En 2014 Gustavo Albornoz contó públicamente cómo se traficaba en el penal. Eso le valió represalias y perdió el trabajo. Ahora llevó el caso a la Justicia.
El exguardiacárcel del Servicio Penitenciario Número 6, que hace cuatro años provocó un tembladeral con una denuncia pública en la que revelaba la manera en que se trafica la droga que circula dentro del penal, volvió ayer a la carga.

Esta vez, la acusación la radicó en la Fiscalía de Primer Turno de los Tribunales provinciales con la esperanza de que se le ponga freno a la red de tráfico que integrarían internos y penitenciarios encargados de la vigilancia.

Gustavo Albornoz, un hombre corpulento de 38 años, llegó a media mañana al despacho del tercer piso del Palacio de Justicia. Lo hizo acompañado de su abogada, Rosa Sabena, con un escrito en el que relata en forma testimonial lo que vio entre los años 2009 -cuando ingresó a trabajar en la cárcel- y  fines de 2014 cuando perdió su empleo, a causa de las represalias.

“En 2013 hablé con mis superiores y avisé que iba a denunciar todas estas cuestiones irregulares, pero por temor a quedarme sin trabajo y que me pasara algo a mí o a mi familia aguanté un tiempo hasta que todo se hizo insostenible y di a conocer lo que pasaba públicamente dentro de la cárcel local”, dijo Albornoz en la denuncia penal por abuso de autoridad y violación de deberes del funcionario público.

Allí le pide al fiscal de turno que investigue la probable responsabilidad penal que por ese delito pueda corresponderles a los suboficiales Juan Valdez, Diego Arana, Marcelo Leyría y Claudio Denchuc.

Su decisión le valió amenazas y hoy teme por su vida y por la de su familia, pero Albornoz le confió a su abogada que siente la necesidad de llegar hasta las últimas consecuencias.

Cuando les avisó a sus superiores que iba a sacar a la luz lo que sucedía intramuros empezó a observar cierto recelo de sus compañeros y de sus jefes. “Es que lo que iba a denunciar afectaba a todos dentro del penal. Tuve que sacar licencia médica para evitar ir a mi trabajo porque corría peligro mi integridad física”, confió Albornoz. 

Por su función en el edificio de avenida Sabattini al 2600, el exguardiacárcel participó de numerosos secuestros de marihuana, cocaína y pastillas en los sectores de uso común del penal, como los baños, lavaderos y patios.

Todo eso lo contó, sin mostrar su rostro, en el programa televisivo “Así son las cosas”, conducido por Guillermo Geremía. Sin embargo, dentro de la cárcel reconocieron su voz.

“Sin darme ninguna explicación me pasaron a situación pasiva desde mayo hasta agosto de 2014”, precisó. En ese lapso, uno de sus hijos recibió amenazas y acudió a hablar con el legislador Luis “Tin” Sánchez, “pero me dijo que no se podía hacer nada y que en todo caso estaba en manos de los integrantes del Tribunal de Disciplina, quienes nunca hicieron nada”.



Modus operandi



A pesar de todos los obstáculos con los que se topaba, Albornoz siguió con su pelea quijotesca y en noviembre de 2014, volvió a presentarse al programa televisivo “Así son las cosas”, pero esta vez a rostro descubierto. “Conté todo lo que estaba viviendo como consecuencia de haber actuado como un empleado responsable, dentro del marco de la ley y como un buen ciudadano; pero al igual que en las ocasiones anteriores ningún funcionario tomó medidas al respecto”, señaló. 

En la denuncia penal que radicó ayer, contó el modus operandi de una red que integrarían presos y guardias: dijo que en aquel momento, la droga procedía desde Buenos Aires, llegaba hasta un domicilio particular de la ciudad y era retirada por exinternos que se la hacían llegar a los guardiacárceles Juan Valdéz y Diego Arana. Ambos serían quienes la distribuirían dentro del penal a través de un sistema de “mulas”. 

“Otra parte de la droga era entregada al suboficial Marcelo Leyría quien se la entregaba al interno F. (...) A su vez el suboficial Leyría hacía negocios con el exinterno R., que tenía deudas con él”, asentó en la denuncia.

Esas deudas habrían determinado que el propio Leyría le secuestrara a R. medio kilo de cocaína. El preso terminó denunciando esa situación ante la alcaidía y al entonces juez de Ejecución Penal, Ezequiel Barrenechea, “y por esa razón el interno R. fue trasladado al penal San Martín, de la ciudad de Córdoba”, denunció Albornoz.

El escrito que deberá ser investigado por el fiscal Fernando Moine detalló que en abril de 2014, otro interno de la cárcel denunció al subdirector de la penitenciaría que la droga que el mismo preso comercializaba era ingresada por el suboficial Claudio Denchuc, que por esas tareas cobraría entre 20 y 30 mil pesos mensuales.

Con carácter de urgente, el denunciante pidió al fiscal que notifique estas irregularidades al Ministerio de Justicia y al Ministerio de Seguridad de la Provincia para que desarticule la red de tráfico de drogas dentro del penal.  

Además, reclamó que, preventivamente, separen de su cargo a los penitenciarios mencionados en la denuncia penal hasta que se resuelva la causa.

Frente a los medios de prensa, el exguardiacárcel agradeció a la mujer de traje blanco que la acompañaba. “Después de 4 años, al fin encontré en Rosa Sabena a una abogada con agallas que se animó a representarme”, destacó.



Alejandro Fara.  Redacción Puntal

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