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Los Barroso se suben al ring
Luis fue uno de los mejores boxeadores que surgieron en nuestra ciudad y Joel quiere seguir sus pasos

Segundos afuera... Y los Barroso se suben al ring para la entrevista con PUNTAL. Luis y Joel son hoy los Herederos de una pasión, la que tienen por el boxeo.


Luis ha sido uno de los mejores púgiles que ha dado la ciudad y Joel es una de las jóvenes promesas que han surgido en los últimos años. Padre e hijo comparten muchas horas en el gimnasio y prolongan sus charlas del deporte de los puños en su casa.


- ¿Cuándo y por qué comenzó a practicar el boxeo?


Luis.- De muy chico, habré tenido unos siete años. Mi viejo era un boxeador amateur retirado. Él me metió en esto porque le gustaba. Me acuerdo que él me traía a un gimnasio ubicado en el barrio San José de Calasanz, el gimnasio de Flores, a donde iban muchos chicos de todos los barrios porque ese hombre tenía contacto con distintos promotores de Argentina y tenía peleas todos los fines de semana. 


- ¿Cómo fueron sus primeros cruces de guantes?


Luis.- Mi papá me traía una vez por semana a ese gimnasio donde estaban Víctor Robledo y Raúl Bianco, entre otros grandes boxeadores, y siempre hacía falta uno para el guanteo.


- ¿Cuándo fue su primer combate?


Luis.- Fue a los 16 años. Imaginate que el que estaba desempleado peleaba y ganaba lo que ganaba un peón de albañil. Así que el que tenía coraje se subía al ring y peleaba. Por entonces no había tantos controles de licencias y fiscales. Ahí combatías con el que venía y si no viajabas a unos doscientos kilómetros a algún festival.


- ¿Por qué lo hacía?


Luis. - Lo hacía por complacer a mi papá, que era un hombre de campo y me decía que los machos se hacen a los golpes. A mí no me gustaba mucho la idea, pero después fui agarrando un poco de experiencia, fui guanteando primero con chicos de mi edad y luego con grandes boxeadores que hubo acá. Después falleció él y me tuve que venir del campo y ahí comencé a entrenar más duro porque no tenía plata. Me acuerdo que tenía que dar el peso y comía mucho para poder pelear el fin de semana y así tener mi plata.
De ahí me inicié y en pocos años hice más de cincuenta peleas. Me empezaron a conocer distintos promotores como Alberto San Miguel, que me ofreció hacerme profesional. Recuerdo que fui sparring de Roberto Morán, de Sergio Liendo. Luego fui escalando en el profesionalismo.


- ¿Y lo suyo también fue por herencia que comenzó a boxear?


Joel.- Sí, de chico, a los seis años iba al gimnasio con él y lo veía, hasta que un día me puse los guantes y comencé a practicar, pero sin técnica. Y con el tiempo lo fui tomando más en serio. Ahora me entreno muy duro. Este año ya debuté en el campo amateur y tengo ya seis peleas protagonizadas.


- ¿Qué tal es como pupilo su hijo?


Luis.- Él tiene escuela, que yo no la tuve. Cuenta con una preparadora física y con un nutricionista. Él viene bien, tiene potencia, yo no la tenía. Él tiene estilo y cabeza para plantear la pelea ante el rival que tenga de turno. Arriba del ring piensa mucho cómo lo va a pelear a su adversario.


Yo voy mirando desde el rincón los detalles y le voy corrigiendo algunos detalles, pero sabe plantear muy bien la pelea. Y me sorprende porque se para de derecho o de zurdo. Él es derecho, pero está acostumbrado a pegar con la otra mano también.


- ¿Qué significa que su entrenador sea su padre?


Joel.- Una ventaja porque hablamos mucho en el gimnasio y en casa. Tenemos mucha confianza entre los dos y me aconseja mucho.


- ¿Guantea con él?


Joel.- No. Antes, cuando yo era más chico sí, ahora no.


Luis.- No, ya no estoy para eso porque después me duele todo el cuerpo, porque ya perdí esa costumbre de golpear todos los días.


- ¿Qué le han dicho de cómo era su padre como boxeador?


Joel.- Que no tenía mucha pegada pero que era muy guapo e inteligente y tenía estilo en el ring para pelear contra cualquiera.

 

Darío Pablo Palacio

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