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El sistema de interurbanos padece un nuevo conflicto que amenaza con alcanzar a varias empresas. Ya son conocidos los casos de TUS, que está en convocatoria, y de Lep, que no quiso continuar con los servicios de Mercobus-PlusUltra.
La gestión empresaria explica buena parte de la suerte de muchas compañías de transporte de pasajeros del país. Sin embargo, el sistema condiciona y limita la capacidad de maniobra. Subsidios que no son equitativos, y no han sido desde que nacieron al calor del 2003, fueron consolidando desigualdades que pusieron a algunas empresas sobre autopistas, otras sobre rutas deterioradas y finalmente a un grupo, condenado a circular en tortuosos caminos de tierra. Firmas que recibían fuertes fondos desde el gobierno nacional y otras que a cuentagotas esperaban los dineros en sus cuentas.

En la región hay una empresa emblemática del transporte de pasajeros que está a punto de caer: TUS está en convocatoria y los funcionarios provinciales están trabajando con la finalidad de reubicar al personal y de que otras firmas se hagan cargo de los corredores que tiene asignados. En los hechos, la dan por caída. Después, también Lep fue motivo de gestiones desde la Secretaría de Transporte de la Provincia porque esa firma se hizo cargo en su momento de los corredores de la   desaparecida Mercobus-PlusUltra. En ese caso, los servicios nacionales fueron licitados recientemente por la Nación para otorgar la concesión definitiva y la vacante de ofertas fue interpretada como una muestra más de la delicada situación del sistema. “La empresa debe absorber la totalidad de los trabajadores que operan esas líneas. Así como Lep tomó los de Mercobus-PlusUltra. Y eso fue un problema clave por el que Lep no puede continuar con ese servicio. No dan los números”, explican desde la Provincia.

Como ocurrió con la energía, los mayores recursos se concentraron en Buenos Aires y el Conurbano. En el interior fue otra historia. Los mayores costos de electricidad, gas y pasajes siempre se pagaron fuera de la General Paz. De hecho, aún con la gestión de Mauricio Macri, que llegó reconociendo esa desigualdad geográfica, todavía hoy un pasaje urbano en el interior cuesta el doble que cerca del Obelisco. De todos modos, hacia fin de año se esperan cambios significativos. En el marco de la negociación del presupuesto 2019 y con los compromisos asumidos ante el Fondo Monetario Internacional, el Gobierno busca eliminar los subsidios, o mejor dicho trasladarles a las provincias ese costo. La cifra no es menor: asciende a 100 mil millones de pesos que los gobernadores deberían asumir. Las empresas siguen de cerca esos movimientos porque temen que haya un recorte importante en los fondos que llegan y completan, con el precio de los pasajes, los ingresos mensuales. Si se caen los subsidios, y los costos no se reducen, el valor de los pasajes es la única vía posible para equilibrar la balanza. Pero allí aparece la capacidad de los pasajeros de poder pagar y el temor de las empresas por perder clientes, un proceso que ya se siente sobre los ómnibus.

Lo cierto es que los recortes de subsidios ya comenzaron hace tiempo. En 2018 se congelaron con respecto al año previo, lo que significó un recorte real de al menos el 30 por ciento por efecto de la  inflación.

Pero la pérdida de pasajeros no sólo viene por la suba de los boletos. También se bajan quienes toman la opción cada vez más competitiva de las líneas aéreas low cost. Es otra alternativa que quita pasajeros a los colectivos de media y larga distancia. Por eso, en un escenario de suba de costos, el temor por el destino de algunas empresas va también en alza.



Gonzalo Dal Bianco.  Redacción Puntal

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