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Las urnas y la agenda económica
Por Gonzalo Dal Bianco

Hasta mañana habrá una incógnita que algunos intentaron despejar en los últimos días con complejos análisis sobre la posible influencia de la economía en las elecciones Primarias. Si bien el Gobierno buscó en un primer momento evitar el tema económico por estricta recomendación del gurú Jaime Durán Barba, el eje no tardó en instalarse y finalmente hasta los candidatos del propio oficialismo lo terminaron alentando cuando la usina de malas noticias que fue el Indec en los primeros 18 meses de gestión, empezó a publicar algunas cifras auspiciosas sobre la marcha del país, especialmente en lo vinculado a la actividad de la industria -que mostró un repunte importante en los últimos dos meses- o la construcción, que terminaron sumándose al campo, que avanzaba en soledad por el terreno de la recuperación.

Sin embargo, está claro, y el propio presidente Mauricio Macri lo admitió en los últimos días de campaña, que los indicadores que refleja la estadística no son percibidos por gran parte de la población, que sigue a la espera de las mejoras reales en su economía doméstica; en la micro más micro. Hay algunos indicios sobre algún cambio de tendencia en el consumo, pero ese dato todavía no asoma en la superficie. El consumo es un indicador clave que refleja la recuperación del poder adquisitivo de los asalariados. Y es allí donde la traducción de las estadísticas no avanza.

Hay economistas, como Dante Sica, que aseguran que hoy los consumidores tienen muchas opciones para su dinero y que eso también quita impacto en los niveles de ventas minoristas. Sica considera que hay una modificación importante en la conducta de los consumidores. Y suma también las alternativas del ahorro o el crédito hipotecario, que viene recuperando nivel de colocación. Macri repitió en los últimos días que cada dos minutos hoy un argentino se lleva un crédito aprobado para comprar o construir su casa.
El segundo semestre, del segundo año de gestión, tiene al menos algunos brotes verdes para mostrar, pero el interrogante aquí es el sentido de la oportunidad. Si llegaron a tiempo y son suficientes para que eso beneficie mañana al oficialismo. O si serán más evidentes y quedarán más expuestos una vez que empiece la primavera y comience a llegar el turno del 22 de octubre, cuando allí sí estén las bancas en juego. Hay coincidencias  en que es poco probable que la economía sea determinante en favor del Gobierno.

Además, el dólar tampoco colaboró en las últimas semanas con movimientos ascendentes que obligaron al Gobierno a vender casi 1.500 millones para frenarlo. El Banco Central, contra sus principios, debió salir con la manguera a tratar de bajar la temperatura de la moneda estadounidense. En la cotización del dólar muchos creen ver la mano de sectores que operan en el mercado financiero con cierto temor por lo que pueda ocurrir en la Provincia de Buenos Aires y la chance de que Cristina Fernández de Kirchner se quede con una victoria mañana. Eso implicaría cierto temor de agentes financieros ante ese escenario. Lo curioso de esa lectura es que esos mismos sectores no fueron perdedores del gobierno del kirchnerismo, más bien todo lo contrario. Fueron, al igual que con la gestión de Mauricio Macri, ganadores de la década pasada y de hoy. Constituyen uno de los sectores que lograron mantener el equilibrio -y los resultados- más allá del cambio de mando.

De todos modos, en la agenda hay dos cosas que asoman inmediatamente. El impasse del fin de semana servirá para el tránsito de interrogantes. Desde aquel que plantea cómo impactará la economía mañana al que indaga sobre cómo reaccionarán algunas variables tras conocerse el resultado de las urnas. Eso tendrá entre lunes y martes dos momentos clave. En las primeras horas de la próxima semana muchos van a amanecer mirando el dólar. Si sube, si baja, si el Central debe intervenir, etc. El martes, el Gobierno enfrentará un cuantioso vencimiento de Lebacs por 550 mil millones de pesos que también plantearán un desafío enorme para la administración nacional.

Las dos jornadas tendrán gran influencia de lo que finalmente ocurra en las urnas este domingo, especialmente en provincia de Buenos Aires, donde siempre se juega la madre de las batallas electorales.

Si Cambiemos logra un resultado positivo, que no necesariamente implica alzarse con una victoria, los mercados podrían abrir con cierta tranquilidad. El temor de algunos analistas es si eso no ocurre. De todos modos hay algunas certezas o márgenes que definen límites a las posibles consecuencias. El Banco Central tiene suficiente poder de fuego, como lo vino demostrando en las últimas jornadas, para no dejar pasar de 18 pesos la cotización. Por otro lado, es probable que en el caso de las Lebacs tenga que volver a subir la tasa para lograr la mayor renovación. De no ocurrir esto, podría pasarse una parte a presionar al dólar y obligar al Central a esfuerzos aún mayores. Está claro que los esfuerzos del Central se miden en cantidad de billetes que tiene que vender diariamente para contener la demanda.

A su vez, el Gobierno aún mantiene una pelea sin terminar con la inflación. En la semana se conoció el indicador que arrojó el Indec y que dio para julio una suba del 1,7% en los precios, algo por debajo de lo que se esperaba, en torno al 2%. En Córdoba, la Dirección de Estadísticas mostró un aumento mayor: 2,15%. Y aunque el Gobierno y sus voceros aseguran que la vinculación entre el avance del dólar y los precios no existe, lo cierto es que esta semana los supermercados acusaron un alza en las listas que les entregan los proveedores del 5% en alimentos y bebidas. La explicación: la suba del dólar. Por eso lo que ocurra a partir del lunes será también importante para saber cuánto más será la inflación anual sobre la proyectada en el presupuesto oficial y que ya será imposible de alcanzar.

 

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