El gobierno de Llamosas tenía previsto emitir deuda por 100 millones de pesos para hacer obras; sin embargo, clausuró esa opción porque sólo ofrecieron prestarle a 35 días y con un interés de más del 50%. Un panorama en el que reina la incertidumbre. Por Marcos Jure.
Mientras los medios de comunicación se enfocan fundamentalmente en el escándalo de los cuadernos y en ese complejo entramado de final aún imprevisible, la economía ha vuelto a instalarse en el centro de las preocupaciones que por estas horas obsesionan a los gobiernos, ya sean provinciales o municipales.

La inflación sigue desbocada, la recaudación y la coparticipación caen en términos reales y la actividad se va enfriando paulatinamente. Por si fuera poco, la calma cambiaria resultó ser apenas una tregua que parece haber llegado a su fin. Unilateralmente, el mercado volvió a la carga y llevó el dólar a 30 pesos.

Con la crisis ya de cuerpo presente, la presión social por la plata que no alcanza crece. Y las primeras puertas que se golpean son las municipales.

Los funcionarios están topándose con situaciones nuevas, desa-costumbradas. Ya no llegan a pedir un subsidio sólo los desocupados; hay cada vez más personas que tienen trabajo y que aún así se ven obligadas a pedir la asistencia del Estado porque no tienen manera de pagar las abultadas facturas de la luz o el gas. 

Río Cuarto padece hoy ese cuadro. El resto de los municipios sufre penurias similares.

La crisis ha desbaratado cada una de las previsiones económicas y financieras que habían hecho los gobiernos. La gestión de Juan Manuel Llamosas, que había establecido un cronograma de emisión de deuda para fondearse y poder encarar el plan de obras, está sondeando qué alternativas racionales pueden existir dentro del desbarajuste nacional.

No hay demasiadas. La Secretaría de Economía había determinado que en mayo saldría al mercado a obtener 100 millones de pesos; con esos fondos, en teoría, podría cubrir las necesidades financieras hasta fin de año. Primero, suspendió esa emisión por unas semanas. Sin embargo, aún hoy, con el dólar encabritado y las tasas en zona de delirio, no ha podido retomar la operatoria. 

Y, al parecer, ya no lo hará.

Llamosas se reúne periódicamente con Pablo Antonetti, secretario de Economía, para analizar los números. Y llegaron a la conclusión de que, salvo que las condiciones cambien, no recurrirán en todo el año a las emisiones privadas. Sólo apostarán por las herramientas que todavía sostienen los organismos estatales y que, en realidad, no abundan. 

Es una decisión que le impuso directamente el mercado. La última vez que el equipo económico de Llamosas hizo un intento por emitir letras del Tesoro se topó con condiciones de usura: al Municipio sólo aceptaban prestarle a un plazo de no más de 35 días y con una tasa de interés superior al 50%. “Es imposible. Sería una locura tomar una deuda de ese tipo”, indicaron en el Palacio.

Por eso, en la última reunión de gabinete, Llamosas les pidió a sus funcionarios que acoten los gastos, que los optimicen, porque el financiamiento está casi obturado y porque los ingresos propios caerán.

En ese encuentro, el intendente instruyó a Camilo Vieyra, el nuevo secretario de Gobierno, para que cada 10 o 15 días reúna al gabinete para monitorear el estado de los programas y las cuentas.

“Hay que recurrir a la política, contener a la gente. La demanda va a crecer mucho y nosotros tenemos que dar respuestas cara a cara en una época en que no van a sobrar los recursos”,  les dijo Llamosas, que además anunció que hará personalmente las gestiones en la Provincia y en la Nación para tratar de conseguir fondos.

Desde la Casa Rosada casi no surgen señales esperanzadoras. Hace meses, antes de la hecatombe cambiaria, a Llamosas le ofrecían enviarle los fondos prometidos para obras pero a valores históricos; es decir, con precios de noviembre de 2015. Hoy, ni eso. Los funcionarios de Cambiemos, tal vez porque no tienen respuestas para ofrecer, ya ni siquiera atienden los teléfonos. 

La única ventanilla que todavía atiende es la Provincia. El Municipio está esperando que le remitan 12,6 millones de pesos del Fondo Permanente que tuvo que reintegrar y que, por el nuevo Pacto Fiscal, se han convertido en recursos que no deben devolverse.

Pero, además, Llamosas ya decidió que ni bien se instrumente el Fondo de Emergencia Financiera, que tendrá 500 millones de pesos para los municipios, echará mano sin demora a ese crédito, que dará un año de gracia y 24 cuotas sin interés, condiciones que hoy son inhallables por otra vía.

La Provincia ostenta el monopolio del salvataje. Pero tampoco es una fuente inagotable. En el gobierno de Juan Schiaretti también existe preocupación por una crisis aún de final insondable y un gobierno nacional que no atina a dar respuestas.

“Estamos complicados y es urgente que el gobierno nacional encauce esta situación. El síntoma más ilustrativo sobre el impacto sobre las finanzas públicas es que la recaudación crece menos que la inflación”, señaló el ministro de Finanzas, Osvaldo Giordano, en una comunicación con este diario.

Schiaretti, que durante dos años fue un aliado inestimable del Presidente y que se ha visto obligado a tomar cierta distancia, ahora teme que Macri apueste por un fracaso en las negociaciones por el presupuesto del año próximo, que por lo tanto reconduzca el actual y que así tenga las manos libres para aplicar el ajuste donde más le convendría a él: en las provincias.

Por eso, el gobernador no desa-provecha micrófono para repetir su reclamo de que el recorte sea equitativo. El viernes no sólo volvió a insistir con ese planteo sino que, además, hizo política.

Se mostró junto al gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, otro dialoguista contumaz, y hablaron de la posibilidad de armar una alternativa electoral dentro del peronismo para el año próximo. Los dos son totalmente refractarios al kirchnerismo y piden que se lo entierre sin honores. 

Mientras tanto, José Manuel de la Sota sigue coqueteando con figuras afines al cristinismo, aun en medio del cimbronazo que ha significado el escándalo de los cuadernos. El exgobernador difundió una foto con Facundo Moyano, hijo de Hugo, y con contactos dentro del kirchnerismo.

El cóctel que combina el país, conformado por dosis de tembladeral económico y escándalo político, hace que la incertidumbre lo invada todo. No hay pronósticos certeros ni creíbles sobre la cotización del dólar, ni sobre los precios, ni sobre las variables más elementales.

Pero también sería temerario vaticinar qué podría pasar con el escándalo político en el que están inmersos empresarios y políticos; si saldrán de allí figuras emergentes o si quedarán todos ensuciados con el mismo barro.

En el país y en Córdoba, oficialismo y oposición especulan con lo que podría deparar el año próximo, pierden de vista que, en el actual estado de cosas, sería aventurado arriesgar qué podría pasar la semana que viene. 

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