La economía hace todo para meterse en la agenda - | puntal.com.ar
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Más allá de los temas judiciales que concentraron la atención en las últimas semanas, el pésimo momento económico sigue arrojando variables de preocupación y no permite imaginar por ahora dónde encontrará el piso.
Pese a la escasa visibilidad que está dejando la tormenta económica en las últimas semanas, hay algunos pronósticos que van coincidiendo sobre su permanencia al menos hasta comienzos de 2019. Lo que comenzó con la corrida cambiaria a fines de abril fue mutando y ganando intensidad hasta terminar en este cierre de agosto con vientos huracanados que hacen pensar en que éste es el tránsito por el ojo de la tormenta.

Y hay algunos indicios que respaldan esa mirada. El Indec difundió los datos de la actividad económica correspondiente a junio y la caída fue tan abrupta que casi iguala a la de julio de 2009, aquel año poscrisis del campo y en plena turbulencia mundial. En aquel momento, la caída de la actividad fue del 6,8%. En junio pasado alcanzó los 6,7%. El dato muestra sin dudas la profundidad de las dificultades.

Industria, comercio y agro se alinearon negativamente para configurar un escenario que corre por la pendiente sin que haya indicios de piso a la vista. Por ahora es todo bajada.

Ayer, el ministro de Finanzas de Córdoba, Osvaldo Giordano, admitió que no hay señales que alienten a pensar en un rebote para antes de las fiestas.

En paralelo, las provincias y la Nación iniciaron una negociación para repartir los recortes. Es un momento para proyectar las menores pérdidas posibles hacia adelante. Habrá poco para ganar en el año electoral. Hay un punto de partida coincidente entre los distintos niveles de gobierno: hay que ordenar las cuentas públicas y bajar el déficit si se quiere empezar a tener resultados en el mercado financiero, empezar a transmitir calma y llegar a un escenario de mayor tranquilidad que el actual. El debate está en cómo cruzar el río. Allí sí hay varios caminos alternativos planteados. Claramente nadie quiere pagar el costo, pero eso será imposible.

Los privados, en paralelo, toman medidas defensivas para encarar el temporal. Por las dudas, nadie quiere quedar a la intemperie. Y esa actitud cautelosa es procíclica en este momento en el que parece que no se mueve una hoja. El derrumbe de junio hizo que el primer semestre cerrara finalmente a la baja, pese al gran crecimiento del primer trimestre. Es que después del “gran crecimiento” vino un “gran derrumbe”. Y que seguirá en el tercer trimestre, de acuerdo a los datos preliminares de las cámaras empresarias que muestran un consumo deprimido y capacidad ociosa elevada en la industria.

Hay, en paralelo, otra variable negativa resistente: la inflación. La escalada de precios no se detiene y, tal como se preveía, seguirá en niveles elevados. De a poco, las estimaciones fueron ajustándose al alza y hoy se cree que podría cerrar el año más cerca de 35% que de 30%. Esto está quitando poder adquisitivo rápidamente y los conflictos gremiales están empezando a recrudecer. En el Estado nacional hay varios frentes abiertos, pero posiblemente el de las universidades sea el más importante.

Los docentes, que comenzaron a discutir un ajuste salarial en febrero, cuando se venció el acuerdo del año pasado, están terminando agosto sin poder lograr un consenso con el Gobierno. Es que los funcionarios hasta aquí no han mostrado intenciones de destrabar el conflicto que ayer cerró un tramo de tres semanas consecutivas de paro en muchas universidades nacionales, la de Río Cuarto entre ellas.

La última propuesta acercada por el Ministerio de Educación, después de dos meses de silencio, fue del 15% anual sin cláusula gatillo y en tres tramos. Eso no llegaría a cubrir la mitad de la inflación proyectada, lo que hace imposible que los gremios lo acepten. ¿Cómo podrían presentar los dirigentes sindicales ante los docentes un acuerdo de ese tipo, partiendo de un hipotético rapto de suicidio gremial? Ayer, el presidente del Consejo Interuniversitario Nacional, el organismo que reúne a los rectores de todas las universidades nacionales, Hugo Juri, cuestionó esa oferta. Y la palabra de Juri retumbó porque se trata de un representante del radicalismo que es parte del oficialismo nacional. El rector de Córdoba ya no pudo hacer más equilibrio en silencio porque desde adentro, quienes lo respaldaron en su carrera al Rectorado le pasan facturas. La gran movilización en la capital provincial en defensa de la universidad pública apuró la necesidad de hablar de Juri. También lo hicieron otros dirigentes radicales de la provincia, como los diputados Brenda Austin (surgida a la vida política como militante de Franja Morada) y Mario Negri, que también pidieron un mayor esfuerzo al Gobierno para destrabar el conflicto universitario. En Río Cuarto no hubo excepción y los dirigentes radicales también se mostraron en apoyo a la Universidad, no así sus pares del PRO que comparten Cambiemos.

Hay un dato que no debería pasar por alto en este contexto: las universidades públicas conservan un elevado nivel de respaldo en la sociedad y son reconocidas como herramienta de ascenso social y posibilidad para todos los estratos sociales. No pudieron ser desplazadas por la variada oferta privada. La calidad de la enseñanza en las casas de altos estudios públicas no encuentra cuestionamientos.

De hecho, amplios sectores mostraron simpatía por el conflicto y eso también obliga a lecturas políticas. ¿Tiene margen el Gobierno para avanzar sobre el presupuesto universitario y aplicar allí un severo ajuste? El lunes quedará claro qué tiene pensado la administración de Mauricio Macri cuando vuelvan a reunirse los funcionarios del Ministerio de Educación y los dirigentes gremiales para tratar el tema de la paritaria 2018.

Con todo, será un cierre de año plagado de dificultades. El escenario económico condiciona cada vez más y eso quita margen de maniobra al Gobierno. Además, si la inflación sigue a este ritmo va a despertar naturalmente una reacción de los sectores gremiales para intentar no perder poder adquisitivo, algo que resulta complejo de lograr. Además, la caída de la actividad suma presión al mercado laboral. Hay un círculo vicioso que parece difícil de romper.

En ese marco, existe una tabla flotando, pero se la divisa lejos. Es la de la próxima cosecha gruesa, siempre y cuando el clima acompañe. La apuesta es llegar hasta allí, aunque para eso restan al menos ocho largos meses que podrían parecerse demasiado a un extenso y agobiante desierto.



Gonzalo Dal Bianco.  Redacción Puntal

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