Voz y movimiento. Audio y color. Cinética y sonido. Arte y profesionalismo. Todas esas cosas le dio Carina Bonoris al Festival de Peñas durante cuatro décadas. Y acaso cuesta encontrar otra personas que, como ella, haya hecho tantas “entradas y salidas” al escenario Hernán Figueroa Reyes. Ya sea de nena con pollera de colores que baila la zamba, de adolescente de trenzas o mujer que toma el micrófono y con una fabulosa voz presenta a músicos como El Chaqueño Palavecino o Abel Pintos.

Y es que, al ser hija de dos bailarines emblemáticos del folclore de la ciudad (Zulma Altamirano y Héctor Bonoris), puede decirse que Carina Bonoris “nació con el Festival”.

“Bueno, no es para tanto… En realidad nací dos años después (risas)… Pero lo cierto es que empecé a participar desde muy chiquita. Mis padres conformaron durante años las comisiones, y mi casa siempre fue posta para artistas que llegaban de otras provincias. Tengo muy vivo el recuerdo de Jorge Cafrune y su hija. O de Daniel Altamirano. Eran folcloristas muy importantes en su época y ahora son dos leyendas. Al festival lo vivo, lo sufro y lo quiero. Y ahora es una postal maravillosa que tenemos los villamarienses y con la cual nos hemos ganado un lugar en el mundo”.



Presentadora naciendo



-Contáme cuándo empieza tu historia con el micrófono…


-En el año 2005, cuando Musicalísimo me contrata para coordinar las dos peñas oficiales que había en ese momento, que eran la Peña Talamuchita y la Peña Los Haravecos, en homenaje a uno de los grupos folclóricos sobresalientes de la historia de la ciudad. Así que en agosto o septiembre empecé de ese año empecé a coordinar junto a Roberto Barrera y Oscar Clavero, dos “tíos postizos” que me ha dado la vida. Y ahí se amanecía cantando. Terminaba la Peña y había un permiso para bajar al río como en los viejos tiempos. Esperábamos el sol guitarreando. Era la época de las contrataciones folclóricas fuertes; Los Manseros Santiagueños, Peteco Carabajal, Los Cuatro de Córdoba, Sergio Galleguillo… Ellos bajaban a las peñas y tocaban ahí. Después eso cambió. 

-¿Y tu labor de presentadora en el escenario mayor?

-Eso me llega al año siguiente, en el 2006. Hacíamos la previa con el “Negro” Luna y después, como grandes animadores y maestros de ceremonia, entraban el “Gringo” Borsatto, Rony Vargas y Valeria Lynch. Fue un momento de aprendizaje que valoro eternamente. Tener esa oportunidad como presentadora local no tiene precio. Esa experiencia me abrió las puertas para ir a otros eventos patronales o regionales mucho más allá de la provincia.

-Además de La Rioja, estuviste presentando festivales en Salta, Jujuy y Santiago…

-Sí. Y en todos esos lugares soy “la hija del Festival de Peñas de Villa María”. Pero ojo, acá en la ciudad hay muchísimo talento en la locución, hay una materia prima espectacular. Ojalá que la usen más en los festivales porque ninguno de nuestros talentos desentonan al lado de los locutores internacionales o de Buenos Aires. 

-¿A quiénes te acordás haber presentado en el festival?

-A muchísimas figuras… Al Chaqueño Palavecino, por ejemplo, con quien después hicimos una hermosa amistad; a Sergio Galleguillo y Abel Pintos cuando recién largaba. Me acuerdo que Abel venía de Cosquín con una fuerte referencia de Mercedes Sosa y apadrinado por León Gieco. Era changuito y traía con su chacarera “Para cantar he nacido”, que fue el hit folclórico del momento. A partir de ahí no paró nunca. Y se lo merece porque es un ser humano maravilloso.

-¿Cómo ves hoy el fenómeno Abel Pintos?

-Es un artista excelente que ha crecido muchísimo desde la composición. Y ni hablar en todo lo que se refiere al movimiento de los grandes festivales del país y Latinoamérica. Y también uno de los pocos que conserva la esencia de sus primeros recitales. En aquel momento yo trabajaba en Radio Centro y él accedía sin ningún problema para hacer una nota, cosa que al día de hoy sigue haciendo. Sigue siendo el Abel de siempre.

-Hablabas de los viejos tiempos ¿Te acordás de los viejos festivales?

