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La Universidad desarrolla técnicas para detectar alimentos transgénicos
Docentes de Química integran un equipo junto con investigadores de España, Brasil, Francia y Portugal. Trabajan en sensores para hallar organismos modificados genéticamente en la comida y las semillas
Desde la Universidad, docentes del Departamento de Química desarrollan técnicas para identificar alimentos y semillas genéticamente modificadas. Se trata de una investigación en la que trabajan junto con investigadores universitarios de España, Brasil, Francia, Portugal y otras casas de altos estudios de Argentina. El objetivo es crear sensores que permitan identificar organismos genéticamente modificados que pueden estar presentes en la comida y los granos. El proyecto financiado por la Comunidad Europea.

Docentes del Departamento de Química, de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad, llevan a cabo un proyecto financiado por la Comunidad Europea, con el objetivo de crear sensores para evaluar la presencia de organismos modificados genéticamente en los alimentos y semillas.

Así surge de una publicación que días atrás hizo la Universidad Nacional de Río Cuarto.

Según recordó la doctora Patricia Molina, docente investigadora integrante del Grupo de Sistemas Organizados del Departamento de Química de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNRC, hasta la fecha cerca de 130 organismos genéticamente modificados han recibido una autorización con fines comerciales en el uso como alimentos en el mundo. Se estima que unos 16,7 millones de agricultores emplearon cultivos transgénicos en el año 2011, sobre 160 millones de hectáreas repartidas en 29 países.

En este marco, señaló que el objetivo principal del proyecto es establecer una red entre Europa y América del Sur, “con la participación de instituciones de educación superior y unidades de investigación, apoyadas por la experiencia de cada institución y de laboratorios para la promoción e intercambio de conocimiento científico básico”.

“A pesar de las ventajas que presentan las plantas OGM, no se acepta su uso como alimentos en todo el mundo, especialmente en Europa, donde los consumidores están muy preocupados por su seguridad. Los principales problemas de seguridad se relacionan con el potencial de flujo de genes a otros organismos, la inducción de resistencia a los antibióticos y los efectos sobre biodiversidad”, señaló Molina.

En paralelo, sostuvo que, si bien en un principio se pensó que el uso de transgénicos iba a contribuir a mayor producción para paliar el hambre, hasta ahora ese objetivo no se ha logrado. “Esto nos hace reflexionar acerca de que el problema no está en la producción de alimentos sino en su distribución”, dijo.

Molina destacó que, independientemente de la controversia en torno a los organismos genéticamente modificados, su cultivo está en constante aumento. Todos estos hechos contribuyen a la creciente complejidad de la detección y la identificación correcta del material derivado de los organismos genéticamente modificados.
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