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Silvina Ambrosini: “El paciente debe conocer que se comprende la gravedad de su caso”
La psicóloga se refirió a cómo deben encararse los tratamientos a quienes pasan por una situación conflictiva. Habló también sobre la necesidad de contar con el acompañamiento del resto de la familia

“Lo que se tiene en cuenta para comenzar cualquier acompañamiento es decirle a la otra persona que se entiende lo que le está pasando”, sostuvo Silvina Ambrosini, psicóloga especialista en situaciones de crisis que estuvo en la ciudad de la mano de la Fundación Santiago Yuni. En diálogo con PUNTAL, se refirió a la importancia de la contención por parte de la familia a quienes pasan por una situación conflictiva, y planteó cuáles son los procesos que debe realizar la persona para concentrarse en solucionar esa etapa de su vida.

“Parece una obviedad, pero si a uno le ocurre algo que lo tiene triste o preocupado, y nota que la mirada del otro no es empática, puede resultar terrible”, dijo y aclaró que “en cambio, si ve que el otro lo comprende, se relaja”.

Explicó que, en este sentido, “el profesional debería saber que el paciente está mal desde el momento en el que sacó el turno”, pero no siempre ocurre de este modo. “No hay que minimizar, lo que le ocurre al otro es su 100%, no se debe comparar con el que se atiende antes o el de después”, completó.

Ambrosini ejemplificó su reflexión con lo que sucede en muchos casos oncológicos: “Atienden a alguien con un tumor de páncreas, que vulgarmente se dice que es de ‘pronóstico reservado’, y seguido a esto a alguien con un tumor de mama, al que no le dan tanta importancia. Sin embargo, esta segunda persona acaba de recibir la noticia de que es una paciente oncológica, no importa el pronóstico. Algo que parece de tan fácil entendimiento, a veces parece que los médicos no lo comprenden”.

- Trabaja con casos en situación de crisis, que pueden ser de lo más diversos, pero muchos se refieren a cuestiones de salud, por ejemplo, complicaciones oncológicas.
- Se hace referencia a la rama oncológica porque es con la que se trabaja más comúnmente, y aquí los médicos hablan de lo que es la ‘sobrevida’ en relación a los tumores. Cuando un paciente está entre los que tienen buena sobrevida se minimiza la patología, aun cuando tiene que pasar 40 sesiones de rayos, o también quimioterapia, en algunos casos caída del pelo, un año de controles continuos, trastornos en el trabajo. Como sucede con el tumor de próstata para los hombres, uno que dicen tiene buen pronóstico y ‘de eso no se muere’, como dicen los oncólogos, pero quien lo tiene pasa un proceso de efectos secundarios, cuestiones vinculadas a su masculinidad, todo el proceso de recuperación, todo cambia la vida de la persona. Cómo vivirá, entonces, no tiene que ver solamente con su pronóstico de vida, sino también con la calidad.

- Más allá de que cada caso tiene sus particularidades, ¿qué aspectos del día a día se trabajan con los pacientes para encarar estas situaciones de crisis?
- Después de hacerle comprender al paciente que lo que vivirá es serio, se propone abrir un paréntesis en sus vidas, explicado desde lo que son las ecuaciones matemáticas: no se puede resolver el resto del cálculo si no se resuelve primero lo que está dentro de los paréntesis. Es algo que divide la vida, es algo diferente de lo que se venía viviendo, pero no es el final, no es el resultado. En este marco, habrá cambios inevitables, en lo cotidiano, en lo vincular, en lo laboral, en lo estético. Se propone, por lo tanto, abrir y cerrar los paréntesis juntos.

- ¿Cómo sigue la vida del paciente fuera de ese paréntesis?
- Para poder continuar se debe resolver esa problemática, hay que concentrarse en eso. Hay que ser consciente de las cosas para poder atravesarlas. Aquí es clave el acompañamiento de las personas cercanas, se debe hacer un replanteamiento de lo cotidiano como parte de ese trabajo en crisis. Se debe pensar en cómo replantearse las tareas, como una tormenta en un barco, donde cada uno asume un compromiso sobre tareas específicas, si no el barco se hunde. Se deben replantear las cosas.
En este eje, Ambrosini se refiere a lo que es el trabajo desde la terapia vincular, una forma de trabajo que concibe a la familia como una gran red, y en la que cualquier hilo que se tire de esa costura modificará la situación del resto, aunque aclara que no se trata solamente de casos de pacientes oncológicos o con situaciones de salud complicadas, sino que de cualquier cambio en las personas que los enfrente con una situación de crisis: la pérdida de un trabajo, un divorcio, las divisiones de herencias luego de una muerte, por ejemplo.

Grupos “Balling”

“Hay una crisis que se provoca en quienes trabajan con la crisis de los otros, porque tenemos como objeto de trabajo a otras personas, que están en esa situación. Es necesario hacer un trabajo para poder enfrentar esa realidad, y se lo encara desde los grupos ‘Balling’. Se trata de grupos de control de profesionales”, explicó Ambrosini, quien recordó su experiencia en el Hospital de Clínicas junto a residentes de pediatría, específicamente en el servicio de hematología pediátrica: “Los residentes tenían 20 años y sentían que hacían todo mal si fallecía uno de sus pacientes, porque en la medicina se educa para ser dioses". Señaló que esos residentes comenzaron a enfermar ante el fallecimiento de sus pacientes: "Decían como que se les morían a ellos y que toda la instrucción que habían recibido no les había servido para nada".

Ambrosini explicó que en aquella oportunidad se trabajó con esos residentes para que comprendieran que la medicina iba más allá de la curación, que contemplaba los cuidados paliativos y el acompañamiento. "Es necesario trabajar sobre estos aspectos humanos de los profesionales, que se reprimen porque muestran debilidad", señaló Ambrosini, en tanto que destacó que estos grupos sirven para que cada uno cuente algo que le sucedió como parte de su actividad que pudo haberlo marcado.


Luis Schlossberg

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