-¡Claro! Yo vi y viví el festival que se suspendía por lluvia, cuando se cantaba en el Unión Central o en el Central Argentino, incluso en el Sport o en el Club Huracán, que abría sus puertas… Lo recuerdo a Hernán Figueroa Reyes cantando en la plaza; me acuerdo de los desfiles de las delegaciones y de las noches en que no iba mucha gente y se sufría. También viví eternas reuniones con discusiones hermosas sobre qué artistas se contrataba y cuáles no…  Y por cierto, en esas épocas lo viví desde el escenario, porque de niña y adolescente  fui bailarina del Ballet de Villa María. 

-¿Cómo viviste la mutación del festival en “multigénero”?

-Parece mentira que ese festival que yo vi crecer y armarse desde lo artesanal y casero, hoy sea uno de los más importantes de Latinoamérica. Los que pertenecemos a un pueblo como este, decimos “no hay nada más lindo que nuestro festival”. Parece algo chauvinista pero es la pura verdad. Vengo de participar en el Festival de La Chaya de La Rioja, y allá te presentan como una “locutora del festival internacional de Peñas de Villa María”. Las Peñas se transformaron, es cierto. Y es algo que todos los folcloristas sufrimos en mayor o menor medida; sobre todo los que venimos de un folclore más tradicional. Pero cuando ves lo que significa el festival para la ciudad, entendés que ese cambio fue para bien. 

-Desde aquellas peñas de hace diez años no volviste a presentar más ¿Por qué?

-Porque ahora, desde el equipo de Cultura del Municipio, estamos siendo útiles en otros espacios. Pero sé que en relación a la locución vamos a volver. Está buenísimo que siempre se proyecte uno de los nuestros en las distintas noches. Ahora estaré trabajando en “La Costa Explota”, donde se anexa la Universidad Nacional. Estoy abocada en la presentación y coordinación de ese evento en el escenario Rubén Vanzetti. Ensamble, blues, jazz, folclore, cuarteto, clásico, danza… Será una locura también…



Zamba y chacarera



-Hablaste de tu participación como bailarina ¿Recordás tu primera vez? 

-Sí, bailé invitada por “Tito” Suárez. Por ese tiempo yo siempre andaba con el bolso y la ropa puesta. Yo bailaba en la delegación oficial de la Provincia de Córdoba, en la categoría infantil. Y me acuerdo que veníamos participando en el Festival Infantil de La Cumbre. Yo traía algunos premios como solista de danza y esa vez “Tito” me hizo pasar al frente. Digamos que el festival me daba un lugar y a la vez un reconocimiento. Me acuerdo de otra vez, participando con mi compañerito de baile Rubén Tisera.

-¿Y tu última vez como bailarina?

-Debe haber sido en 2008 o 2009 como solista, y luego presentando mis alumnos o con la Agrupación Folclórica El Tala. En síntesis, bailé en más de la mitad de las peñas y siempre representando a la ciudad. Y creo que como bailarina, eso fue lo mejor que me dejó el festival, el compartir un solo elenco y ponerme una sola camiseta. Porque durante el año, los bailarines representábamos distintas instituciones. Pero cuando llegaban las peñas se terminaban todas las diferencias. Éramos un solo combinado de artistas locales y eso estuvo muy bueno. 

-¿Cuál es tu relación actual con el folclore?

-Mantengo un espacio de danza en el Ateneo Folclórico de Villa María, del cual soy directora. Estamos en subsuelo del Centro de Empleados de Comercio y también en algunos centros vecinales. Este año, además, habrá mateadas temáticas a orillas del río donde hablaremos de distintas cuestiones que atañen a nuestro folclore, como la chacarera o la zamba y enseñaremos a bailar. También tengo a cargo el Ballet Folclórico Universitario y desde hace 22 años doy módulos de arte en la UNVM. 

-¿Qué significa para la ciudad el Festival de Peñas?

-Cuando nació, tanto Roberto Barrera, “Tito” Suárez y mi viejo hablaban de “abrir la ciudad al turismo regional”; que la gente viniera de los pueblos a pasar un buen momento y disfrutar del balneario. Ahora, la Costanera es una de las principales atracciones del año. Y el festival pasó a ser, para nosotros, una vidriera nacional e internacional. Dos cosas que aquellos pioneros nunca se hubieran imaginado. Así que a este evento le debemos el hecho de tener un lugar en el mundo. Hoy ves no sólo la hotelería y la gastronomía, sino patios que se alquilan para armar las carpas. A eso no lo hubiera terminado de entender nunca mi viejo, ni “Tito” ni Roberto…

Iván Wielikosielek

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