Para el psicopedagogo y especialista en Convivencia Social y Escolar Alejandro Castro Santander, el modelo educativo actual se arma de partes extraídas de modelos de otros países, de lo que resulta un “monstruo que, además de feo, es malo”.
“Yo no veo un proyecto educativo nacional, y sin embargo se les exige a las escuelas que tengan su proyecto educativo institucional”. Para Alejandro Castro Santander,  reconocido psicopedagogo institucional y especialista en Convivencia Social y Escolar,  la educación está en “modo Frankenstein”, conformado por distintas experiencias o modelos tomados de diferentes lugares, de lo que resulta “un monstruo que además de feo es malo”.

En el marco del 19° Congreso de Educación “Pensando la escuela” que se realizó en La Carlota, el profesional dialogó con PUNTAL y analizó la actualidad de la educación con una mirada crítica del  modelo educacional que, sentenció, no existe, sino que se está en un constante ensayo. “Vamos juntando recetas exitosas fuera de contexto, modelos que en otros países llevó décadas desarrollar y  luego se arma un todo que termina resultando ser un conjunto de parches”.

Santander sostuvo que imitar métodos exitosos del mundo no asegura su efectividad en la educación argentina, pues es otro el contexto y distinta la consideración que existe sobre la escuela. 

A modo de ejemplo, Santander hizo mención a ensayos que vienen realizando algunos colegios en el país al aplicar para la enseñanza de la Matemática el modelo de Singapur que, sostuvo, no tiene absolutamente nada de extraño en relación a lo que vienen trabajando los docentes del área en Argentina.  “El tema es que el sistema resulta exitoso allá porque en Singapur el presupuesto educativo es del 20%; los docentes tienen buenos salarios y la familia está muy comprometida con la educación; la sociedad respeta al docente. Tal es la importancia de la educación que hasta tienen billetes en los que está impreso un docente dando clases”.

Cabe destacar que Singapur es el país que encabeza los resultados de pruebas internacionales de matemáticas. Para el psicopedagogo no es el método el que asegura el éxito sino la importancia y valoración que la educación tiene en las políticas del país.

“Me gustaría que haya una idea rectora para que las escuelas puedan mirarse y a partir de su propia realidad caminar todos juntos”, reflexionó Castro Santander.

El reconocido profesional, director general del Observatorio de la Convivencia Escolar de Universidad Católica de Cuyo, agregó que en general la sociedad argentina y la latinoamericana, y en el caso del país en algunas provincias más que en otras, está todo “como muy revuelto” en lo que a educación se refiere. “Siempre hemos dicho que para poder estudiar, poder aprender, hace falta un orden, pero cuesta verlo hasta en las mismas propuestas que se hacen desde el Estado para ver cómo debe funcionar la educación”.

Convivencia y emociones

Castro Santander -quien recorre el país dando conferencias-,  manifestó que “hay un clima escolar que no es el adecuado para que se dé el hecho educativo”. Y apuntó a poner el foco en la convivencia. “Todos los estudios internacionales están diciendo que el factor que más está influyendo en este momento en la calidad educativa es el clima escolar, el de convivencia y las relaciones”.

Un ejemplo crudo de esta realidad mencionado por Santander es que, en las pruebas Aprender, de cada 10 alumnos 7 dicen sentirse discriminados en la escuela, por los más diversos factores.  “Entonces no se puede dejar de lado el debate de la convivencia, porque es lo que está antes que lo otro. Primero está el ambiente que se crea, el clima, y después el trabajo del docente, del chico. Estas cosas son descuidos que se pagan caro”, advirtió el especialista.

“No  se puede estar pensando que mágicamente porque cambian dos o tres cosas los chicos van a aprender Lengua y Matemática. Es mucho más lo que hay que hacer para crear las condiciones para que eso pase”.

Para Santander se debe recuperar el pacto que antes existía entre familia y escuela. “Los dos agentes educadores más importante necesitan estar juntos. En este desencuentro que hay, quienes pierden son los chicos y con ellos todos, porque son el presente y el futuro”.

“Nos pasamos haciendo ruido con determinado tipo de cosas y nos quedamos en eso nada más. Deberíamos hacer menos cosas pero crear los climas,  estrategias o contextos  propicios”.

Continuó el psicopedagogo señalando: “Hoy se habla y se insiste tanto en las  habilidades del siglo XXI que deben estar en la escuela y cuando leemos los documentos que se están haciendo, vemos que lo que se denominan las habilidades blandas, que tienen que ver con la empatía, la  creatividad, la comunicación, la autoestima, todos estos elementos no están. Y cuando uno pregunta en el mundo del trabajo cuál es el trabajador que quiere, por supuesto que se fija en los conocimientos que tiene pero también más les interesan esos otros intereses, la competencia social de ese empleado joven, si sabe trabajar en grupo, si es empático”.

Por último, Santander instó a imaginar otro modelo de escuela. “En los últimos años se viene hablando de innovación, pero en definitiva sólo siguen siendo parches. No existen cambios ni estrategias como para cambiar la escuela de raíz”.
Patricia Rossia


TEMAS: educacion
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