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El crimen de Olaeta: la mentira, la confesi贸n y el riesgo de fuga
Martha Alicia Heredia (67) mat贸 a su esposo e invent贸 una coartada para enga帽ar a la Justicia. Tres jueces dijeron en su sentencia por qu茅 le dieron la pena m谩xima y por qu茅 ordenaron su detenci贸n

El paso de Martha Alicia Heredia por los Tribunales de Río Cuarto dejó  una estela de estupor: nadie podía imaginar que la vecina de Olaeta de 67 años pudiera ser la autora del aberrante crimen por el que llegaba acusada.

Su edad, su aspecto frágil y bonachón; pero sobre todo la certeza de que Heredia y la víctima habían convivido durante 40 años trabajando codo a codo, tornaba impensado semejante crimen.

Tanto fue así que durante cinco meses todos en Olaeta creyeron la primera versión, la que echó a rodar Heredia: “Mi marido se accidentó mientras afilaba un cuchillo en la amoladora, se hizo un tajo en la pierna y se desangró”.

Pero los jueces de la Cámara Segunda del Crimen -Carlos González Castellanos, Emilio Andruet y Pablo Bianchi-, junto a 8 jurados populares determinaron que lo impensado efectivamente sucedió: Martha Alicia Heredia era la autora del crimen de su esposo, Juan Alberto Rivarola, la mañana del 6 de abril de 2016 en la humilde vivienda de Jorge Olaeta 145, del pueblo homónimo.

Por eso, el 17 de noviembre la condenaron a prisión perpetua y ordenaron su inmediata detención.

Ahora, cuando la sensación de perplejidad ya se disipó y la abuela homicida transita las primeras semanas de su larga condena, los jueces dieron a conocer la Sentencia número 176, donde dejaron asentados los motivos por los que llegaron a la culpabilidad de la acusada y también las razones por las que decidieron enviarla de inmediato a la cárcel, aún cuando el fallo no esté firme y los abogados de Heredia puedan recurrir el fallo en el Tribunal Superior de la Provincia.

Desmontando el engaño

Como quedó dicho, en un primer momento todos en Olaeta creyeron que el corte de apenas 3 centímetros en la pierna izquierda que seccionó la arteria femoral de Rivarola, había sido accidental. Pero durante el juicio esa versión empezó a agrietarse.

El testimonio de una enfermera del pueblo, María Noemí Inmenzón, introdujo las primeras sospechas. Llegó en la ambulancia junto al médico y, frente al cuadro crítico que presentaba Rivarola, tendido y desangrándose por una de las piernas, algo le llamó la atención: su esposa en ningún momento se acercaba a preguntar cómo estaba o a prestar ayuda, su preocupación principal era limpiar la sangre derramada en el pasillo y en la cocina de la vivienda, dijo la testigo.

Otro aspecto que no le cerró en ese momento a Inmenzón fue que ni la esposa de Rivarola ni el resto de los familiares soltaba prenda sobre lo que había sucedido.  

“Ni la acusada Martha Alicia Heredia ni sus familiares más directos –hija y nietos- brindaron explicación ni comentario alguno acerca de ello, lo que pone de relieve una clara actitud de ocultamiento sobre la real causa que le produjo la muerte a Juan Alberto Rivarola”, dijo la sentencia.

Si a Rivarola se le zafó el cuchillo mientras lo afilaba en una amoladora eléctrica, sus vecinos debieron oír el ruido de la máquina, sobre todo a esa temprana hora del día. Sin embargo, ni los ocupantes de la casa colindante, ni sus vecinos del frente escucharon nada.

Durante el juicio, el fiscal de instrucción de La Carlota, Daniel Vaudagna -que actuó también como fiscal de Cámara- preparó un golpe de efecto para los jurados populares: hizo traer la amoladora de Rivarola y la encendió en una habitación contigua a la sala de juzgamiento para que el jurado pudiera tomar nota del estruendo que hace ese mecanismo cuando está trabajando.

La confesión extrajudicial

Los magistrados le dieron un alto valor al testimonio de la hermana del muerto, Antonia Rosa Rivarola, y al hijo de ésta, Alberto Alejandro Mussi. Ambos testigos relataron en la Justicia que Heredia les había hecho una confesión espontánea.

Antonia Rivarola le preguntó qué había pasado y Heredia le dijo: "A vos te tengo que decir la verdad…, hace una semana estamos peleando y el cuchillo lo tenía yo, le di un puntazo y le hice un tajito chiquitito…, no pensé que era grave”.

“A partir de la nítida convergencia de las aludidas expresiones, se arriba a la convicción de la efectiva existencia de la confesión extrajudicial realizada por Martha Alicia Heredia a su cuñada Antonia Rosa Rivarola, la que fue oída por su sobrino Alberto Alejandro Mussi, lo cual –a todas luces y con innegable peso probatorio- echa por tierra la inicial versión que aquélla pretendió instalar, acreditando, de tal forma, la existencia del hecho que se le atribuye”, sostiene la sentencia.

¿Por qué Heredia querría matar al padre de sus hijos y el hombre con el que compartió gran parte de su vida?
Los jueces no ahondaron en ese aspecto, pero dejaron en claro que una posible motivación pudieron haber sido las reiteradas peleas y discusiones que Heredia y Rivarola venían manteniendo en el último tramo de su convivencia.

Actitud sospechosa

Todo lo que la mujer hizo después de herir a su esposo la comprometió más, en la mirada de los jueces.

En lugar de buscar ayuda a sus vecinos o pedir auxilio al médico del dispensario, Heredia caminó de ida y de vuelta las 6 cuadras que separan su casa de la casa de su hija. “Accionar que pone de manifiesto la nítida intención de mantener oculto el hecho efectivamente cometido previamente –es decir, el "puntazo" que le había asestado con un cuchillo a Juan Alberto Rivarola- para lograr que se conservara a resguardo en su núcleo familiar y evitar así que saliera a la luz”, acotaron los jueces.

Riesgo de fuga

En el fallo, junto con la condena a prisión perpetua, el tribunal ordenó que a Heredia se la esposara y se la llevara a una celda del Servicio Penitenciario Número 6.

Sorprendidos y angustiados, la hija de Heredia y sus nietos rompieron en llanto y pidieron a los guardias que les permitieran despedirse de la mujer.

Ahora, los jueces explicaron que esa medida se tomó por un cúmulo de factores: la gravedad del delito, el monto de la pena que podría alentar la posibilidad de una fuga y la conducta que ya mostrara Heredia con anterioridad. Se refieren a la estrategia de ocultamiento y de engaño que armó para tratar de zafar de la Justicia.

Conocidos los fundamentos, se abre un plazo legal para que los abogados defensores de Heredia, José Abrile y Paulo Espamer, puedan plantear un recurso de casación e intentar torcer el fallo en el máximo tribunal de la provincia.

En caso de que esa chance le sea esquiva, la acusada podrá pedir a los 70 años que se le otorgue la posibilidad de purgar su condena en su domicilio.

 

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