En su testimonio, el psiquiatra forense Gustavo Zanlungo se inclinó por definir al imputado por el crimen de Camila Carletti como una persona “con capacidad penal”, que comprende actos y consecuencias
En el día previo al veredicto por el crimen de Camila Carletti, el testimonio del psiquiatra forense Gustavo Zanlungo pareció cerrar la puerta de la inimputabilidad para Juan Ramón Villar, el único acusado en la causa. En su exposición, dejó en claro que es plenamente consciente de sus actos y de las consecuencias que pueden acarrear. Además, descartó que haya obrado bajo "emoción violenta" y sostuvo que, por el contrario, demostró cierto nivel de planificación. Por su parte, los jueces del tribunal volvieron a introducir el debate en torno a la calificación legal de los hechos. ¿Homicidio? ¿Femicidio? Hoy, con el veredicto, ese interrogante quedará despejado. 

El psiquiatra forense Gustavo Zanlungo dejó en claro que Villar es plenamente consciente de sus actos y que tiene capacidad penal, lo que implica que entiende y orienta sus actos según su propia voluntad. De esta manera, contrapuso el perfil del acusado al de una persona inimputable por incapacidad mental.  

No obstante, indicó que presenta características de personalidad pasivo-explosiva, que podrían explicar por qué habría decidido quitarle la vida a Carletti. El psiquiatra detalló que, en general, las personas con estos rasgos tienden a acumular frustraciones, que les provocan conflictos internos hasta que, en algún momento, pueden explotar en forma violenta. 

Inmadurez psíquica

Además, el profesional indicó que el acusado por el crimen de Camila presenta un muy pobre desarrollo de los frenos inhibitorios y de recursos pacíficos de resolución de conflictos, producto de una infancia traumática, con carencias afectivas y sin una contención familiar adecuada. En tal sentido, manifestó que las funciones del lóbulo frontal y de la corteza cerebral, asociadas al juicio reflexivo y racional, parecen inmaduras en el imputado.

Sostuvo que Villar se vio desbordado ante la posibilidad de que su familia se enterara de que él había mantenido relaciones sexuales con la joven, por lo que de alguna forma decidió eliminar ese riesgo. Y lo hizo de manera brutal, asesinando a la joven con sendos cortes en el cuello.

Por otro lado, en línea con lo que había planteado minutos antes en su exposición en la Cámara I del Crimen, Zanlungo aseguró que el hecho no encaja en lo que podría definirse como un crimen bajo "emoción violenta", donde el agresor actúa fuera de sus cabales. El psiquiatra forense explicó que, en esos casos, el comportamiento típico es impulsivo, sin calcular el propio riesgo y, por lo general, el desenlace es la entrega del victimario.

"Es tan fuerte la interferencia emocional que siente la persona que no puede hacer otra cosa más que quedarse en el lugar o ir a la policía", señaló el profesional. Ninguna de las dos cosas se dio con Juan Ramón Villar. De hecho, el acusado siguió con algunas de sus actividades cotidianas el mismo día del crimen, y volvió al lugar del hecho para ocultar los rastros de su presencia.

Por el contrario, el caso de Villar llevaría a pensar en una serie de acciones dirigidas en busca de resultados concretos, compatibles  con planificación.

Además, señaló que, en la actualidad, tiende a considerarse extremadamente difícil que un homicidio haya sido cometido bajo emoción violenta.

Por su parte, el fiscal de Cámara, Julio Rivero, puso el acento en una estrategia puntual de la defensa, por la cual Villar se negó a someterse a la pericia psiquiátrica. "En los años que usted tiene de carrera, ¿alguna vez se ha encontrado con un caso así?", le consultó el magistrado al psiquiatra forense. Zanlungo dejó en claro que no fue la primera vez, pero aclaró que no deja de ser llamativo.

Personalidad obsesiva

Luego, la exposición del psicólogo forense de Tribunales, Martín San Millán, fue considerablemente más breve.

Definió a Villar como una persona con características predominantemente obsesivas, con una serie de mecanismos de defensa en los que, en general, intenta controlar las situaciones para reducir la incertidumbre y su propia inseguridad.

"Cuando estos mecanismos de defensa fallan, se activan otros", señaló San Millán, en referencia al episodio que pudo desbordar a Villar y haberlo inclinado a cometer el crimen. Allí entra entonces la violencia como recurso para resolver el conflicto que se le abría ante la posibilidad de que su familia conociera su relación clandestina con Camila Carletti.

Por otro lado, señaló que presenta baja autoestima y esto le genera una gran inseguridad. 

¿Femicidio u homicidio?

