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“Que la apariencia no los engañe, esta mujer mató a su esposo”, dijo el fiscal
Así le advirtió Daniel Vaudagna al jurado popular. Martha Alicia Heredia (67), la vecina de Olaeta, ayer negó el crimen y optó por no seguir declarando

Martha Alicia Heredia es juzgada por el crimen de su marido.

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El aspecto frágil y bonachón de Martha Alicia Heredia no se condice con la grave acusación que pesa en su contra.

La mujer que ayer fue sentada en el banquillo llegaba apenas al piso con sus pies embutidos en unas alpargatas azules ribeteadas de blanco. Una camisola con los primeros botones desabrochados dejaba al descubierto los huesos de la clavícula. Su extrema delgadez se advertía además en los pómulos salientes y en los descarnados dedos de sus manos que ella se llevaba al rostro, en un gesto sagaz cada vez que se acercaba a preguntarle algo a su abogado defensor.

Enfrente de ella había miradas incrédulas. Los ciudadanos que integran el jurado popular de la Cámara Segunda del Crimen no terminaban de entender cómo esa figura salida de un cuento infantil pudo haber manipulado una enorme cuchilla para terminar drásticamente con las discusiones que desde hacía unos días mantenía con su pareja, Juan Alberto Rivarola, el hombre con el que había convivido durante cuarenta años.

Daniel Antonio Vaudagna se dio cuenta en el acto. El fiscal de La Carlota que investigó el hecho que se produjo la mañana del 6 de abril de 2016 en la calle José Olaeta 145, del pueblo que lleva el mismo nombre, se percató del efecto que esa mujercita podía ejercer sobre el jurado popular, por eso les advirtió que no se dejasen engañar por lo que veían sus ojos.

“No se dejen llevar por la edad ni por la apariencia, que eso no los engañe -les previno con voz de trueno-, esta mujer mató a su esposo. Lo hizo en la intimidad de su casa, sin testigos y su primera reacción fue mentir: dijo que el hombre se produjo una herida sólo mientras afilaba el cuchillo en una amoladora. Pero, como no se puede tapar el sol con un dedo, la mentira quedó en evidencia. Por eso les digo que no se dejen llevar por la lástima o la compasión, este crimen no puede quedar impune”.

Así dio comienzo ayer una extenuante jornada de testimonios que incluyó la declaración del médico del pueblo, Gastón Bruno, el primero en asistir al moribundo Rivarola.

“El corte que tenía en la pierna izquierda sangraba abundantemente, había tanta sangre y él se resistía a los manotazos a que lo atendiera, que yo me resbalaba una y otra vez”, evocó el facultativo en su dramático relato.
La acusada seguía las palabras del testigo imperturbable.

A Heredia la acusan de haberle aplicado a su esposo un corte quirúrgico. La víctima recibió una herida mínima -de apenas tres centímetros-, pero contundente. Esa pequeña incisión le seccionó la arteria femoral, y eso explicaba la abundante sangre que el médico encontró en la humilde vivienda de Olaeta.

“Es la arteria que lleva la sangre oxigenada a los miembros inferiores, por eso sangraba copiosamente”, detalló el doctor Bruno, quien además le había prescripto a Rivarola medicamentos vasodilatantes y aspirinas, por sus problemas cardíacos.

¿Pudo Heredia haber conocido la peligrosidad de dañar esa arteria y haber actuado premeditadamente para quitarle la vida a su pareja? El fiscal Vaudagna, que en esta ocasión actúa también como fiscal de Cámara (en reemplazo de Jorge Medina), no duda de que así fue. En la vereda de enfrente, el defensor Paulo Espamer descartó cualquier ánimo homicida.

El juicio que se inició el lunes continuará mañana en la Cámara Segunda del Crimen. Entre las posiciones antagónicas del fiscal y la defensa se abre un abismo: si la hipótesis del fiscal -y las pruebas- convencen al tribunal, Heredia sería enviada a prisión perpetua.

Alejandro Fara
afara@puntal.com.ar

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