Los conflictos salariales, la segunda traba que reconocen los empresarios
Se encuentra junto con la caída de la demanda interna y detrás de las altas tasas de interés como las principales causales que frenan el crecimiento. El alargamiento de la cadena de pagos, en cuarto lugar
El recrudecimiento de los reclamos salariales en el último trimestre del año no sólo pone en jaque a la administración provincial cordobesa, sino que se constituyó en una de las problemáticas centrales advertidas por los empresarios.
Según un estudio de la Unión Industrial de Córdoba, las presiones salariles son el segundo factor que dificultan el crecimiento del sector, detrás de las altas tasas de interés y junto a la caída de la demanda interna. En cuarto lugar, aparece el alargamiento de la cadena de pagos.
Salvo el primero, que es una constante entre los dueños y gerentes de empresas, los tres motivos destacados luego resurgieron con la crisis desatada durante el año pasado a nivel mundial, a lo que se sumó el conflicto interno con el campo. De todas maneras, los industriales advierten que también las tasas se encarecieron fuerte con la crisis financiera, aunque ya en el mercado local no eran demasiado tentadoras y la demanda era escasa de parte del sector productivo.
Lo cierto es que con el avance de las dificultades, la caída del mercado interno fue acentuándose lentamente. A su vez, en medio de este proceso, la inflación logró frenar su rápido crecimiento. Sin embargo, no logró detenerse. Los precios siguieron aumentando tanto para las empresas como para los consumidores, que finalmente ante la crisis, la suba de precios y el temor al futuro económico, tomaron más recaudos y se volvieron más conservadores. Esto derivó rápidamente en una caída de la demanda interna que es lo que los empresarios divisan entre los primeros lugares de los obstáculos.
Pero ese avance de la inflación fue también carcomiendo lentamente el poder adquisitivo de los consumidores. Así, renacieron con fuerza los reclamos salariales tanto en la órbita pública como privada. Esto configura también una limitante para la actividad, según explicaron los empresarios en el estudio de la Unión Industrial. Los mayores costos laborales y las medidas de fuerza fueron trazando un panorama al interior de las empresas que se volvió importante en la segunda mitad del año.
Muchos sindicatos decidieron incluso volver a protestar luego de haber acordado recomposiciones en el primer o segundo trimestre del año. En el caso de los empleados de comercio, negocian un nuevo ajuste, igual que otros de la órbita pública, como estatales y docentes.
Por otra parte, un efecto más de la crisis fue la demora en la cadena de pagos. En algunos momentos incluso hubo roturas e interrupciones en el pago a proveedores, especialmente en empresas pequeñas o medianas, con menor “espalda financiera”. Esta fue la cuarta causa señalada por los industriales como limitante de la actividad.
Por último, otro dato destacado del informe de la central fabril es el referido a la cotización del dólar. La moneda estadounidense se corrió en estos momentos del centro de la escena. Hay escasa demanda en los mercados de cambio y su cotización tampoco es vista como determinante en la reactivación de los sectores productivos. Durante el año pasado ocupaba un lugar destacado y se reclamaba un precio por encima de los $4 para ganar competitividad en los mercados internacionales. Ahora, apenas el 23,9% de los 142 consultados lo consideró.
Según un estudio de la Unión Industrial de Córdoba, las presiones salariles son el segundo factor que dificultan el crecimiento del sector, detrás de las altas tasas de interés y junto a la caída de la demanda interna. En cuarto lugar, aparece el alargamiento de la cadena de pagos.
Salvo el primero, que es una constante entre los dueños y gerentes de empresas, los tres motivos destacados luego resurgieron con la crisis desatada durante el año pasado a nivel mundial, a lo que se sumó el conflicto interno con el campo. De todas maneras, los industriales advierten que también las tasas se encarecieron fuerte con la crisis financiera, aunque ya en el mercado local no eran demasiado tentadoras y la demanda era escasa de parte del sector productivo.
Lo cierto es que con el avance de las dificultades, la caída del mercado interno fue acentuándose lentamente. A su vez, en medio de este proceso, la inflación logró frenar su rápido crecimiento. Sin embargo, no logró detenerse. Los precios siguieron aumentando tanto para las empresas como para los consumidores, que finalmente ante la crisis, la suba de precios y el temor al futuro económico, tomaron más recaudos y se volvieron más conservadores. Esto derivó rápidamente en una caída de la demanda interna que es lo que los empresarios divisan entre los primeros lugares de los obstáculos.
Pero ese avance de la inflación fue también carcomiendo lentamente el poder adquisitivo de los consumidores. Así, renacieron con fuerza los reclamos salariales tanto en la órbita pública como privada. Esto configura también una limitante para la actividad, según explicaron los empresarios en el estudio de la Unión Industrial. Los mayores costos laborales y las medidas de fuerza fueron trazando un panorama al interior de las empresas que se volvió importante en la segunda mitad del año.
Muchos sindicatos decidieron incluso volver a protestar luego de haber acordado recomposiciones en el primer o segundo trimestre del año. En el caso de los empleados de comercio, negocian un nuevo ajuste, igual que otros de la órbita pública, como estatales y docentes.
Por otra parte, un efecto más de la crisis fue la demora en la cadena de pagos. En algunos momentos incluso hubo roturas e interrupciones en el pago a proveedores, especialmente en empresas pequeñas o medianas, con menor “espalda financiera”. Esta fue la cuarta causa señalada por los industriales como limitante de la actividad.
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