Por Gonzalo Dal Bianco
Está duro el invierno económico. El cierre del segundo trimestre y el comienzo del tercero terminaron incluso peor que lo esperado, con un panorama desolador para algunos sectores que venían mostrando señales de que iban rumbo a la banquina. Sin embargo, directamente volcaron.

Fue el caso de la industria que, según el Indec, cerró el sexto mes del año, el de la bisagra, con un desplome del 8,1% que además se mostró generalizado en casi todas las ramas de actividad. Sólo una rompió la tendencia negativa. La profundidad y la amplitud sorprendieron incluso a las consultoras especializadas, que no anticiparon semejante resultado negativo.

Sólo el de metálicas básicas tuvo resultados positivos con una suba del 9,8%. Después, fue todo en rojo: la refinación de petróleo cayó 19,8%; la producción automotriz retrocedió 11,8%; caucho y plástico, 11,1%; metalmecánica, 10,9%; textil, 10,8%; sustancias y productos químicos, 10%; tabaco, 9,7%; alimenticias, 5,4%; edición e impresión, 4,2%; minerales no metálicos, 3,7%; y papel y cartón, 1,2%.

Las consecuencias de la corrida cambiaria empezaron a sentirse con fuerza y la suba de tasas, como remedio ante la emergencia, visualiza ahora los efectos colaterales que se advertían en cualquier prospecto económico.

Fue justamente la industria la que esta semana le planteó al presidente Mauricio Macri en Córdoba la necesidad de recortar rápidamente las tasas de interés para reducir el frío de la actividad económica. La propia maquinaria agrícola, que fue la encargada de recibir al Presidente en la capital provincial, le planteó esa misma prioridad. Es que las tasas barrieron con el financiamiento y el de los implementos agropecuarios es un segmento cuya rueda gira por el mercado crediticio. Por eso, las fábricas distribuidas especialmente en el interior de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, pasaron de dos años de crecimiento chino a este escenario de 30% de derrumbe con proyección a seguir ampliando ese porcentaje en los próximos meses. La explicación para el giro de 180 grados es que la suba de tasas hizo que le pusieran un pie sobre la manguera del financiamiento. Les cortó el oxígeno.

Hay que agregar que el cliente del sector no atraviesa su mejor momento. Por el contrario: viene de un período de inundaciones al que le siguió la mayor sequía en 50 años y luego, en pleno otoño, lluvias interminables y altos niveles de humedad que hicieron germinar buena parte de los granos que estaban listos para cosecha. Fue una tormenta perfecta. Eso generó pérdidas por 7.500 millones de dólares, según detalló el economista Ricardo Arriazu en su paso por la jornada de análisis realizada en Córdoba por el aniversario 41 de Fundación Mediterránea. El economista tucumano aclaró, además, que a esa cifra hay que agregarle todo lo que los granos perdidos hubieran generado en el resto de la economía satelital del agro.

El campo cerró una mala campaña y todos esos dólares que no se generaron son los que hoy faltan en la economía nacional. Pero puede haber revancha: no hay registros de dos malas campañas consecutivas en Argentina, y la siembra de trigo que acaba de finalizar proyecta resultados potentes. Pero además, las estimaciones de la nueva gruesa que comenzará a dar sus primeros pasos a fines del mes próximo también asoman con buen pronóstico.

Sin embargo, para eso hay que esperar y atravesar el duro invierno que puede durar bastante más que tres meses.

Y hay otro indicador que confirma el temporal bajo cero: también se apagó el motor de la construcción. Era uno de los principales sectores que traccionaban la actividad económica. En junio, también retrocedió. Claramente el freno de mano que aplicó el Gobierno nacional en la obra pública explica buena parte de este quiebre de tendencia luego de un prolongado período de expansión. Y los privados también hicieron su aporte.

Hasta el año pasado, el campo, la construcción y la industria habían coincidido en un escenario de crecimiento que permitió al Gobierno mostrar expansión económica, algo de mejora en el empleo y hasta reducción de los niveles de pobreza que habían crecido en el primer año de gestión. Todo eso empezó a revertirse desde que se desató la corrida cambiaria.

A esos tres motores apagados, lógicamente que se suma el del consumo. La inflación proyectada para este año supera el 30 por ciento. Incluso el propio Presidente reconoció que estaría en torno a ese porcentaje, con un mayor grado de realismo que en anteriores intervenciones. Y la máxima económica es que más inflación es menos salarios; y menos salarios es menos consumo y mercado interno. No hay posibilidades de romper esa regla. Incluso se cumple en Argentina, donde muchas veces las normas económicas operan de manera extraña.

Las ventas minoristas vienen en baja desde comienzos de año y el comercio empezó a sentir la tendencia. A su vez, los industriales pierden demanda y las fábricas trabajan menos. Todo ese escenario incluso llegó al Estado, que en julio tuvo una recaudación 23,8% superior a la del mismo mes del año pasado, pero con una inflación de casi el 30%. Esto implica que en términos reales la recaudación cayó. El frío es general y todos parecen a la intemperie, aunque claramente afecta mayormente a los sectores más vulnerables, dependientes de economías informales, que fueron los primeros en ser alcanzados por los efectos negativos. “Se vienen meses más duros”, reconoció esta semana el ministro de Desarrollo Social de la Provincia, Sergio Tocalli, y admitió que la demanda no para de crecer y que son los intendentes los que piden más refuerzos para contener los pedidos de la población. Será un invierno largo.

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