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“Ser reconocido siendo del interior es muy difícil”
La escritora Patricia Suárez habla de su última novela “La renguera del perro”.

La escritora Patricia Suárez.

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En tono de farsa, Patricia Suárez aborda en "La renguera del perro" una historia con personajes atravesados por el absurdo, cuyas vidas transcurren en una cotidianidad pueblerina que convive entre el tedio, el ridículo y el desamor.

En el imaginario pueblo santafesino de San Antón viven José Wasserman, dedicado a la cría de perros a los que parece amar más que a los humanos, y Ana, una poeta que busca ser apadrinada en la escritura por un escritor y periodista porteño, como única forma de poder trascender literariamente.

En este libro, editado por Galerna, subyace una mirada crítica hacia el denominado "mundillo de los escritores y las editoriales" al que es muy difícil acceder para quienes escriben desde las provincias, sostuvo Suárez en diálogo con Télam.

La escritora, que ganó el premio Clarín de novela en 2003, es también autora de cuentos infantiles y textos dramáticos, como "Maldad", "La maldecida de Fedra" y "Benilde", la historia de una chica que pierde la memoria y sus familiares creen que está fingiendo, que se estrenará este verano en Mar del Plata.

-Para esta historia elegiste el tono de farsa y llevás a los personajes al límite del ridículo.
-Sí, porque sin humor me muero. Me gusta mucho el disparate, pero en la Argentina el humor está mal visto, no prende porque existe el prejuicio de que lo humorístico no es lo suficientemente crítico, y se considera que la crítica valiosa está en los textos solemnes. La farsa también responde a que al escribir mucho para chicos me acostumbro a que todo es posible en las historias.

-¿De dónde surgió la historia en la que abordás de una manera muy particular el mundo de la escritura?
-Quería hablar de cómo me fascinó el mundo de los escritores de Buenos Aires cuando era jovencita y comencé a escribir. Yo soy rosarina y hace 30 años atrás era mayor la diferencia de acceso para alguien del interior, y la figura del escritor era más mítica. Siempre me gustó mucho leer y tuve avidez por los libros, a tal punto que tengo un mapa de Buenos Aires hecho por librerías.

-Y en base a esa idea construiste personajes como Ana.
-Ser un escritor reconocido en la Argentina siendo del interior es muy difícil, porque al no conocer las estrategias y las herramientas del mundo editorial quedás en un borde un poco cercano a la locura. Y a Ana le pasa un poco eso. En su búsqueda por lograr que lean su obra y se difunda, ella entiende que el reconocimiento pasa porque un escritor de Buenos Aires se enamore de ella.  

-¿La elección del ámbito pueblerino tiene que ver con alguna situación personal?
-Mis dos abuelas eran del interior, una de La Gallareta y la otra de Arminda, y aprendí mucho junto a ellas y de la realidad en las provincias. Además, el año que escribí esta novela viví en la ciudad de Santa Fe durante siete meses, fue una experiencia muy dura para la vida artística y cultural que yo imaginaba hacer, en una sociedad muy cerrada. Había ido con la ilusión de hacer obras de teatro y renovar la escena teatral, pero había mucha reticencia hacia mí por ser rosarina y venir de Buenos Aires. Todo eso pesó al momento de escribir.

-En la obra se da esto de pueblo chico, infierno grande, sobre todo en esos personajes que todo el tiempo están pendientes de la vida de los demás.
-Sí, trabajo con la idea de que vivir en ciertos pueblos es muy sórdido, donde la gente puede ser muy cerrada, a tal punto que muchos hacen un gran esfuerzo por salir de esos lugares. Piglia decía en uno de sus cuentos que si te vas del pueblo lo peor que podés hacer es regresar, si lo hacés sos un crucificado, es como una derrota.

-En la novela aparece la imposibilidad del amor y los vínculos enfermizos que llevan a los personajes al fracaso.
-Cuando pensé la historia no hice un boceto de esa pareja y me dejé llevar por la psicología de los personajes, que de acuerdo a cómo actúan es imposible que puedan estar juntos o ser felices juntos.

-Los padres de los protagonistas son lectores fanáticos, pero uno queda ciego, ¿a qué responde esa ceguera?
-Es la maldición pueblerina: si leés mucho no estás haciendo nada útil, entonces te vas a quedar ciego. Usualmente en mi casa me decían "ya no es hora de estar leyendo porque te vas a quedar ciega", como si la mucha lectura te llevara a la ceguera.

-¿Por qué te interesó la conjunción del universo animal con el humano en el personaje de José?
-Mi padre tenía un criadero de perros, así que esa experiencia es muy familiar para mí. Por otra parte leo y estudio mucho sobre los animales, y hasta hace poco pertenecía a la sociedad filantrópica de Aves Argentinas. Este gusto por el mundo animal me lleva a pensar en la evolución: creo que somos animales con un celular en la mano, y no somos muy diferentes de un chimpancé. Aunque hemos desarrollado una cultura propia somos animales completamente indefensos, no tenemos caninos, ni garras, no tenemos algo que nos permita sobrevivir sin agua por varios días. De los animales somos los más indefensos, y sin embargo los que más destruimos el reino animal. Creo que somos unos animales degenerados, matamos por placer.

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