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“Los chicos sienten que los están discriminando”, dicen los padres
Alumnos y docentes dan marcha al comienzo del ciclo lectivo, luego del conflicto por el cerco que los vecinos levantaron alrededor de la institución “por seguridad”. El objetivo será superar los estigmas

Luego de la polémica decisión de los vecinos del barrio Siempre Verde, los cuales decidieron alambrar una calle pública cortando los accesos al Ipem 29, la institución volvió a abrir sus puertas para dar comienzo a las actividades anuales.

Entre reuniones, exámenes e inscripciones al ciclo lectivo, la situación del vallado y sus consecuencias se configuró como un tema de conversación ineludible. Tanto los docentes como los alumnos y sus padres sacaron sus propias conclusiones acerca de un proceso que dejará huellas y que deberá atravesar una necesaria pero dificultosa recuperación.

PUNTAL dialogó con los padres que integran la cooperativa del colegio “Felipe Galizia”, a quienes hoy les toca afrontar los primeros efectos del conflicto, con muchas versiones y opiniones que abren una brecha en torno a cuestiones como la discriminación. A lo largo de la historia, los muros o las vallas han cumplido con el papel de separar una situación controlada de otra conflictiva, y en esta oportunidad los vecinos del complejo habitacional plantearon la misma cuestión desde el plano de la inseguridad.

“Los padres no sabemos qué pasa, estamos con muchas dudas. Nos enterábamos por los medios que habían cerrado y nos encontrábamos con que hacían mención al colegio. No entendemos por qué”, comentó Ester, mamá de uno de los estudiantes e integrante de la cooperadora de la institución. Ella expresó que en cuanto a la justificación de los vecinos que alambraron la calle pública, “nunca se conocieron hechos de inseguridad que involucren a los estudiantes”. “En este colegio no hubo robos, ni roturas de ventanas. Cuando apareció el barrio, fueron los vecinos los que empezaron a hablar de inseguridad”, añadió.

“El colegio estuvo acá primero que el barrio. Se construyeron las casas, la gente se mudó y ni los padres ni los directivos hablaron de hechos problemáticos en los cuatro años que tiene de vida esta institución”, afirmó la madre, y agregó: “No sabemos cómo se llega a decir que los culpables son los chicos cuando alambraron en vacaciones”.

César, otro de los padres que integran la cooperadora, expresó que los vecinos “podrían haber cerrado su parte” y que la actitud que adoptaron “está mal porque no es un country privado”. Los padres sostuvieron que luego del cierre de la calle, los chicos se verían obligados a utilizar otro camino para ingresar a la institución. “Tienen que venir al colegio por un acceso particular para evitar el camino a Tres Acequias, por donde pasan muchos autos. Es algo peligroso para los estudiantes”, dijeron.


Superar el estigma


El camino hacia la solución de este conflicto deberá enfrentarse al factor social, a lo que puede leerse entre líneas cuando se habla de “inseguridad” en un lugar al que asisten integrantes de la comunidad boliviana y jóvenes que provienen de familias con escasos recursos. En ese sentido, la dificultad se observa en la posición adoptada por los propios chicos que, en un principio, fueron apuntados como los responsables de la situación que llevó a la colocación del alambrado.

“Los chicos no están enojados, sólo que no entienden cómo puede ser que los estén culpando de hacer daño o de robar. Saben que ellos salen del colegio y se tienen que tomar el colectivo rápidamente para volver a su casa, porque hay pocos colectivos para volver. Incluso los chicos son constantemente cuidados por los docentes, que no les permiten estar deambulando por afuera del colegio”, relató Ester.

César agregó que, de acuerdo a la forma en la cual se vienen dando estos inconvenientes, se está afectando al desempeño educativo de los estudiantes. “Estos son chicos que se esfuerzan y sentimos que se les están poniendo trabas”, dijo.

Pero la supuesta estigmatización no se reduce a lo educativo o a los hechos particulares, sino que es algo que acompañará por siempre a quienes día tras día sean víctimas de estas actitudes. Al respecto, Ester afirmó: “Los chicos sienten que los están discriminado cuando los tratan como si fueran malas personas. Pero en realidad son buenas personas, por algo están estudiando para hacer algo con sus vidas. No pueden hacerlos sentir de esta manera; como padres tenemos que decirles a ellos que se preocupen por ellos y no por lo que digan los demás”.


Todo un año por delante


Para los padres, las respuestas que esperan los vecinos de Siempre Verde no se deben buscar en el colegio ni en los estudiantes, sino en los responsables del Estado municipal. “La solución al problema de los vecinos tiene que venir de otro lado. La Municipalidad tiene que hacerse cargo de problemas que no tienen que ver con los alumnos”, indicó Ester.

Respecto al futuro del alambrado, los padres y directivos del colegio sospechan que pueda volver a levantarse. De hecho, la estructura del cerco no fue retirada en su totalidad. Algunas versiones indican que la valla podría ser levantada durante los fines de semana para evitar inconvenientes.

“Creemos que quieren vivir como un barrio privado, quieren cerrar la manzana. Están actuando como si estuviéramos en los años ´60, que llegaban a su lugar y lo cercaban para que nadie los molestara”, añadieron los padres, apostando a una lenta recuperación.

 

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