Por Gonzalo Dal Bianco
Hay algunos que creen estar ante un movimiento sísmico de baja intensidad. Otros advierten que una densa niebla se instaló con ánimos de perdurar y eso hace que la visión hacia adelante se haya reducido a la mínima expresión. Por último, está el grupo que asegura que la temperatura de la actividad perforó los cero grados y no hay abrigo que logre revertir el frío. Son todos los síntomas del invierno industrial que empezó a sentirse con fuerza incluso desde el otoño, pero que cobró mayor intensidad en las últimas semanas.

Incertidumbre e inestabilidad son las dos definiciones que rápidamente expresan quienes están hoy al frente de una fábrica en la Argentina. Claro que esa misma sensación térmica es la que sienten otros segmentos, como el comercio y los servicios.

La actividad económica se cayó y a partir de ahora habrá que esperar el momento del rebote, aunque nadie logra visibilizar a esta altura cuándo tocará el suelo.

El ministro de la Producción nacional, Dante Sica, admitió que se vienen momentos difíciles. El eco llegó desde Villa María el jueves, cuando en el Precoloquio de la Unión Industrial de Córdoba, los empresarios provinciales que se encontraron allí aseguraron que el segundo semestre “será muy complicado”. Esto implica que 2018 será un año en el que posiblemente no se llegue a tocar el piso.

El ministro de Industria provincial, Roberto Avalle, admitió en ese encuentro que la incertidumbre domina al empresariado y la consecuencia de eso es que se frena la toma de decisiones al menos hasta que aclare. A esas sensaciones se suman datos concretos como los que aportó en su último informe semanal la consultora Management & Fit. Allí se recuerda que algunos indicadores adelantados de actividad empiezan a reflejar el cambio de tendencia. Después de un abril malo, los datos de mayo relacionados con la industria y la construcción no fueron positivos. Además, los datos de comercio minorista o de venta de automotores de junio no muestran un repunte.

“Todo indica que la economía está desacelerándose y que pronto entraría en recesión. El efecto de la sequía se verá potenciado por la crisis cambiaria y el endurecimiento de la política económica. El ‘apretón monetario’ que implementó la nueva conducción del BCRA puede ser efectivo para frenar la hemorragia de divisas, pero a costa de limitar la liquidez y estresar hasta el límite la cadena de pagos”, alerta ese mismo trabajo. 

Como se sabe, la sequía golpeó en un eje central de la economía nacional: el ingreso de divisas. Ese es un talón de Aquiles que cíclicamente despierta movimientos telúricos. Según los datos de la Bolsa de Cereales porteña, la campaña de soja terminó con 4.200 millones de dólares menos que en el año previo. Fue el dinero que se llevó la sequía sólo en la oleaginosa.

El campo es uno de los pocos sectores que nítidamente aportan una balanza comercial favorable, pero este año flaqueó.

“En este contexto se entiende por qué los analistas siguen revisando sus proyecciones de crecimiento a la baja, tendencia que seguramente continúe a medida que se hacen públicos nuevos datos”, explica el informe de M&F.

Lo cierto es que después de un año de expansión, la producción industrial registró en mayo una caída de 1,2% anual, lo que podría preanunciar el cambio en el ciclo. A nivel de bloques, el comportamiento fue dispar, con 6 en crecimiento y 6 en contracción. Entre los de mejor desempeño se destacan el bloque Automotor (+7,2% anual), el de Metálicas Básicas (+8,7%) y el de Minerales No Metálicos (+5,5%), los que, a pesar del crecimiento, mostraron una notoria desaceleración. Se trata de bloques ligados a un mercado externo que pierde impulso (Brasil) y/o a un sector local que también está entrando en problemas, como es la construcción.

Se sabe que la obra pública sufrió un parate muy fuerte aplicado drásticamente a partir de abril desde la Nación, lo que se siente en demoras de recursos hacia el interior o la postergación sin fecha de proyectos anunciados para este año, como puede ser la autovía a Holmberg o la ruta 158, que vuelven a posponerse. Dentro de la ciudad, el Municipio y las empresas a cargo de las obras de cordón cuneta también advierten demoras importantes en los pagos de la Nación, pero además allí con el agravante de que no sólo existe el retraso en el envío de dinero, sino que además no se actualizan los valores y se pagan con los precios de fines de 2016. Es decir que las empresas no tienen aprobado el ajuste de la inflación de 2017 (24,8%), ni el que corresponde al primer semestre del año que se ubicará finalmente cerca del 15%.

En el extremo más bajo de las industrias que cayeron se encuentran las textiles (-8,6%), por menor demanda interna, la de Químicos (-6,4%), afectada por la sequía (agroquímicos) y la Metalmecánica (-4,6%), golpeada por la menor compra de maquinaria agrícola y artículos de línea blanca. 

El efecto campo quedó allí transparentado: menor uso de agroquímicos y baja en la compra de maquinaria, que sufre efectos colaterales de un remedio que aplicó con fuerza el Banco Central y que son las elevadas tasas de interés, que de alguna manera abren la puerta del freezer en pleno invierno. Es que esas tasas llevaron en la práctica a la desaparición del financiamiento, clave para mover a un rubro que tiene mucho peso en el interior cordobés y santafesino.

Esta semana, la Cámara Metalúrgica de Río Cuarto advirtió que la situación es de “gran incertidumbre” y su presidente, Jorge Picco, remarcó que “no sabemos dónde estamos parados”.

El panorama, como describió Avalle, no es de “una crisis como la que tuvimos otra oportunidades, pero sin dudas que es una situación difícil”. Y lo más complejo que destacan los empresarios es que no se conoce el camino. Eso marca las dificultades del Gobierno para transmitir hacia dónde intenta avanzar para disipar la niebla.

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