Un párrafo aparte merece la discusión sobre la calificación legal de los hechos que se juzgan. El Tribunal Superior de Justicia entiende que el crimen de Carletti debe juzgarse como femicidio, pero en el ámbito de este juicio eso todavía sigue sujeto a análisis. 

Por un lado, el colectivo Ni una Menos -que lleva adelante una campaña a través de las redes sociales- reunió ayer a decenas de manifestantes a media mañana frente al Palacio de Justicia para reclamarles a los jueces que el caso sea caratulado como femicidio. 

Virginia Blengino, de la agrupación La Colectiva, explicó que buscan que los jueces condenen a Villar a prisión perpetua, porque entienden que es un riesgo para la sociedad,  mientras que si lo condenan por homicidio simple podría recuperar la libertad en algunos años. Además, sostuvo que la Justicia es machista,  patriarcal e incumple el nuevo Código Penal.

En tanto, dentro de la sala de la Cámara I del Crimen, la jueza Lelia Manavella le trasladaba al psiquiatra forense una inquietud directa. ¿Villar podría haber ejercido el mismo acto de violencia contra un hombre? 

Zanlungo evitó ser tajante en su respuesta. Sin embargo, sostuvo que, para determinar si el crimen encuadra dentro de un caso de violencia de género, habría que contar con antecedentes. El problema es que Villar no los tiene. Por otro lado, aventuró que cada homicidio en el que la víctima sea una mujer y el victimario un hombre deberá ser considerado femicidio, con lo cual habrá un doble estándar judicial.

Algunas dudas sobre el hecho

La jornada estuvo marcada por la exposición de los profesionales forenses de Tribunales. Pasadas las 11 de ayer, la médica forense Virginia Ferreyra comenzó a responder las preguntas de la querella. La abogada Rosa Sabena, que representa a Graciela Carletti, quería saber cómo se cometió el asesinato desde el punto de vista de la mecánica de los hechos. 

Ferreyra explicó que la joven Camila recibió una primera herida punzante del lado izquierdo de su cuello, por debajo de la mandíbula, que Villar podría haberla  causado estando frente a ella o desde sus espaldas. Expresó que no tenía claro si el imputado es diestro o zurdo y, según su mano hábil, el ataque podría haber sido frontal o desde atrás. 

En ese momento, en medio de aquella durísima descripción, ajena a todo tecnicismo forense, la mamá de Camila rompió en llanto. Estaban relatando ni más ni menos que cómo fue asesinada su hija. Le ofrecieron la posibilidad de salir un momento de la sala para recomponerse, pero la mujer se negó: respiró hondo, juntó fuerzas de donde no había y siguió escuchando la mecánica del horror. 

Ferreyra prosiguió con su informe, guiada por las preguntas de Rosa Sabena. Explicó que Villar le aplicó un segundo corte en el cuello, por debajo del mentón, que le provocó la muerte a la joven adeliamariense. A diferencia de la primera herida punzante, ésta se corresponde a una lesión por corte. De nuevo, no quedó claro si el ataque ocurrió de frente o desde atrás de la víctima.

De todas formas, no dejó de llamar la atención el hecho de que la víctima no presentara heridas defensivas en sus brazos, algo típico en casos similares. En el aire, quedaron flotando dos explicaciones posibles: o bien Camila fue agredida desde atrás, o bien a corta distancia, lo que le pudo haber permitido a Villar sortear cualquier obstáculo. 

Cómo sigue el juicio

Finalmente, después de la declaración testimonial del policía Rosales, para la mañana de hoy se esperan los alegatos del fiscal, la querella y la defensa. En este sentido, se prevé que las alocuciones comenzarán después de las 10.30 de esta mañana y se extenderán por un lapso aproximado de tres horas. Por la tarde, en tanto, se conocerá el veredicto. 

“No me queda otra que pedir perdón”

Juan Ramón Villar, el único imputado por el crimen de Camila Carletti, ocurrido en septiembre de 2016, amplió ayer su declaración pero no aceptó preguntas. 

En las primeras horas de la tarde de ayer, luego de dar su versión de los hechos, donde hizo hincapié en que era Camila quien lo contactaba, aprovechó la oportunidad para pedir discuplas públicamente. Frente a la mamá de la joven, Graciela Carletti, dijo: “No me queda otra que pedir perdón. Nunca quise matarla ni hacerle daño”.

A esto, agregó que no hay día que pase “en que no me arrepienta”.

En cuanto al hecho en sí, apenas dijo que había tenido una discusión con Camila, que ella estaba muy enojada y que bajó su bicicleta de la camioneta en que iban por un camino rural de Adelia María. “Cuando me di cuenta, tenía el cuchillo con sangre”, dijo.

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