La economía real avanza en la pendiente. La industria refleja una caída brusca y proyecta que seguirá así al menos hasta fin de año. Se resienten las cadenas de pago y el consumo continúa en baja. Los alimentos lideran las subas de precios. Por Gonzalo Dal Bianco
Ni las altas tasas ni la fuerte recesión logran frenar la suba de precios que sigue a un ritmo vertiginoso y compromete la meta acordada con el Fondo Monetario Internacional, que casualmente envió al país una misión para monitorear la evolución del pacto firmado con el gobierno nacional. El dato del 3,1% de escalada en el informe difundido por el Indec el miércoles superó ampliamente incluso las proyecciones de las consultoras, que arriesgaban al menos medio punto menos. Sigue siendo el talón de Aquiles de la administración de Mauricio Macri que va a cumplir su tercer año de gestión con un alza de precios del 100%. Cuando cumpla 36 meses en la Casa Rosada, los valores promedio de la economía se habrán duplicado. Un fracaso para un Presidente que afirmó antes de asumir que sería simple revertir el proceso mediante el ordenamiento de las cuentas públicas. Resultó algo más complejo y por ahora sin solución.

Pero además de la escalada general, hay un dato más preocupante: los alimentos subieron muy por encima del promedio y alcanzaron en julio un 4% de incremento. Eso implica que se está dando un impacto mayor del proceso inflacionario en los sectores de menores recursos porque son los que mayor parte de sus ingresos destinan a la alimentación. Pero no fue un hecho puntual de un mes. Si se comparan los acumulados a lo largo del último año, tomando julio contra el mismo período de 2017, la inflación suma 31,2%. Y allí dentro hay dos rubros que claramente tiran hacia arriba la tendencia influenciados por la quita de subsidios: uno es el de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; y otro, transporte. El primero aumentó 47% en el año y el segundo, 40,9%. Detrás, aparecen Comunicación y Alimentos y bebidas. Es una tendencia que muestra a las góndolas en permanente ebullición y que impactará directamente en los niveles de pobreza. Los precios corren bien por delante del poder adquisitivo de la enorme mayoría de la población y eso va generando que quienes estaban cerca de la arbitraria línea de corte de la pobreza, hayan pasado abajo. Habrá en las próximas mediciones oficiales del Indec un resultado negativo en esos valores, lo que será un retroceso también para la gestión del gobierno nacional. El propio Macri pidió en su momento ser evaluado como Presidente en función de la comparación de los niveles de pobreza heredados y los que alcance al final de su mandato. Los últimos resultados habían sido positivos y mostraban un avance en ese terreno, pero después la corrida cambiaria de abril y el rebrote inflacionario anticipan un cambio de tendencia.

Pero además del impacto social de la inflación, hay un cúmulo de efectos económicos que se muestran abiertamente. En principio, la pérdida del poder adquisitivo, como resultante de ingresos que no avanzan al mismo ritmo que los precios, en combinación con la necesidad de destinar más recursos al pago de servicios públicos están golpeando al consumo. El mercado interno se debilitó y ya hay un traslado al aparato industrial que siente una importante caída en la demanda y muestra una capacidad instalada que apenas funciona al 61%.

El último relevamiento que hizo la Unión Industrial de Córdoba (UIC) refleja el momento del sector y destaca que el 58% de las fábricas produjo menos en julio que un año atrás y apenas un 15% asegura que mejoró en esa comparación. Los resultados siguen empeorando porque en junio quienes admitían una caída representaban el 56,1% y en mayo, un 41,9%.

Son los números de la recesión. En junio, según los últimos datos de la UIA, la industria se desplomó 8,4% y las expectativas para los meses que restan del año es que siga en la pendiente.

Un párrafo aparte para las disposiciones que anunció el Ministerio de Hacienda que conduce Nicolás Dujovne, que trajo duros cuestionamientos, especialmente desde el interior. La eliminación del Fondo Sojero, que había sido puesto en marcha en 2009 ante el reclamo de algunos gobernadores que cuestionaban la gestión de Cristina de unitaria, generó malhumor en los mandatarios provinciales e intendentes que tenían por esa vía una fuente de financiamiento más, que en este contexto de deterioro de ingresos sumaba para sostener las administraciones. Curiosamente, la Bolsa de Cereales de Córdoba replicó aquel calificativo de unitario, pero se lo achacó a la definición del gobierno de Macri, que recuperó esos recursos para el Estado nacional. La UIA y la UIC criticaron el recorte a los reintegros a la exportación y también el congelamiento de la baja de retenciones a los subproductos de la soja: harina y aceite. Para las entidades fabriles son señales que van en el sentido contrario al del agregado de valor y el incentivo a la exportación, dos pilares que el Gobierno puso como ejes de su gestión. En definitiva, son acciones que van en contra de sus premisas.

Por último, el combo se completa con las tasas de interés que esta semana volvieron a subir para intentar contener al dólar. Eso está generando un freno a la actividad y un deterioro en las cadenas de pago que los sectores productivos ya empezaron a advertir.

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