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La perseverancia de Rosa Sabena logró que los responsables de la desaparición de Nicolás fueran a prisión. Ahora, como abogada, espera ver en el banquillo a los uniformados que denunció. “Lucho contra el núcleo más duro”
Era un domingo a la siesta. Nicolás Sabena llevaba días alojado en la quinta de los Vargas Parra pero se mantenía en contacto con su hermano Federico. 

A las 14.07 Federico le escribe este mensaje a su hermano mayor:

-Qué hacés, che, todo bien?

A las 14.08, desde el teléfono de Nicolás responden:

-Sí, por lo menos, ustedes? Comprame una vargeta (sic) (por una tarjeta telefónica).

A las 14.10, Federico le contesta:

-Bien, me gasté todo en la Rural, te llamaron de algún trabajo?

Ese breve intercambio se produjo el 14 de septiembre de 2008. Ese mismo domingo, cuando Rosa Sabena intentó comunicarse con Nicolás ya no obtuvo  respuesta.



* * *

Diez años después de la desaparición del joven que entonces tenía 21 años, la causa judicial de Nicolás Sabena sigue abierta. Sin cuerpo, no hay punto final para el expediente, pero tampoco hay duelo posible ni descanso para su familia.

Así lo siente Rosa Sabena. 

El 19 de septiembre de 2014, logró que los tres responsables de la desaparición de su hijo, José Francisco  “Pepe” Vargas Miserendino y sus hijos “Cori” y “Yaca” Vargas, fueran a prisión. Ese día, entre lágrimas, le confió a Puntal que iba a descansar y volvería a ser una mujer anónima.

No pudo.

Cada vez que le dejaban en el teléfono algún dato del posible paradero de su hijo, se ponía al frente de la búsqueda y pasaba horas en vilo hasta que llegaba, irremisible, la noticia de que todo había sido una falsa alarma.

La fecha redonda, los diez años de la desaparición del mayor de sus hijos,  son un recordatorio de todo lo que logró con su empeño, pero también de todo lo que falta.

“La condena a los Vargas me dio la sensación de que se había hecho un poco de justicia, pero no puedo descansar: mi hijo no apareció”, dijo en su despacho de abogada, un ambiente donde los libros de Derecho encuadernados en cuerina conviven con los portarretratos de Nicolás sonriente, de Nicolás en brazos, de Nicolás ya adolescente.

El título universitario le dio más herramientas para emprender una tarea para la que reserva todas sus fuerzas. “Hoy estoy luchando contra el núcleo más duro, los policías”, confió Sabena.

“Si mi hijo no apareció fue porque los Vargas tenían protección de la Policía. Todos los que tuvieron que ver con la desaparición de mi hijo tienen que pagar sus culpas”, recalcó.

En 2011, Sabena denunció a parte de la cúpula policial que estuvo activa en los albores de la investigación: acusó al entonces jefe de Investigaciones Fernando Pereyra, a quien era jefe de Telecomunicaciones, Gustavo Oyarzábal, y a una policía que sin tener un cargo jerárquico se ganó la confianza y el afecto de la madre de Nicolás, en esos primeros días de búsqueda en los que todo era confusión.

“Esa persona es la policía Nancy Salinas, fue la primera policía a la que vi cuando denuncié la desaparición de mi hijo, el 16 de septiembre de 2008. Yo la adoraba, porque me escuchaba y me trataba con dulzura, hasta me dejó su celular particular. ¿Qué policía hace eso? Con el tiempo supe que un día antes de que fuera a verla, ella y el comisario Fernando Pereyra sabían que “Pepe” Vargas había hecho algo grave porque lo encontraron defecado, pero lo dejaron ir sin investigarlo”.

La madre de Nicolás rebeló que la mujer policía mantenía diálogos amistosos con el mayor de los Vargas y lo puso en conocimiento de la Justicia.

Así, consiguió que el fiscal Fernando Moine la enviara a juicio y, la semana pasada, la Cámara Segunda de Apelaciones confirmó que debe ir al banquillo.

También la semana pasada, los Tribunales les depararon noticias favorables a los Sabena, pues los mismos jueces que dijeron que Salinas debe ir a juicio, rechazaron el pedido de sobreseimiento al actual jefe de Investigaciones, Gustavo Oyarzábal. En otras palabras, los magistrados dijeron que el fiscal Moine debe seguir investigándolo por el delito de encubrimiento por favorecimiento personal.

Rosa Sabena lo denunció luego de detectar llamadas sospechosas entre el celular de Oyarzábal y distintos integrantes de la familia Vargas Parra.

“Ahora también espero que Moine, un fiscal que siempre me pareció una persona honesta, se expida sobre el caso del comisario Pereyra, porque ya lleva seis años esa denuncia y sigue sin resolver nada sobre su actuación”, comentó. 



“Sé lo que es estar ahí”



La lucha de Rosa Sabena inspiró a otras mujeres agobiadas por la tragedia, muchas de ellas -la madre de Camila Carletti o de Mayco Ceballos, por ejemplo- acudieron a su despacho en busca de su ayuda profesional, pero también de su contención.

 “Tuve que sufrir horrores para ser oída, esperé días enteros para ser atendida en Tribunales, me trataron de loca; yo sé lo que es estar en el lugar de esas madres, por eso me comprometo a ayudarlas.  No puedo ver que una mamá esté sufriendo y que nadie le dé una respuesta”, concluyó.



Alejandro Fara.  Redacción Puntal

 

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