Los industriales advierten que el nivel de actividad se derrumba y creen que lo peor aún no llegó. Alertan por complicaciones en la cadena de pago. El Indec dio a conocer un uso de la capacidad instalada muy bajo que hace temer por los puestos de trabajo. Por Gonzalo Dal Bianco
La industria mostró la profundidad de la crisis en apenas un puñado de días y además anticipó que lo peor está por llegar.

En el Coloquio de la Unión Industrial de Córdoba, su presidente, el villamariense Marcelo Uribarren, fue el encargado de darle más realismo al diagnóstico que describe la situación de sus pares en la provincia: preocupación fue la palabra que reiteró a lo largo del discurso que cerró el evento anual que la central fabril organiza en la capital provincial y que este año tendrá su edición también en Río Cuarto el 20 de septiembre.

Uribarren destacó que las tasas de interés por las nubes están destruyendo el aparato productivo y es lo que viene reiterando desde que reemplazó el mes pasado a Gerardo Seidel al frente de esa organización, una de las seis más grandes del empresariado cordobés. No es exagerado lo de Uribarren. El sector productivo está padeciendo un combo difícil de sortear con un proceso inflacionario que no detiene su marcha, un tipo de cambio que volvió a ser volátil en la jornada de ayer después de algunas semanas de tranquilidad, las tasas que hicieron desaparecer el financiamiento, cadenas de pago que se deterioran y un nivel de ventas que se derrumba. Una tormenta perfecta que, más allá de las interpretaciones oficiales que salen de Casa Rosada y que aseguran que está en su fase final, en los pasillos del coloquio tenía otra lectura. Los industriales creen que lo peor está por llegar.

El contexto tuvo una descripción local también esta semana con un comunicado de la Cámara de Industriales Metalúrgicos que informó sobre un planteo que le realizó a la Afip para que tenga en cuenta cierta flexibilización en el incumplimiento tributario que pueden tener distintas empresas que intentan capear el temporal. La ecuación que expresaron los empresarios locales es que ante las dificultades el primer esquema de financiamiento suele ser el impositivo. Intentan dejar para más adelante el pago mientras se ocupan de las urgencias. Las dificultades suelen venir con las sanciones a las que se exponen por tomar esa medida, como el bloqueo de cuentas. El diagnóstico de los metalúrgicos de Río Cuarto y la región es de una parálisis importante de la actividad y complicaciones en las cadenas de pago, con una cantidad de cheques rechazados que “excede lo normal”.

Pero el sector metalúrgico claramente no es una isla. El aparato productivo es el reflejo de la situación general de la economía, que ingresó en la pendiente a partir de la corrida cambiaria y hoy nadie podría arriesgar cuándo encontrará el piso para iniciar una recuperación. En ese sentido, no hay dudas de que serán al menos dos trimestres de caída -el segundo y el tercero- y los indicios muestran cada vez más que eso podría extenderse hasta diciembre.

El Indec ofreció esta semana otra foto de la situación fabril cuando dio a conocer los valores del uso de la capacidad instalada, que arrojó apenas un 61%. Una cifra muy baja que además proyecta dificultades para el sostenimiento de las fuentes laborales. “La industria siempre intenta retener hasta el último minuto a todo su personal porque conseguir mano de obra especializada para el sector es muy difícil, y el empresario siempre piensa que es mejor aguantar pensando en que pronto se dará la recuperación”, remarcan desde las entidades fabriles cuando analizan esos números. Sin embargo, el temor por las fuentes laborales y por la continuidad de las mismas empresas también fue incluido en el planteo hecho a la Afip Río Cuarto esta semana.

Pero más atrás, la industria detuvo su crecimiento, desarrollado hasta marzo de este año, por el derrumbe del mercado interno. Cayó la demanda y la consecuencia no iba a tardar en aparecer. Es la nueva fase de la crisis. El consumo se deslizó por la pendiente desde principios de año y las industrias que comercializan su producción en el país lo empezaron a sentir con la corrida cambiaria que precipitó todo.

Hoy, el consumo sigue en etapa negativa y se sumaron la industria y la construcción. El campo viene de padecer su propia crisis por las adversidades climáticas. Los pilares de la economía nacional tienen endeblez simultánea.

El que también aportó un diagnóstico fuertemente negativo esta semana fue el comercio local. El Cecis comenzó a medir las ventas minoristas de la ciudad y el resultado de julio dio un derrumbe que alarmó: fue caída del 9,35% medida en unidades. Pero, además, ninguno de los rubros sorteó la tendencia; fue unánime.

Más allá de los temas judiciales y parlamentarios que las últimas semanas ocuparon la agenda informativa y la atención general, la economía se las arregló en el cierre de la semana para recuperar el protagonismo perdido por algún momento, fruto exclusivo de la calma cambiaria que ayer llegó a su final. La combinación de factores externos que afectaron a todos los emergentes y la evidente debilidad interna impulsaron otra vez al dólar y en particular al riesgo país, un indicador que había caído en desuso pero que superó los 700 puntos básicos y muestra el nivel de desconfianza que pesa sobre la Argentina, más allá del acuerdo con el FMI.

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