri inyectará dinero al mercado para fomentar el consumo y dará así una sensación de alivio económico. Si esa situación se produce y, por consiguiente, la imagen presidencial se recompone, Córdoba será un territorio especialmente complicado para el peronismo. 

Pero, además, el PJ trata de explotar al máximo la falta de acuerdo en Cambiemos para definir la fórmula. Allí, en la fuerza que lidera Mauricio Macri, conviven cuatro precandidatos y existe un disenso fundamental:  cómo elegir a uno de ellos.

El anuncio de que Córdoba votará el 12 de mayo aceleró los tiempos y exacerbó los nervios en Cambiemos. Rápidamente fijó el 24 de febrero como fecha para la interna, aunque por lo bajo se dispararon las negociaciones para que los nombres surjan por consenso.

La interna es repudiada por todos, salvo por Ramón Mestre. Mario Negri, el otro gran aspirante radical a la gobernación, y los dirigentes del Pro consideran que una elección todavía en vacaciones, con los fines de semana aún desiertos por las escapadas a las sierras o al mar, es políticamente irracional. Porque, con una asistencia menguada a las urnas, al oficialismo no debería esforzarse demasiado por influir en el resultado de la elección.

Cerca del gobernador aseguran que el candidato que más complicaciones podría generarles es Negri. Y apelan a una explicación casi psicologista: sostienen que las épocas de crisis, cargadas de incertidumbre, no suelen ser propicias para dirigentes jóvenes. “La gente quiere elegir más a un padre que a un gobernante en esos contextos. Y Ramón no da ese perfil”, explicó un schiarettista.

Como consecuencia, el oficialismo hará lo que esté a su alcance para que el candidato sea Mestre. Porque concluye que la carga de peligrosidad del intendente cordobés es inferior. Ayer, Schiaretti se mostró junto al jefe comunal en una inauguración de obras de cloacas, en un intento por elevar su exposición.

A su favor, el PJ cuenta con la intransigencia de Mestre, que quiere ser el candidato contra viento y marea y que no parece predispuesto a bajarse. Su aspiración es forzar la interna.

La esperanza de Negri es que descienda una presión considerable desde la Casa Rosada. El martes existirá una reunión a nivel nacional en la que se ratificaría la intención de que en Córdoba la interna de Cambiemos sea reemplazada por un mecanismo más pragmático: un pool de encuestas que ungiría a los mejor posicionados. 

Los sondeos propios le aseguran a Cambiemos que hoy está entre 7 y 13 puntos abajo de Schiaretti. Hay, en ese aspecto, otro elemento que impulsó al gobernador a adelantar el llamado a elecciones: la incertidumbre. Si quiebra las reglas y las reemplaza por otras es porque no existe en el corazón del poder la certeza plena de que la hegemonía se extenderá cuatro años más.

Por eso, el oficialismo no se dedica por estas horas exclusivamente al día de la elección. También está destinando sus esfuerzos a contener a todos, principalmente a los delasotistas que han quedado huérfanos. Y en la oposición olfatean que el acuerdo con el kirchnerismo a nivel nacional por el Consejo de la Magistratura persigue en el fondo la intención de que en Córdoba se evapore Unidad Ciudadana como oferta electoral (una encuesta reciente de Poliarquía le da a Pablo Carro 11 puntos de intención de voto).

La estrategia se complementaría con la invención de un candidato que atomice el voto opositor. Allí, las miradas apuntan a Tomás Méndez, actual concejal de Córdoba y denunciador a repetición desde la pantalla de C5N.

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